Valores Humanos y Santidad
Objetivo: Descubrir que somos humanos y estamos llamados a
asumir con alegría y decisión los valores de nuestra humanidad como sostén y
cimiento de una auténtica vida cristiana que manifiesta nuestro camino hacia la santidad.
Oración Inicial
PADRE SANTO: mira nuestra humanidad, que da los primeros pasos
en el camino del tercer milenio.
Su vida sigue marcada fuertemente todavía por el odio, la violencia,
la opresión, pero el hambre de justicia, de verdad y de gracia, encuentra espacio
en el corazón de tantos, que esperan la salvación, llevada a cabo por Ti, por
medio de tu Hijo Jesús.
Necesitamos mensajeros animosos del Evangelio, siervos generosos
de la humanidad sufriente.
Envía a tu Iglesia, te rogamos, presbíteros santos, que santifiquen a tu pueblo
con los instrumentos de tu gracia.
Envía numerosos consagrados que muestren tu santidad en medio
del mundo.
Envía a tu viña, santos operarios que trabajen con el ardor
de la caridad y, movidos por tu Espíritu Santo, lleven la salvación de Cristo
hasta los últimos confines de la tierra.
Amén. (Juan Pablo
II)
Leemos, Reflexionamos y Comentamos:
¿Qué es un valor humano? Los valores humanos son aquellos bienes
universales que pertenecen a nuestra naturaleza como personas y que, en cierto
sentido, nos «humanizan» porque mejoran nuestra condición de personas y perfeccionan
nuestra naturaleza humana.
La libertad nos capacita para ennoblecer nuestra existencia,
pero también nos pone en peligro de empobrecerla. Las demás criaturas no acceden
a este disyuntiva. Un gato callejero no podrá ser algo más que un gato común
y corriente; siempre se comportará de modo felino y no será culpado o alabado
por ello. Nosotros, en cambio, si prestamos oídos a nuestros instintos e inclinaciones
más bajas, podemos actuar como bestias. De este modo nos deshumanizamos.
Si no descubrimos lo que somos, tampoco descubriremos los valores
que nos convienen. Cuanto mejor percibamos nuestra naturaleza, tanto más fácilmente
percibiremos los valores que le pertenecen.
Hay una diferencia entre los valores humanos en general y nuestros
propios valores personales. El concepto de valores humanos abarca todas aquellas
cosas que son buenas para nosotros como seres humanos y que nos mejoran como
tales. Los valores personales son aquellos que hemos asimilado en nuestra vida
y que nos motivan en nuestras decisiones cotidianas.
Una Comparación...
Podríamos comparar la diferencia entre los valores humanos
en general y los valores personales con la diferencia que hay entre ciertas
comidas y su respectivo valor nutricional para el cuerpo humano. La nutrición
es para el cuerpo lo que los valores son para la persona humana.
El cuerpo humano tiene sus requerimientos: algunos alimentos
son muy nutritivos; otros complementan la alimentación; otros son al menos tolerables
en pequeñas cantidades. Todos necesitamos una alimentación balanceada en vitaminas,
fibra, minerales y proteínas para mantener una buena salud. Algo parecido sucede
con los valores humanos: nos nutren, nos benefician como seres humanos en diversa
medida. Así tenemos toda una gama de valores culturales, intelectuales y estéticos
que promueven nuestro desarrollo humano y enriquecen nuestra personalidad.
Cuando se habla de la nutrición corporal hay espacio para las
preferencias personales. Cada uno puede escoger a su gusto; el número de calorías
apenas varía. Nuestro organismo asimilará estos alimentos y se nutrirá más o
menos igual. Se insiste, más bien, en que la dieta sea balanceada.
En la esfera de los valores humanos se requiere también un
equilibrio y que cada uno de los valores, tomado individualmente, sea «saludable».
Así como ciertos alimentos son esenciales y otros sólo sirven para adornar algún
platillo, así también los valores tienen una jerarquía, según favorezcan más
o menos nuestro desarrollo humano; también pueden ordenarse y clasificarse de
acuerdo con los beneficios que nos proporcionan. Algunos son esenciales; otros
son más periféricos.
Una jerarquía de valores
Entre los valores objetivos existe una jerarquía, una escala.
No todos son iguales. Algunos son más importantes que otros porque son más trascendentes,
porque nos elevan más como personas y corresponden a nuestras facultades superiores.
Podemos clasificar los valores humanos en cuatro categorías: (1) valores religiosos,
(2) valores morales, (3), valores humanos inframorales, y (4) valores biológicos.
Niveles
de valores
Valores religiosos
Fe, esperanza, caridad, humildad, etc.
Valores morales
Sinceridad, justicia, fidelidad, bondad,
honradez, benevolencia, etc.
Valores humanos inframorales
Prosperidad, logros intelectuales, valores sociales, valores estéticos, éxito,
serenidad, etc.
Valores biológicos
Salud, belleza, placer, fuerza física, etc.
La línea más baja representa el nivel
biológico o sensitivo. Los valores de este nivel no son específicamente
humanos, pues los comparten con nosotros otros seres vivos. Dentro de esta categoría
quedan comprendidos la salud, el placer, la belleza física y las cualidades
atléticas.
Desafortunadamente, hay muchas personas
que ponen demasiado énfasis en este nivel. No es raro escuchar frases como ésta:
«Mientras tenga salud, todo lo demás no importa». Según esto, uno lo pasaría
mejor siendo un saludable jefe de la mafia que un enfermizo hombre de bien.
Ya lo decía Tomás de Kempis hace unos cinco siglos: «Muchos se preocupan por
vivir una vida larga, pero pocos por vivirla rectamente».
No eres más persona porque seas sano
o bien parecido. Eso no te dignifica ni aumenta tu valor. Recuerda que estamos
hablando del nivel más bajo, que compartimos con los animales.
Algunas personas invierten buena parte
de su tiempo en buscar comidas saludables, planear bien su dieta y practicar
ejercicio. Todo esto tiene su lugar en la vida, pero un lugar limitado; más
o menos como el saque inicial en un partido de fútbol. No tenemos por qué «vivir
para comer» sólo por el hecho de que tenemos que comer para vivir.
Los valores del segundo nivel, valores
humanos inframorales son específicamente humanos. Tienen que ver con el
desarrollo de nuestra naturaleza, de nuestros talentos y cualidades. Pero todavía
no son tan importantes como los valores morales. Entre los valores de este segundo
nivel están los intereses intelectuales, musicales, artísticos, sociales y estéticos.
Estos valores nos ennoblecen y desarrollan nuestro potencial humano.
El tercer nivel comprende valores
que son también exclusivos del ser humano. Se suelen llamar valores morales
o éticos. Este nivel es esencialmente superior a los ya mencionados. Esto se
debe al hecho de que los valores morales tienen que ver con el uso de nuestra
libertad, ese don inapreciable y sublime que nos hace semejantes a Dios y nos
permite ser los constructores de nuestro propio destino.
Estos son los valores humanos por excelencia, pues determinan nuestro valor
como personas. Los valores morales incluyen, entre otros, la honestidad, la
bondad, la justicia, la autenticidad, la solidaridad, la sinceridad y la misericordia.
Mientras que en los niveles inferiores
los valores a veces se excluyen mutuamente -no es fácil pintar con acuarelas
mientras se está tocando el piano-, los valores morales jamás entran en conflicto
entre sí. Forman un todo orgánico. Podemos, y debemos, ser sinceros, justos,
honestos y rectos al mismo tiempo. Cada valor apoya y sostiene los demás; juntos
forman esa sólida estructura que constituye la personalidad de un hombre maduro.
Los valores morales son incondicionales
y siempre prevalecen sobre los valores inferiores. No puedo sacrificar la justicia
para gozar de una mayor prosperidad o traicionar a un amigo por el qué dirán.
Esto no ocurre con los otros dos niveles inferiores. Aunque la música es un
valor superior a la comida, tendré que dejar de practicar el piano para ir a
comer alguna cosa.
Hay todavía un cuarto nivel de valores,
el más elevado, que corona y completa los valores del tercer nivel, y que
nos permite incluso ir más allá de nuestra naturaleza. Son los valores religiosos.
Éstos tienen que ver con nuestra relación personal con Dios.
El mundo de hoy con frecuencia pasa
por alto un hecho muy sencillo: la persona humana es religiosa. No ha habido
en la historia una sola sociedad que no haya sido religiosa. Buscamos instintivamente
a Dios porque fuimos hechos para Él. Necesitamos a Dios, aunque no siempre caigamos
en la cuenta de ello.
Buscamos de forma natural la trascendencia.
Fuimos creados para ir más allá de nosotros mismos, para tender hacia arriba,
hacia el Absoluto. San Agustín expresó esta verdad justo al inicio de sus Confesiones,
donde dice: «Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta
que descanse en ti». Nuestra trascendencia como seres humanos es lo que da sentido
y significado a nuestra vida sobre la tierra. Si el hombre cultiva los valores
religiosos con tanta tenacidad es porque ellos corresponden a la verdad más
profunda de su ser.
¿Qué relación tienen los valores
con el cristianismo? Si los valores humanos dependen de lo que es bueno
para nosotros como seres humanos, ¿en qué sentido difieren nuestros valores
como cristianos de los valores de un no-cristiano? Finalmente, ¿por qué nos
preocupamos de los valores humanos? ¿No bastan los valores religiosos?
Como cristianos, tenemos tres grandes
razones para estudiar los valores humanos y reflexionar sobre ellos. En primer
lugar, todo cristiano es una persona humana, un miembro de la familia humana.
Todo lo que es bueno para la humanidad es igualmente bueno para el cristiano.
El cristianismo nos eleva, pero no cambia nuestra naturaleza.
En segundo
lugar, Dios mismo se hizo uno de nosotros para revelarnos la verdad sobre la
existencia humana. Jesucristo
es Dios, pero es también un hombre. Si en Él conocemos a Dios,
también en Él conocemos al ser humano ideal, a la persona perfecta. Los cristianos
estamos profundamente interesados en la vida humana porque Dios mismo está profundamente
interesado en ella. Si queremos saber en qué consiste, de verdad, «ser hombre»
y qué cosas son en verdad importantes en la vida, podemos descubrirlo estudiando
la vida de Cristo.
Finalmente, incluso si creemos que lo único importante
como cristianos es llegar a la santidad, debemos reconocer que la santidad no
es algo abstracto y desconectado de la vida ordinaria. La trama de nuestra relación
con Dios está tejida con nuestras acciones más ordinarias y, por lo mismo, es
preciso que la santidad se apoye en una sólida escala de valores como infraestructura
esencial. Primero el hombre, después el santo. La gracia edifica sobre la naturaleza.
La santidad presupone una armonía interior, un carácter bien formado y una idea
clara de lo que es realmente importante en la vida.
Este énfasis sobre el relativo valor de los bienes temporales
en comparación con los eternos se repite una y otra vez en las parábolas de
Cristo. Anima a sus seguidores a tener la mirada fija en los cielos y a no empantanarse
en los bajos placeres y en las riquezas fugaces que este mundo ofrece.
Jesús también distingue el valor de nuestras acciones. Cuando
le preguntaron cuál de los mandamientos era el más importante, Cristo no dudó
en subrayar el amor a Dios y el amor al prójimo como la suma y la esencia de
toda la ley, mucho más que cualquier sacrificio.
El cristianismo ofrece una visión global de la existencia humana,
un modo de ver y de evaluar todas las actividades y acontecimientos de la vida
humana. Esta visión se basa en la verdad sobre el hombre, sobre su destino y
sobre sus relaciones con Dios y con el mundo. Los valores tratan de lo que es
bueno, y el camino más seguro para saber lo que es bueno para el hombre es conocer
quién es el hombre.
¿ He sido conciente de mis valores como persona?
¿No he descuidado alguno de los aspectos de mi persona
al no vivir los valores humanos?
¿Qué significa para mi que primero he de ser hombre
(humano) y luego santo? O más bien al mismo tiempo.
¿Cómo he jerarquizado mi escala de valores?
Compromiso:
¿Cuál será mi propósito para que en adelante ordene mi vida
rumbo a la santidad reconociendo que para ser santo estoy llamado a ser humano?
Oración Final:
Padre Nuestro y consagración a la Virgen
(Oh, Señora mía...)