LLAMADOS A SER SANTOS
VEAMOS NUESTRA VIDA
1. Para la gente, ¿quiénes son los santos?
2. ¡Qué piensa la gente sobre la vida y las
actitudes de los santos?
PENSEMOS: ILUMINEMOS NUESTRA
VIDA
Introducción
Santidad
no significa en el hebreo tanto pureza como cortado (apartado para). Apartado de lo
impuro y apartado para lo sagrado.
La
santidad de Dios no es sólo un atributo misterioso del ser de Dios, sino su perfección
moral. Cristo personifica la santidad. La santidad de todas las demás personas o cosas
derivan de El y dependen de su voluntad.
Ser
santo es participar de la santidad de Dios. Jesucristo es el Santo de los santos y el
Espíritu Santo es el Santificador. Todos fuimos creados por Dios para ser santos, en la
tierra y entonces plenamente en la eternidad en el cielo. Perdimos la vida de gracia por
el pecado, pero Jesucristo nos reconcilió con el Padre por medio de la Cruz. Por el
bautismo recibimos los méritos de Cristo y somos liberados del pecado e injertados en
Cristo para ser Hijos de Dios y participar de su santidad. San Pablo usa la palabra
«santos» para referirse a los fieles (2 Cor. 13,12; Ef. 1,1).
El
mundo de hoy parece resistirse a la santidad. La ciencia y tecnología lo han bombardeado:
Internet, telefonía celular, Tv.... Los
valores no le dice nada, el consumismo, el hedonismo y la cultura hecha moda lo han dejado
sin fuerza y en un agotamiento que tiene al fatalismo. Nadie le lleva a las fuentes ni le
da sabiduría.
Nuestro
mundo se nos presenta desilusionado, desorientado, globalizado. Vivimos en un mundo donde
solo se busca la producción sin tener en cuenta a la persona, en donde solo importa la
economía y no la ecología.
Se
ha perdido el ideal y el propósito de vivir cristianamente y el empeño de ser Santo ante
la mirad de Dios, cumpliendo su voluntad.
Algunos piensa que esa perfección de santidad
es un privilegio de muy pocos, que a la mayoría no se le concede, pero :
Dios desea un pueblo santo, apartado para El.
Que santifique a Dios en el culto, y el ejercicio práctico y continuo de la justicia y la
misericordia (1ª Pedro 2, 9).
Jesús en el Sermón de la Montaña nos señalo
que los caminos de santidad y dicha se abren para todos los que quieren seguirlo en las
diferentes situación de la vida: niños, jóvenes, solteros, casados, religiosos,
sacerdotes; obedeciendo los mandamientos de amor a Dios y al prójimo, motivo por la
enseñanza de Cristo acerca de la pobreza espiritual, la mansedumbre, la limpieza de
corazón, la paciencia y la misericordia, verdades virtudes cristianas.
Reflexión:
«La vocación a la santidad». ¡La santidad!
He aquí la gracia y la meta de todo creyente, conforme nos recuerda el Libro del
Levítico: «Ustedes serán santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo» (19,2).
En la Carta apostólica «Novo millennio
ineunte» nos invita a poner «la programación pastoral en el signo de la santidad»,
para «expresar la convicción de que si el Bautismo es una verdadera entrada en la
santidad de Dios por medio de la inserción en Cristo y la inhabitación de su Espíritu,
sería un contrasentido contentarse con una vida mediocre, vivida según una ética
minimalista y una religiosidad superficial
« (n° 31).
El Vaticano II, en la Constitución Dogmática
sobre la Iglesia, nos menciona: La Iglesia, creemos que es indefectiblemente santa,
ya que Cristo, el Hijo de Dios, a quien con el Padre y el Espíritu llamamos «el solo
Santo», amó a la Iglesia como a su esposa, entregándose a sí mismo por ella para
santificarla. (LG 39)
Por eso, todos en la
Iglesia, ya pertenezcan a la jerarquía, ya pertenezcan a la grey, son llamados a la
santidad, según aquello del Apóstol: «Porque ésta es la voluntad de Dios, vuestra
santificación» (1 Tes. 4,3; Ef. 1,4). (LG 39)
Nuestro
Señor Jesucristo predicó la santidad de vida, de la que El es Maestro y Modelo, a todos
y cada uno de sus discípulos, de cualquier condición que fuesen. «Sed, pues, vosotros
perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto» (Mt. 5, 48).
Fluye
de ahí la clara consecuencia que todos los fieles, de cualquier estado o condición, son
llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad, que es una
forma de santidad que promueve, aun en la sociedad terrena, un nivel de vida más humano.
(LG 40)
«Rueguen
al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha» (Mt 9,38; Lc 10, 2)
En obediencia al mandato de Cristo, nos debe caracterizar los momento de oración intensa,
que compromete a la comunidad cristiana entera en una incesante y fervorosa invocación a
Dios por las vocaciones. ¡Qué importante es que las comunidades cristianas lleguen a ser
verdaderas escuelas de oración (Cfr. N M I, 33), capaces de educar en el diálogo con
Dios y formar a los fieles a abrirse siempre más al amor con que el Padre «amó tanto al
mundo, que entregó a su Hijo único» (Jn 3, 16)!.
?Conclusiones
Sin
duda, somos llamados a navegar hacia la santidad a lo largo de toda nuestra vida. Y surcar el mar que nos rodea, en todo momento, ocasión y
circunstancia, dirigiendo el timón de nuestra vida y dejándonos a la vez conducir por
Aquél que sabemos que nos ama y que nos llevará, finalmente, al puerto feliz de la Vida
y de la Santidad.
Y
en este constante navegar hacia ese puerto, todos estamos llamados a dar testimonio de
Jesucristo, con el mismo espíritu que lo hace la Iglesia. Un testimonio que puede llegar hasta la persecución y el
martirio. Testimonio que debe ofrecer el fiel en su vida diaria y en su servicio a los
hombres.
Nuestra
Parroquia, impulsada por luz del Espíritu Santo, debe seguir navegando y ponerse en pie
con una actitud decididamente a santificarse. El
espíritu de Dios debe despertar en nuestra Parroquia vocaciones para la evangelización:
hombres y mujeres que se incorporen a la misión y anuncien sin reservas el Evangelio.
La
universalidad de la Iglesia nos empuja también a trabajar por las grandes causas de la
humanidad: la paz, la justicia, la lucha contra
el hambre, la enfermedad, la defensa de los derechos humanos, los mil rostros de la
opresión, las desigualdades económicas, etc.
Somos
llamados a ser santos. A vivir en santidad. A
mantener la santidad que Cristo nos otorga por gracia. Porque eso nos ayuda a andar
confiados en Dios.
Pero
no debemos tomar a la ligera las cosas sagradas, pues, de lo contrario seremos
quebrantados.
El
que camina sinceramente anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado.
(Prov 10, 9).
NUESTRO COMPROMISO
¿Qué debemos hacer para responder al
llamado que Dios nos hace para que seamos santos?
EVANGELIZACION, FUNDAMENTO DE LA SANTIDAD
VEAMOS NUESTRA VIDA
¿Sin evangelización se entendería la
santidad?
¿Quienes tienen que realizar la tarea de
anunciar el Evangelio?
PENSEMOS: ILUMINEMOS NUESTRA
VIDA
La
evangelización es la tarea fundamental de la Iglesia: «Nosotros queremos afirmar una vez
más dice Paulo VI- que la tarea de la evangelización de todos los hombres
constituye la misión esencial de la
Iglesia.... Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia,
su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar». (E.N. 13)
Evangelizar
significa llevar a cabo el mandato de Jesús: «Por eso vayan y hagan que todos los
pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo.» (Mat. 28,19).
Por
lo tanto, toda evangelización parte del mandato de Cristo a sus apóstoles y sucesores,
se desarrolla en la comunidad de los bautizados, en el seno de las comunidades vivas que
comparten su fe y se orienta a fortalecer la vida de adopción filial en Cristo, que se
expresa principalmente en el amor fraterno.... Sólo una Iglesia evangelizada es capaz de
evangelizar (SD 23).
1.- LA EVANGELIZACION LLEVA A LA CONVERSIÓN.
Jesús
empieza su ministerio llamando a la conversión: «El plazo está vencido y el reino de
Dios se ha acercado. Tomen otro camino y crean en la Buena Nueva» ( Mc. 1,15).
Los
apóstoles anuncian a Jesús resucitado y también invitan a la conversión: Sepa
entonces con toda seguridad toda la gente de Israel, que Dios ha hecho Señor y Cristo a
este Jesús a quien ustedes crucificaron.
Al
oír esto, se afligieron profundamente, Dijeron, pues, a Pedro y a los demás apóstoles:
Hermanos, ¿qué debemos hacer?. Pedro les
contestó: conviértanse y háganse bautizar cada uno de ustedes en el Nombre de
Jesucristo, para que sus pecados sean perdonados. Y Dios les dará el Espíritu Santo.
( Hech. 2, 36-38)
El
Papa Juan Pablo II comenta en la Exhortación Apostólica Iglesia en América: Para
hablar de conversión, el Nuevo testamento utiliza la palabra metanoia, que quiere decir
cambio de mentalidad. No se trata sólo de un modo de pensar distinto a nivel intelectual,
sino de la revisión del propio modo de actuar a la luz de los criterios evangélicos (NO. 26)
2.- LA CONVERSIÓN ES EL CAMINO QUE LLEVA A LA SANTIDAD.
Escuchemos
al Papa: La santidad es la meta del camino de la conversión, pues esta no es un fin en sí misma, sino un proceso hacia Dios
que es santo. Ser santos es imitar a Dios y glorificar su nombre en las obras que
realizamos en nuestra vida. En el camino de la santidad Jesucristo es el punto de
referencia y el modelo a imitar. El es el santo de Dios y fue reconocido como tal. El
mismo nos enseña que el corazón de la santidad es el amor, que conduce incluso a dar la
vida por los otros Iglesia en América 30)
Juan
Pablo II nos advierte: «La conversión favorece, por tanto, una vida nueva, en la que ya
no haya separación entre la fe y las obras en la respuesta cotidiana a la universal
llamada a la santidad» (Iglesia en América 26)
Es
el mismo Juan Pablo II el que nos dice estas palabras luminosas: «No cabe duda que esta
primacía de la santidad y de la oración sólo se puede concebir a partir de una renovada
escucha de la Palabra de Dios....... Es necesario, en particular, que la escucha de la
Palabra se convierta en un encuentro vital, en la antigua y siempre válida tradición de
la lectio divina, que permite encontrar en el texto bíblico la palabra viva que
interpela, orienta y modela la existencia.» ( NMI 39)
Esto
ya lo habían vivido los cristianos de la Iglesia primitiva quienes escucharon la palabra
de Jesús, se convirtieron y vivían una vida de santidad (Hech. 5, 32-35)
3.-LA
EVANGELIZACION NOS HACE VIVIR LA SALVACIÓN EN LA IGLESIA.
Veamos
dos citas del Vaticano II: «Es tan grande el poder y la fuerza de la Palabra de Dios que
constituye firmeza en la fe para sus hijos, alimento del alma, fuente límpida y perenne
de la vida espiritual». (D. V. 21)
«Entre
todas las ayudas espirituales descuellan aquellos actos por los que se nutren los fieles
de Cristo en la Palabra de Dios y de la doble mesa de la Sagrada Escritura y de la
Eucaristía.» ( P. O. 18)
En
el libro de los Hechos de los Apóstoles el Evangelio como Palabra de salvación es
dirigido primero a los judíos, y luego a las otras naciones. Pero se invita a todos los
hombres a librarse de la generación extraviada ( 2, 40). La condición de la salvación
es la fe en el Señor Jesús ( 16, 30; Mc. 16, 16). Pero nadie se salva a sí mismo. Es la
gracia de Dios la que salva ( 15, 11).
También
para san Pablo la fe es necesaria para la salvación, pero esa fe es alimentada por la
Palabra de Dios: Porque si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu
corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo.... La fe nace de la
predicación, y la predicación se arraiga en la palabra de Cristo (Rom. 10, 9.17)
4.-
UNA EVANGELIZACION QUE PRODUZCA FRUTOS DE SANTIDAD.
De
nuevo escuchamos la voz de Juan Pablo II: Alimentarnos de la Palabra para ser «servidores
de la Palabra» en el compromiso de la evangelización es indudablemente una prioridad
para la Iglesia del comienzo del nuevo milenio. Ha pasado ya , incluso en los Países de
antigua evangelización la situación de una «sociedad cristiana», la cual, aún con las
múltiples debilidades humanas, se basaba explícitamente en los valores evangélicos. Hoy
se ha de ha de afrontar con valentía una situación que cada vez es más variada y
comprometida, en el contexto de la globalización y de la nueva y cambiante situación de
pueblos y culturas que la caracteriza. He repetido muchas veces en estos años la
«llamada» a la nueva evangelización. La reitero ahora, sobre todo para indicar que hace
falta reavivar en nosotros el impulso de los orígenes, dejándonos impregnar por el
arador de la predicación apostólica después de Pentecostés. Hemos de revivir el
sentimiento apremiante de Pablo, que exclamaba: «¡ay de mí si no predicara el
Evangelio!» (1 Cor. 9, 16).
Esta
pasión suscitará en la Iglesia una nueva acción misionera, que no podrá ser delegada a
unos pocos «especialistas», sino que acabará por implicar la responsabilidad de todos
los miembros del pueblo de Dios.
Quien
ha encontrado verdaderamente a Cristo no puede tenerlo sólo para sí, debe anunciarlo. Es
necesario un nuevo impulso apostólico que sea vivido, como compromiso cotidiano de las
comunidades y de los grupos cristianos. Sin embargo, esto debe hacerse respetando
debidamente el camino siempre distinto de cada persona y atendiendo a las diversas
culturas en las que ha de llevar el mensaje cristiano, de tal manera que no se nieguen los
valores peculiares de cada pueblo, sino que sean purificados y llevados a su plenitud (NMI
40)
Que
nos ayude y oriente, en esta acción misionera confiada, emprendedora y creativa, el
ejemplo esplendoroso de tantos testigos de la fe que el Jubileo nos ha hecho recordar .
NUESTRO COMPROMISO
=¿Por qué no puede haber santidad sin
Evangelio?
=¿Qué pasos habría que dar en la
evangelización para llegar a la santidad?
=¿Habrá razón para realizar la
evangelización con pesimismo?
CELEBRACION DE LA FE, ALIMENTO DE LA SANTIDAD
VEAMOS NUESTRA VIDA
¿Que importancia tienen las celebraciones
para el crecimiento de la vida cristiana?
¿Opinen sobre la participación de la
comunidad en la Misa Dominical y en la recepación de los Sacramentos?
PENSEMOS: ILUMINEMOS NUESTRA
VIDA
La
Salvación es una oferta del Padre: Dios,
«quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad»
(1 Tim., 2,4).
Una
opción que se presenta y realiza en Jesucristo, por la acción del Espíritu Santo:
«habiendo hablado antiguamente en muchas ocasiones de diferentes maneras a nuestros
padres por medio de los profetas» (Hebr., 1,1), cuando llegó la plenitud de los tiempos
envió a su Hijo, el Verbo hecho carne, ungido por el Espíritu Santo, para
evangelizar a los pobres y curar a los contritos de corazón, como «médico corporal y
espiritual», mediador entre Dios y los hombres. En efecto, su humanidad,
unida a la persona del Verbo, fue instrumento de nuestra salvación... , Cristo la
realizó principalmente por el misterio pascual de su bienaventurada pasión,
Resurrección de entre los muertos y gloriosa Ascensión... Por este misterio, «con su
Muerte destruyó nuestra muerte y con su Resurrección restauró nuestra vida. (SC
5)
El
hombre que se hace receptor de su acción salvadora, que escucha su oferta, responde
libremente con la Fe (Don de Dios y Respuesta libre del hombre).
Esta Fe es:
+Creída (lex credendi), artículos de fe asumidos y profesados.
+Vivida (lex vivendi), experiencia espiritual que transforma a la
persona.
+Celebrada (lex orandi), acción ritual para dar gloria a
Dios y recibir su santificación.
En la Iglesia la Salvación se realiza por la
Liturgia
La
Iglesia como Cuerpo místico de Cristo, es depositaria de esta salvación y
tiene como misión llevarla a todo hombre: Por
esta razón, así como Cristo fue enviado por el Padre, Él, a su vez, envió a los
Apóstoles llenos del Espíritu Santo. No sólo los envió a predicar el
Evangelio a toda criatura y a anunciar que el Hijo de Dios, con su Muerte y Resurrección,
nos libró del poder de Satanás y de la muerte, y nos condujo al reino del Padre, sino
también a realizar la obra de salvación que proclamaban, mediante el sacrificio y los
sacramentos, en torno a los cuales gira toda la vida litúrgica.
Y así, por el bautismo, los hombres son injertados en el
misterio pascual de Jesucristo: mueren con El, son sepultados con El y resucitan con El;
reciben el espíritu de adopción de hijos «por el que clamamos: Abba, Padre» (Rom.,
8,15) y se convierten así en los verdaderos adoradores que busca el Padre. Asimismo,
cuantas veces comen la cena del Señor, proclaman su Muerte hasta que vuelva. (SC 6)
Presencia de Cristo en la Liturgia
Para realizar
una obra tan grande, Cristo está siempre presente en su Iglesia, sobre todo en la acción
litúrgica. Está presente en el sacrificio de la Misa, sea en la persona del ministro,
«ofreciéndose ahora por ministerio de los sacerdotes el mismo que entonces se ofreció
en la cruz», sea sobre todo bajo las especies eucarísticas. Está presente con su
fuerza en los Sacramentos, de modo que, cuando alguien bautiza, es Cristo quien
bautiza. Está presente en su palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada
Escritura, es El quien habla. Está presente, por último, cuando la Iglesia
suplica y canta salmos, el mismo que prometió: «Donde están dos o tres congregados en
mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos» (Mt., 18,20). Realmente, en esta obra tan
grande por la que Dios es perfectamente glorificado y los hombres santificados,
Cristo asocia siempre consigo a su amadísima Esposa la Iglesia, que
invoca
a su Señor y por El tributa culto al Padre Eterno.
Con
razón, pues, se considera la Liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo.
En ella los signos sensibles significan y, cada uno a su manera, realizan la
santificación del hombre, y así el Cuerpo Místico de Jesucristo, es decir, la
Cabeza y sus miembros, ejerce el culto público íntegro. En consecuencia, toda
celebración litúrgica, por ser obra de Cristo sacerdotes y de su Cuerpo, que es la
Iglesia, es acción sagrada por excelencia, cuya eficacia, con el mismo título y
en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acción de la Iglesia. (SC 7)
La Liturgia no es la única actividad de la
Iglesia
La sagrada Liturgia no agota toda la actividad de la Iglesia, pues para que los
hombres puedan llegar a la Liturgia es necesario que antes sean llamados a la fe y a la
conversión: «¿Cómo invocarán a Aquel en quien no han creído? ¿O cómo creerán en
El sin haber oído de El? ¿Y como oirán si nadie les predica? ¿Y cómo predicarán si
no son enviados?» (Rom., 10,14-15). Por eso, a los no creyentes la Iglesia proclama el
mensaje de salvación para que todos los hombres conozcan al único Dios verdadero y a su
enviado Jesucristo, y se conviertan... (SC 9)
Liturgia, cumbre y fuente de la vida eclesial
No obstante, la Liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al
mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza. Pues los trabajos apostólicos se
ordenan a que, una vez hechos hijos de Dios por la fe y el bautismo, todos se reúnan para
alabar a Dios en medio de la Iglesia, participen en el sacrificio y coman la cena del
Señor. Por su parte, la Liturgia misma impulsa a los fieles a que, saciados «con los
sacramentos pascuales», sean «concordes en la piedad»; ruega a Dios que «conserven en
su vida lo que recibieron en la fe», y la renovación de la Alianza del Señor con los
hombres en la Eucaristía enciende y arrastra a los fieles a la apremiante caridad de
Cristo. Por tanto, de la Liturgia, sobre todo de la Eucaristía, mana hacia nosotros la
gracia como de su fuente y se obtiene con la máxima eficacia aquella santificación de
los hombres en Cristo y aquella glorificación de Dios, a la cual las demás obras de
la Iglesia tienden como a su fin. (SC 10)
Liturgia terrena y Liturgia celeste
En
la Liturgia terrena preguntamos y tomamos parte en aquella Liturgia celestial, que
se celebra en la santa ciudad de Jerusalén, hacia la cual nos dirigimos como peregrinos,
y donde Cristo está sentado a la diestra de Dios como ministro del santuario y del
tabernáculo verdadero, cantamos al Señor el himno de gloria con todo el ejército
celestial; venerando la memoria de los santos esperamos tener parte con ellos y gozar de
su compañía; aguardamos al Salvador, Nuestro Señor Jesucristo, hasta que se manifieste
El, nuestra vida, y nosotros nos manifestamos también gloriosos con El. (SC 8)
Necesidad de las disposiciones personales
Mas,
para asegurar esta plena eficacia es necesario que los fieles se acerquen a la sagrada
Liturgia con recta disposición de ánimo, pongan su alma en consonancia con su voz y
colaboren con la gracia divina, para no recibirla en vano.
Por
esta razón, los pastores de almas deben vigilar para que en la acción litúrgica no
sólo se observen las leyes relativas a la celebración válida y lícita, sino también
para que los fieles participen en ella consciente, activa y fructuosamente. (SC 11)
NUESTRO COMPROMISO
Podemos hacernos unas preguntas:
¿Cómo creemos nuestra Fe?
¿Cómo la Vivimos?
¿Cómo la Celebramos?
¿Cuáles son nuestras actitudes al Celebrar
nuestra Fe? ¿Reconocemos en ello el alimento que nos conduce a la Santidad, a la
Salvación realizada y ofrecida en Cristo dentro de la Asamblea en la que Celebro?
¿Cómo anda nuestra nutrición de
Fe?
SANTIDAD: VIVIR LAS BIENAVENTURANZAS
VEAMOS NUESTRA VIDA
¿Conocen gentes felices en la comunidad, en
el barrio, entre tus amigos y compañeros?
¿Cómo llegar a ser realmente felices?
¿En qué consiste la verdadera felicidad?
PENSEMOS: ILUMINEMOS NUESTRA
VIDA
Introducción
* Todos hemos sido llamados a la santidad, tenemos el compromiso
de ser santos.
* La Evangelización es el fundamento, el cimiento firme y
sólido de la santidad.
* La celebración de la fe (Liturgia: sacramentos, oración,
religiosidad popular), alimenta y fortalece la santidad.
* Pero la santidad tiene que proyectarse en la vida, tiene que
manifestarse y ser testimonio claro de nuestra fe en Jesucristo. Si el anuncio de la fe
nos invita a ser santos y la liturgia nos motiva y sostiene en ese camino, el testimonio y
la vida de santidad se convierten en luz que
anima. La fe ha de proyectar se a la vida en hechos de santidad.
Ser santo es vivir de acuerdo al plan de Dios y, por ello, es
vivir ya desde ahora la salvación. No hay standards humanos para calificar la santidad de
alguien. Pero hemos recibido guías para la santidad de parte de Nuestro Señor: Las
Bienaventuranzas. Mateo 5:1-12
Las bienaventuranzas, camino de santidad y
de felicidad.
Jesucristo Señor Nuestro predicó la buena nueva para todos, sin
distinción alguna: mi comida
es hacer la voluntad del que me ha enviado, y dar cumplimiento a su obra. (Jn 4, 34).
A cada uno nos llama a la santidad, de cada uno pide amor:
jóvenes y ancianos, solteros y casados, sanos y enfermos, cultos e ignorantes, trabajen
donde trabajen, estén donde estén». Cualesquiera que sean las circunstancias que
atraviese nuestra vida, hemos de sabernos invitados a vivir la plenitud de la vida
cristiana.
1) «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de
ellos es el Reino de los Cielos...»
Más que la condición social de pobre, expresa la actitud
religiosa de humildad ante Dios: es pobre el que acude a Dios sin considerar méritos
propios y confía sólo en la Misericordia Divina para ser salvado (infancia espiritual).
El cristiano se considera ante Dios como un niño pequeño que no tiene nada en propiedad;
todo es de Dios su Padre y a El se lo debe.
La pobreza cristiana exige el desprendimiento de los bienes
materiales y una austeridad en el uso de ellos. La pobreza que Jesús declaró
Bienaventurada es aquella hecha a base de desprendimiento, de confianza en Dios, de
sobriedad y disposición a compartir con otros. Nos enseñan que la verdadera dicha no
reside ni en la riqueza o el bienestar, ni en la gloria humana o en el poder, ni en
ninguna obra humana, por útil que sea; como las ciencias, la técnica, y las artes, ni en
ninguna criatura. Sólo Dios es la fuente de todo bien y de todo amor.
2 ) «... Bienaventurados los que lloran, porque ellos
serán consolados ...»
Nuestro Señor llama aquí Bienaventurados a todos los que están
afligidos por alguna causa y, de modo particular, a quienes están verdaderamente
arrepentidos de sus pecados, o apenados por las ofensas que otros hacen a Dios, y que
llevan su sufrimiento con amor y deseos de reparación.
3) «...Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán
la tierra...»
Es decir, los que sufren con paciencia las persecuciones
injustas; los que en las adversidades mantienen el ánimo sereno, humilde y firme, y no se
dejan llevar de la ira o del abatimiento. Es la virtud de la Mansedumbre muy necesaria
para la vida cristiana. Normalmente las frecuentes manifestaciones internas de
irritabilidad proceden de la falta de humildad y de paz interior.
«La tierra»: se
entiende en sentido Trascendente, es decir, la Patria Celestial.
4) «... Bienaventurados los que tienen hambre y sed de
Justicia, porque ellos serán saciados ...»
Se llama justo a quien se esfuerza sinceramente en cumplir la
Voluntad de Dios, que se manifiesta en los Mandamientos, en los deberes de estado y en la
unión del alma con Dios.
Comenta San Jerónimo: esta cuarta Bienaventuranza de Nuestro
Señor exige no un simple deseo vago de Justicia, sino tener hambre y sed de ella, esto
es, amar y buscar con todas las fuerzas aquello que hace justo al hombre delante de Dios.
El que de verdad quiere la Santidad tiene que
querer los medios que la Iglesia, ofrece y enseña a vivir a todos: frecuencia de los
Sacramentos, trato íntimo con Dios en la oración, fortaleza en cumplir con los deberes
familiares, profesionales y sociales.
5) «... Bienaventurados los
Misericordiosos porque ellos alcanzarán Misericordia ...»
La misericordia no consiste sólo en dar
limosna a los pobres, sino también comprender los defectos que pueden tener los demás,
disculparlos, ayudar a superarlos y querer a los otros aún con sus defectos. También forma parte de la misericordia
alegrarse y sufrir con las alegrías y dolores ajenos.
6) «... Bienaventurados los limpios de
corazón, porque ellos verán a Dios ...»
La Doctrina de Cristo enseña que la raíz de
la calidad de los actos humanos está en el corazón, es decir, en el interior del hombre,
en el fondo de su espíritu.
El corazón es considerado como el resumen y
la fuente, la expresión y el fondo último de los pensamientos, de las palabras, de las
acciones. La limpieza de corazón es un don de Dios que se manifiesta en la capacidad de
amar, en la mirada recta y limpia para todo lo noble. El cristiano ayudado con la Gracia
de Dios, debe luchar para purificar su corazón y adquirir esa limpieza, por la que se
promete la Visión de Dios.
7 ) «... Bienaventurados los pacíficos,
porque ellos serán llamados hijos de Dios ...»
Son los que promueven la paz en si mismos, en
los demás y, sobre todo procuran reconciliarse y reconciliar a los demás con Dios. La paz con Dios es la causa y la cima de toda
paz. Será vana y falaz toda paz en el mundo que no se base en esa Paz Divina.
8) «...Bienaventurados los que padecen
persecución por la Justicia, porque de, ellos es el Reino dé los cielos...»
Bienaventurados serán cuando los injurien,
los persigan y los calumnien de cualquier modo por mi causa. Alégrense y regocígense,
porque su recompensa será grande en el Cielo. Asi persiguieron a los profetas.
Es Bienaventurado el que padece persecución
por ser santo o por su empeño en ser santo. Es Bienaventurado el que padece persecución
por ser fiel a Cristo, y lo lleva no sólo con paciencia sino con alegría.
San Bernardo dice que esta octava
Bienaventuranza era como la prerrogativa de los Santos mártires. El cristiano que es
fiel a la Doctrina de Jesucristo es de hecho también un mártir (testigo) que refleja o
cumple esta Bienaventuranza, aún sin llegar a la muerte temporal.
Vivir
las Bienaventuranzas es descubrir que la felicidad viene de Dios. No perderemos la alegría si buscamos en todo al Señor.
Recordemos
lo que alguien ha dicho: Un santo triste es un triste santo
NUESTRO COMPROMISO
=De ordinario, ¿Dónde buscamos la
felicidad?
=¿Qué es lo que más nos entristece?
=De acuerdo a lo que reflexionamos, señalen
tres cosas que los hacen realmente felices
=¿Es posible vivir la santidad en el mundo y
en la cultura actual?
La santidad, el negocio más importante
VEAMOS NUESTRA VIDA
1. ¿A qué cosas solemos darle más
importancia en nuestro ajetreo de cada día?
2. ¿Qué asuntos son los que más le
preocupan a la gente?
3. En la práctica, para nosotros ¿Cuáles
son realmente los negocios más importantes?
PENSEMOS: ILUMINEMOS NUESTRA VIDA
?El único negocio
importante: la santidad
La santidad es un negocio para la
eternidad, y podemos vencer los obstáculos para llegar a ella mediante la oración, la
lucha continua y los sacramentos.
?Te conviene ser
santo
Sin duda, la santidad es el mejor negocio
en el que puedes invertir, pues te asegura la felicidad no sólo para unos cuantos años,
no sólo para toda tu vida, sino para toda la eternidad.
Jesús lo dijo a los apóstoles en cierta
ocasión:
»No atesoréis bienes en la tierra, donde el orín y la polilla los corroen y los
ladrones los roban. Atesorad más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni orín,
ni ladrones. Pues donde está tu tesoro, ahí estará tu corazón.» (Mt. 6, 19-21)
Formar un tesoro en la tierra es muy
complicado: requiere de
tiempo, de grandes cálculos en las inversiones, de muchas angustias e inseguridades: que
si las tasas de interés bajan; que si la moneda se devalúa; que si hubo un fraude en la
empresa. Para colmo, cuando por fin consigues tener los bienes materiales que tanto
añorabas, descubres que éstos se descomponen, se rompen, se pierden, se echan a perder o
se vuelven obsoletos.
En cambio, formar un tesoro en el
cielo es muy sencillo, pues no hay agentes externos que puedan influir en él: tú
eres el único que puede aumentarlo o disminuirlo. Hacer un tesoro en el cielo es trabajar
por ser santo y esto se consigue con buenos pensamientos y buenas acciones. Todo lo que
ganes con ellos durará para siempre y nada ni nadie te lo podrá quitar, romper, perder o
estropear.
Ser santo es aumentar todos los días y a
cada instante ese tesoro que tienes en el cielo. Ser santo es tan sencillo como
cumplir a la perfección con tus deberes ordinarios, en el momento y en el lugar en que
debes cumplirlos.
?Algunos obstáculos
para ser santo
Ser santo es sencillo, pero requiere de
mucha valentía, coraje y fortaleza, porque no es algo que «esté de moda» y que el
ambiente te ayude a conseguir. Por el contrario, si quieres de verdad llegar a ser
santo, encontrarás miles de obstáculos en el camino, empezando por ti mismo:
Tu pasión dominante o «talón de
Aquiles». Si observas un poco tu vida, encontrarás que miles de veces no has
respondido como Dios lo esperaba de ti. Frente al llamado que te hace Dios a la
perfección, encontrarás en tu vida presunciones, desesperaciones, perezas, enojos,
riñas, odios, gula, impurezas, supersticiones, mentiras, venganzas y omisiones.
Luchar contra todo esto a la vez puede
resultar imposible, como si trataras de matar a miles de mosquitos dando golpes con una
espada en el aire. Lo que tienes que encontrar es la raíz de estas caídas, tu talón de
Aquiles, el nido de donde provienen los mosquitos, y arremeter contra él con todas tus
fuerzas. Algunos tienen este defecto dominante en los ojos, otros en la lengua, otros en
la imaginación. Si de verdad quieres ser santo, deberás descubrir cuál es el origen de
tus defectos.
* El desánimo.
Tal vez empieces a recorrer el camino hacia la santidad con grandes ilusiones, pero debes
estar consciente de que vas a caer mil veces y vas a tener que levantarte otras tantas. El
desánimo es guillotina de santos; no permitas que se apodere de tu vida y te
haga decir o pensar que no sirves para eso, que tienes demasiados defectos, que no eres
capaz. Todos los santos
han tenido defectos y fallos, pero su santidad
ha consistido en saber levantarse a tiempo y seguir adelante.
* El agobio del trabajo. Puede ser
también que al darte cuenta de las necesidades que tiene la Iglesia, de los problemas que
existen en el mundo, te sientas agobiado, como si te encontraras solo con una pala ante la
misión de trasladar una montaña a otro lugar. El agobio te vuelve ineficaz y eso no lo
quiere Dios. Hay mucho trabajo que hacer, pero debes empezar por lo que a ti te
corresponde, en el estado y condición de vida en donde Dios te ha puesto. Si trabajas
en lo que debes, Dios se encargará de lo demás. El agobio es el mismo que sintieron los
apóstoles cuando Cristo les dijo que sentaran a las cinco mil personas y les dieran de
comer. Los apóstoles pudieron conseguir solamente cinco panes y dos peces y Jesús hizo
lo demás y todos quedaron saciados.
* El pesimismo. Los pesimistas no pueden
ser apóstoles y mucho menos santos. Los pesimistas se quejan de su trabajo, de los pocos
frutos que obtienen, de sus achaques, de sus problemas, del calor y del frío
El
pesimista hace insoportable la vida a los demás, pues su tristeza se contagia. Los santos
son alegres y optimistas, nada puede nublar su cara, pues saben que están en las manos de
Dios, que es todopoderoso y que los ama.
* La rutina. Tal vez tu vida te parezca
aburrida por ser igual a la del resto de los jóvenes que pueblan el mundo: la escuela, el
trabajo, los amigos, las fiestas, la familia
¡Bah! ¿En qué se diferencia tu vida
de la del resto del mundo? ¿En qué te distingues tú, que quieres ser santo? Hay una
frase que dice: Con las mismas piedras se puede adoquinar una calle o construir una
catedral. Así es tu vida, tienes las mismas herramientas que cualquier otro joven
de tu edad, pero si vives con rutina solamente verás piedras en las piedras. En cambio,
si desechas la rutina, podrás ver en cada piedra la posibilidad de construir una
catedral; empezarás a descubrir los milagros que Dios realiza frente a ti a cada momento.
El secreto está en mantenerte en contacto con Dios para ver todo con ojos de Dios.
* El aborregamiento. Si
observas a los borregos, verás que caminan en el anonimato: con las orejas caídas sin
mirar al cielo; viendo mecánicamente al que va delante de ellos. Un santo nunca puede
caminar como borrego, en medio de la multitud haciendo lo que los otros hacen. Tú eres
diferente de los demás y no debes tener miedo de comportarte de manera diferente a los
otros, que sólo reaccionan ante el aullido del coyote o el silbido del pastor. Para ser
santo debes dejar de ser borrego; atreverte a caminar contra corriente en tu estilo de
vestir, de divertirte, de hablar y de pensar, comportándote como lo que eres: un hijo de
Dios.
* Las omisiones. Los santos no saben
cruzar los brazos con una sonrisa y encogerse de hombros para contemplar cómo los demás
caminan por senderos erróneos. Los santos están alerta para corregir, defender, enmendar
los daños que otros puedan provocar; los santos buscan la ocasión de ayudar, no esperan
que ésta les caiga encima, no se quejan de la situación del mundo: sino que luchan por
hacerla mejor.
?Medios para llegar a
ser santo
* La oración humilde
A estas alturas ya sabes cuán importante
es la oración en la vida de un cristiano, pero justamente porque ya lo sabes y estás
trabajando por ser mejor cada día, puede ser que caigas en la oración del fariseo, que
daba gracias a Dios por no ser tan malo como los otros. No hacía mas que jactarse de sus
avances ante Dios. Este tipo de oración no sirve para alcanzar la santidad.
La oración útil es aquella en la que
reconoces que sin Dios no puedes hacer nada y pones toda tu confianza en Él.
* El plan de vida
Consiste en trazar un plan concreto de
acción para vencer tu defecto dominante. En él tendrás que incluir metas a corto y
largo plazos, así como los medios que utilizarás para alcanzarlas.
La frecuencia en los sacramentos Como seguirás teniendo caídas, debes estar
siempre cerca del sacramento de la confesión para levantarte inmediatamente.
De la misma
manera, necesitarás fuerzas sobrenaturales para vencer todos los obstáculos que se
te presenten y sólo las encontrarás en la
Eucaristía. Recuerda que la fuerza está en Dios, que tú puedes conseguir cinco panes,
pero Dios, con ellos, puede alimentar a 5,000 hombres.
?Reflexiones y medios
para ser santo
* Para meditar personalmente
Imagina que escribieras una
autobiografía que se titulara La vida de san X, que incluyera tus datos de
nacimiento, familia y cómo ha sido tu vida hasta el día de hoy. Imagina qué escribieras
en ella cómo sería tu vida de aquí en adelante, el momento en que empezaste a trabajar
por ser santo, poniendo todo lo que te gustaría hacer por el mundo y por las almas. ¿Te
das cuenta de lo maravilloso que sería hacer realidad esa biografía y de que algo dentro
de ti te dice que puede ser posible?
¿Cómo elaborarías un plan de vida
para combatir tu defecto dominante? Podrías escribir en él el nombre de tu defecto, sus
principales manifestaciones, las metas que quieres conseguir a corto plazo y unos cuantos
medios concretos para conseguirlas.
¿Qué impresión tiene la gente acerca
de los santos cuando ve las estatuas en las iglesias o cuando lee sus biografías?
Después de leer este artículo, ¿tú que opinas de los santos?
?Ideas para Recordar
Los santos han sido hombres y mujeres
con las mismas debilidades que cualquiera de nosotros. La única diferencia es que ellos
han puesto esas debilidades en las manos de Dios.
Por muy extraño que parezca, cada uno
de nosotros está llamado a ser santo ahí donde Dios lo ha puesto.
La santidad es el mejor negocio en el
que podemos invertir, pues nos garantiza la felicidad, no para un día ni un año, sino
para toda la eternidad.
Para ser santos encontraremos muchos
obstáculos que debemos vencer: nuestra pasión dominante, el desánimo, el agobio, el
pesimismo, la rutina, el aborregamiento y las omisiones.
Los mejores medios para alcanzar la
santidad son la lucha continua, la oración y los sacramentos.
NUESTRO COMPROMISO
¿Qué debemos hacer?. Den sugerencias
?Posibles Decisiones
En ti está la decisión de cambiar y ser
santo; para ayudarte, aquí te proponemos algunas líneas de acción:
Pondré en práctica mi plan de vida
para que no se quede en un papel, recordando siempre la frase que dice: el infierno
está lleno de gente con buenos propósitos.
Empezaré a ser santo el día de hoy
haciendo las cosas ordinarias extraordinariamente bien.
La crisis actual, un reto para la santidad
VEAMOS NUESTRA VIDA
1. ¿En qué hechos se manifiesta la crisis
que estamos viviendo en el mundo de hoy?
2. ¿Qué efectos está produciendo dicha
crisis en las personas y en la sociedad?
3. Además de quejarnos y criticar esa
crisis, ¿qué estamos haciendo los cristianos para superarla?
PENSEMOS: ILUMINEMOS NUESTRA
VIDA
EL
PAPA EN LA JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 2002 EN TORONTO, CANADA
1. En una montaña cercana al lago de
Galilea, los discípulos de Jesús escuchaban su voz dulce y apremiante: dulce
como el paisaje mismo de Galilea, apremiante como un llamado a escoger entre la vida y la
muerte, entre la verdad y la mentira.
* El
Señor pronunció entonces palabras de vida que estarían llamadas a resonar para siempre
en el corazón de los discípulos.
*
Hoy les dirige las mismas palabras, jóvenes de Toronto, de Ontario y de todo Canadá, de
los Estados Unidos, del Caribe, de la América de lengua española y portuguesa, de
Europa, África, Asia y Oceanía. ¡Escuchen la voz de Jesús en lo íntimo de sus
corazones!
*
Sus palabras les dicen quiénes son en cuanto cristianos. Les muestran lo que tienen que
hacer para permanecer en su amor.
2. Jesús ofrece una cosa; «el
espíritu del mundo» ofrece otra. En la lectura
de hoy, tomada de la Carta a los Efesios, san Pablo afirma que Jesús nos ha hecho pasar
de las tinieblas a la luz (5, 8).
*
Sin lugar a dudas el gran apóstol pensaba en la luz que le cegó, cuando perseguía a los
cristianos en el camino de Damasco. Cuando recuperó la vista, ya nada era como antes.
Pablo había vuelto a nacer y, a partir de entonces, nada podría haberle arrebatado la
alegría que había inundado su espíritu.
*
Queridos jóvenes, ustedes también están llamados a ser transformados. «Despierta tú
que duermes, y levántate de entre los muertos, y te iluminará Cristo» (Efesios 5, 14):
sigue diciendo Pablo. «El espíritu del mundo» ofrece muchas ilusiones, muchas
parodias de la felicidad. Sin duda las tinieblas más espesas son las que se insinúan
en el espíritu de los jóvenes, cuando falsos profetas apagan en ellos la luz de la fe,
de la esperanza y del amor.
* El
engaño más grande, el manantial más grande de la infelicidad, es la ilusión de
encontrar la vida prescindiendo de Dios, alcanzar la libertad excluyendo las verdades
morales y la responsabilidad personal.
3. El Señor nos invita a escoger
entre dos caminos, que están en competencia, para apoderarse de vuestra alma.
*
Esta opción constituye la esencia y el desafío de la Jornada Mundial de la Juventud.
¿Por qué se han reunido aquí procedentes de todas las partes del mundo? Para decir
juntos a Cristo: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna» (Juan
6, 68).
*
Jesús, amigo íntimo de cada joven, tiene palabras de vida. El mundo que heredáis es un
mundo que tiene desesperadamente necesidad de un sentido renovado de la fraternidad y de
la solidaridad humana.
* Es
un mundo que necesita ser tocado y curado por la bondad y por la riqueza del amor de Dios.
El mundo actual tiene necesidad de testigos de este amor. Necesita que ustedes sean la sal
de la tierra y la luz del mundo.
4. La sal se usa para conservar y
mantener sanos los alimentos.
*
Como apóstoles del tercer milenio les corresponde a ustedes conservar y mantener viva la
conciencia de la presencia de Jesucristo, nuestro Salvador, de modo especial en la
celebración de la Eucaristía, memorial de su muerte redentora y de su gloriosa
resurrección.
* Deben mantener
vivo el recuerdo de las palabras de vida que pronunció, de las espléndidas obras
de
misericordia y de bondad que realizó. ¡Deben constantemente recordar al mundo que «el
Evangelio es fuerza de Dios que salva» (Rom. 1,16)!.
* La
sal condimenta y da sabor a la comida. Siguiendo a Cristo, deben cambiar y mejorar el
«sabor» de la historia humana. Con su fe, esperanza y amor, con su inteligencia,
fortaleza y perseverancia, deben humanizar el mundo en que vivimos.
* El
modo para alcanzarlo lo indicaba ya el profeta Isaías en la primera lectura de hoy:
«Suelta las cadenas injustas... parte tu pan con el hambriento... Cuando destierres de ti
el gesto amenazador y la maledicencia... brillará tu luz en las tinieblas» (Isaías 58,
6-10).
5. Incluso una pequeña llama aclara
el pesado manto de la noche.
*
¡Cuánta luz podrán transmitir todos juntos si se unen en la comunión de la Iglesia!
¡Si aman a Jesús, si aman a la Iglesia! No se desalienten por las culpas y las faltas de
algunos de sus hijos.
* El
daño provocado por algunos sacerdotes y religiosas a personas jóvenes o frágiles nos
llena a todos de un profundo sentido de tristeza y vergüenza.
*
¡Pero, piensen en la gran mayoría de sacerdotes y religiosos generosamente
comprometidos, con el único deseo de servir y hacer el bien! Aquí hay hoy muchos
sacerdotes, seminaristas y personas consagradas: ¡estén a su lado y apóyenlos! Y, si en
lo profundo de su corazón sientan resonar la misma llamada al sacerdocio o a la vida
consagrada, no tengan miedo de seguir a Cristo en el camino de la Cruz.
6. En los momentos difíciles de la
historia de la Iglesia, el deber de la santidad se hace todavía más urgente.
* Y
la santidad no es una cuestión de edad. La santidad es vivir en el Espíritu Santo, como
hicieron tantos santos, jóvenes y adultos
*
Ustedes son jóvenes, y el Papa está viejo y algo cansado. Pero todavía se identifica
con sus expectativas y con sus esperanzas. Si bien he vivido entre muchas tinieblas, bajo
duros regímenes totalitarios, he visto lo suficiente como para convencerme de manera
inquebrantable de que ninguna dificultad, ningún miedo es tan grande como para poder
sofocar completamente la esperanza que palpita siempre en el corazón de los jóvenes.
*
¡No dejen que muera esa esperanza! ¡Arriesguen su vida por ella! Nosotros no somos la
suma de nuestras debilidades y nuestros fracasos; por el contrario, somos la suma del amor
del Padre por nosotros y de nuestra real capacidad para convertirnos en imagen de su Hijo.
=¿Qué nos enseña el Papa en su mensaje a
los jóvenes?
=¿Qué ideas les llaman más la atención o
qué aspectos quisieran resaltar?
NUESTRO COMPROMISO
¿Qué debemos hacer para aprender de la
crisis actual y crecer en santidad?
6.
Oración
Señor Jesucristo,
guarda a estos jóvenes en tu amor.
Que escuchen tu voz
y crean en lo que tú dices,
pues sólo tu tienes palabras de vida eterna.
Enséñales a profesar la propia fe,
a dar el propio amor, a comunicar la propia esperanza a los demás.
Hazles testigos convincentes de tu Evangelio,
en un mundo que tanta necesidad tiene de tu gracia salvadora.
Haz de ellos el nuevo pueblo de las Bienaventuranzas, para que sean sal de la tierra y luz
del mundo
al inicio del tercer milenio cristiano.
María, Madre de la Iglesia, protege y guía a estos chicos y chicas,
del siglo XXI.
Abrázales fuertemente en tu corazón materno. Amén.
Qué es un santo
VEAMOS NUESTRA VIDA
1. ¿En qué se distinguen los santos de las
demás personas?
2. ¿Sabes tú cuáles son las actitudes
básicas para que alguien sea efectivamente un santo o una santa?
PENSEMOS: ILUMINEMOS NUESTRA VIDA
?Los defectos de los
santos
9Algunos libros de vidas de santos han omitido
las debilidades de sus protagonistas.
9Pero es bueno comprobar que los que están en
los altares no son de cera, ni de yeso, ni de plástico, sino, como todos los mortales, de
carne y hueso, sufren dolores y tienen sus agobios; son personas comunes que tienen que
tomar medicamentos o duermen mal o se distraen en la oración.
9En la vida de las almas santas hay algunas
veces cosas extraordinarias, acontecimientos sobrenaturales, intervenciones claras de
Dios.
9Pero no son éstas las que los llevaron a ser
santos, pues las acciones no eran de ellos, sino de Dios.
9Lo que los hizo santos fue la generosidad
en la correspondencia al amor de Dios en su vida ordinaria.
9Es bueno saber que santa Teresita del Niño
Jesús tenía una terquedad invencible desde niña; que san Alfonso María de Ligorio
tenía un genio endemoniado; que san Agustín fue un gran pecador antes de su conversión
y que santa Teresa de Jesús confesó nunca haber podido rezar un rosario completo sin
distraerse.
9Es admirable ver a los santos: hombres muy
hombres y mujeres muy mujeres, con grandes virtudes, acciones heroicas y fallos
garrafales.
9La santidad no consiste en subirse a una
columna con una palma en la mano y un crucifijo en el pecho.
9Los santos no son inactivos, siempre se
mueven haciendo cosas tan simples como preocuparse por la enfermedad de un hermano,
dar de comer al perro, cumplir con su trabajo y hacer con alegría los encargos que les
piden.
9Estos son los santos de hoy, los que
caminan por la calle, rezan a la Virgen, trabajan en el campo, escriben a máquina,
descansan el fin de semana y vuelven todos los lunes al mismo trabajo, preocupándose
sólo de hacer bien aquello que les ha tocado
hacer.
?¿Santo yo?
9Seguramente habrás oído a alguien decir que
todos los cristianos estamos llamados a ser santos y tal vez no puedes imaginarte a ti
mismo como estatua de yeso en el altar de una Iglesia, rodeado de veladoras y reliquias.
Tal vez te parezca ridículo pensar que se hagan estampas con tu fotografía
9Sin embargo, ser santo no tiene nada que ver
con las estatuas y las estampitas. Ser santo es llegar al cielo para estar con Dios
y a eso es a lo que estás llamado desde que fuiste concebido en el seno de tu madre.
9Seguramente también habrás oído a algún
pesimista decir que este mundo no tiene remedio, que va directo a la perdición. Pero esto
no será cierto si tú no lo permites.
9Es verdad que el ambiente es difícil, que la
Iglesia tiene muchos problemas, que hay muchísima gente caminando por senderos
equivocados, pero eso ha sucedido siempre.
9Desde el principio de la humanidad, han sido
sólo unos cuantos los que han seguido a Dios y en ellos Él ha puesto toda su confianza.
Dios, el ser supremo, el omnipotente, el omnipresente, siempre ha querido necesitar del
hombre para salvar al hombre y con unos cuantos que le han respondido ha podido lograr que
la Iglesia sobreviva, a pesar de todos los ataques que ha sufrido externa e internamente.
9Dios
llama a todos, pero sólo unos cuantos le responden. Ésos son los santos:
hombres y mujeres llenos de debilidades y defectos que se han puesto a la disposición de
Dios; que han estado dispuestos a darle cinco panes y dospeces para que Él pueda dar de
comer a cinco mil hombres; que le han prestado una casa para que Él instaure la
Eucaristía; que han quitado piedras de los sepulcros para que Él resucite a los muertos.
Hombres y mujeres que se han animado a ser fermento, a ser sal, a ser luz para iluminar a
los demás.
9El pertenecer a esos pocos que escuchan y
responden a Dios sólo depende de ti. Dios pide tu ayuda, cuenta contigo para salvar a
muchísimos hombres, pero sólo tú eres el encargado de responderle positiva o
negativamente.
9Dios te llama a través de lo diario, de lo
cotidiano, de tus compañeros y maestros, de tus tareas, de tus problemas, éxitos y
fracasos. Todo lo que pasa a tu alrededor es un mensaje divino que te llama a ser
santo ahí donde Dios te ha puesto, en esa casa, en esa escuela, en ese trabajo, con esos
compañeros y esos hermanos para que los transformes con tu luz.
?Las
características de aquellos que por su vida, sus obras y su Amor a Dios son ahora Santos.
9Ser santo es participar de la santidad de
Dios. Jesucristo es el Santo de los santos y el Espíritu Santo es el Santificador.
9Todos fuimos creados por Dios para ser santos,
en la tierra y entonces plenamente en la eternidad en el cielo. Perdimos la vida de gracia
por el pecado, pero Jesucristo nos reconcilió con el Padre por medio de la Cruz. Por el
bautismo recibimos los méritos de Cristo y somos liberados del pecado e injertados en
Cristo para ser Hijos de Dios y participar de su santidad. San Pablo usa la palabra
«santos» para referirse a los fieles (2 Cor. 13,12; Ef. 1,1)
9Quien persevera en la santidad se salvará
para la vida eterna. Dios quiere que todos se salven (1Tm 2,4), pero no todos se abren
a la gracia que santifica.
9Para salvarse es necesario renunciar al
pecado y seguir a Cristo con fe. Por eso San Pablo nos exhorta: «Hermanos: Buscad la
paz con todos y la santificación, sin la cual nadie verá al Señor» (Hb. 12,14). La
única verdadera desgracia es no ser santos.
?Los santos
interceden por nosotros
9En virtud de que están en Cristo y gozan
de sus bienes espirituales, los santos pueden interceder por nosotros. La intercesión
nunca reemplaza la oración directa a Dios, quién puede conceder nuestros ruegos sin la
mediación de los santos. Pero, como Padre, se complace en que sus hijos se ayuden y así
participen de su amor.
9Dios ha querido constituirnos una gran
familia, cada miembro haciendo el bien a su prójimo. Los bienes proceden de Dios pero los
santos los comparten.
?Los santos son
modelos.
Debemos imitar la virtud heroica de los santos.
9Ellos nos enseñan a interpretar el Evangelio
evitando así acomodarlo a nuestra mediocridad y a las desviaciones de la cultura.
9Por ejemplo, al ver como los santos aman la
Eucaristía, a la Virgen y a los pobres, podemos entender hasta donde puede llegar el amor
en un corazón que se abre a la gracia.
9Al venerar a los santos damos gloria a Dios de
quien proceden todas las gracias.
NUESTRO COMPROMISO
¿Qué actitudes o
que estilo de vida debemos asumir para ser cada vez más santos?
Como podemos volvernos santos
VEAMOS NUESTRA VIDA
1. ¿Cómo podemos volvernos santos?
2. Compartan experiencias positivas y
negativas en su esfuerzo por seguir el camino de Jesucristo, esto es, el camino de la
santidad
PENSEMOS: ILUMINEMOS NUESTRA VIDA
?Ideas
Distorsionadas
* La palabra «santo» fácilmente nos recuerda
a señores vestidos con largas túnicas, propias de otras épocas, que llevaron una vida
bastante distinta de la de sus contemporáneos (a veces con muchas rarezas) y que, en
muchos casos, eran obispos, frailes o monjas.
* Esta lamentable idea se saca sin dificultad
de cierta imaginería religiosa, no poco frecuente, y de las «vidas de santos»
catalogados en el santoral oficial.
* Nos cuesta imaginarnos un santo con pantalón
vaquero y una vida tan normal como la nuestra. Ser santo lo hemos identificado con ser
raro, aburrido o absurdamente sacrificado. Naturalmente esta figura de santo tiene poco
atractivo.
* En otras ocasiones identificamos al santo con
el ser perfecto y concluimos que deben ser cosas de otras épocas, porque hoy en día hay
gente buena y hasta muy buena pero perfecto es algo que no podemos decir de nadie que
hayamos conocido.
?Ser santos como
el Señor
* San Pedro, citando el A.T., nos dice: «sean
santos en toda su conducta como el que los llamó es santo».
* San Pablo insiste en que la voluntad de Dios
es nuestra santificación.
* El mismo Conc. Vat. II, en varias ocasiones,
recuerda que «los fieles de cualquier condición y estado son llamados por Dios,
cada uno por su camino, a la perfección de la santidad por la cual el mismo Padre es
perfecto».
* Con este llamamiento a la santidad no se nos
invita a ninguna forma absurda de vida o a caminar hacia una meta imposible. Aspirar a la
santidad es aspirar a la felicidad total que todo hombre bajo distintas formulaciones
busca. «Mi corazón está inquieto hasta que descanse en Ti», decía
S.Agustín.
* El Dios de la paz, de la felicidad nos llama
a la plenitud, a la felicidad. Los hombres somos seres incompletos, inacabados.
* Somos, según frase del filósofo, «lo
que somos y lo que nos falta». Nuestro destino es Dios, la felicidad, lo que nos
falta.
* Retratar a este Dios como el del
aburrimiento o el de los absurdos es sustituirlo por un ídolo. No se trata de rezos
extraordinarios, ni de reprimir la alegría, ni de sufrir mucho («¡Cuánto sufrió la
pobre. Era una santa!»), ni siquiera en ser moralmente perfectos.
* La parábola de los talentos nos indica que
responder a la gracia de Dios en la proporción en que se nos dio, es el listón que cada
uno debe saltar. (...) Cada uno de nosotros es consciente de lo que Dios puso en sus manos
y de lo que en cada momento debe ser el fruto de ese don.
* Hombres y mujeres así no sólo existieron en
el pasado remoto o cercano, sino también hoy andan por nuestras calles, trabajan en
nuestras fábricas o sufren en nuestros hospitales.
?Vivimos entre
santos
* En este mundo de hoy desmitificador y
desacralizador parece un hallazgo de anticuario tropezar con un santo. Sin embargo,
estamos muy cerca de hombres y mujeres que son santos de verdad: hombres y mujeres que
andan con nosotros el mismo camino y que se esfuerzan por conseguir una vida
auténticamente cristiana, fieles al Evangelio de Jesús; hombres y mujeres que luchan por
ser justos y pacificadores, pobres y compasivos, limpios de corazón y de corazón
compasivo, según el espíritu de las bienaventuranzas.
* Hoy hay santos
que viven entre nosotros.
Quizá nos cuesta descubrirlos. Pero ahí
están. Lo que ocurre es que son silenciosos. Y por eso pasan desapercibidos entre
nosotros, aunque nos crucemos con ellos en la tienda o en el mercado, en el trabajo o en
el bar. Son los santos de hoy y de aquí que aún debemos descubrir.
?El camino de la
Santidad
* El camino de la santidad es el camino de las
bienaventuranzas. Supone una actitud básica en la vida del cristiano: la apertura a Dios,
la humildad del que sabe que de Él viene la salvación, la disponibilidad, la pureza de
corazón, la misericordia, los sentimientos de paz, el hambre de justicia, la entereza
ante la persecución...
* El ejemplo de la Virgen María es
transparente: «he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra».
* Ser santos no es hacer necesariamente
milagros, ni dejar obras sorprendentes para la historia. Es difícil definir lo que es la
santidad , pero todos los santos nos demuestran que seguir a Cristo es posible, y que eso
es la santidad. Tuvieron defectos. No eran perfectos. Cometieron pecados. Fueron
«normales». Pero creyeron en el Evangelio y lo cumplieron. Algunos han dejado huella
profunda. Otros han pasado desapercibidos. Y aceptamos su invitación a seguir su camino.
?Cristo, camino y modelo de santidad
(LG 40)
* Nuestro Señor Jesucristo predicó la
santidad de vida, de la que El es Maestro y Modelo, a todos y cada uno de sus discípulos,
de cualquier condición que fuesen. «Sed, pues, vosotros perfectos como vuestro Padre
Celestial es perfecto» (Mt., 5, 48).
* Envió a todos el Espíritu Santo, que los
moviera interiormente, para que amen a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con
toda la mente y con todas las fuerzas (cf. Mc., 12,30), y para que se amen unos a otros
como Cristo nos amó (cf. Jn., 13,34; 15,12).
* Los seguidores de Cristo, llamados por Dios, no en virtud de sus propios mérito