Hoy Miércoles, 03 de diciembre de 2008 | 14:03

INDICE

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TEMARIO PARA EL CATEQUISTA

TEMA 1
El hombre y la mujer, llamados a ser un solo corazón
LEMA: “Unidos para siempre por el amor”

0.- Preliminares

0.1.- Ambientación del lugar
Se puede adornar el lugar con la frase del lema y con los logotipos del MFC, de ENCUENTROS MATRIMONIALES y de NOVIOS. O también se sugiere, poner un corazón grande, con dos anillos entrelazados, que marque, cada anillo, el sexo masculino y femenino respectivamente.

0.2 Saludo
(Con estas u otras palabras semejantes:) Sean bienvenidos todos, a partir de este año, vamos a iniciar un estudio completo sobre el matrimonio y la familia, sobre todo en aquellos puntos que, hoy en día, son más atacados por la gente, o hay más confusión. Igualmente vamos a reflexionar, a lo largo de varios años, junto con estos puntos, aquellos que son fundamentalmente para entender el ser y quehacer del matrimonio y de la familia, en el día de hoy, tal como Dios lo proyectó desde el principio en las Sagradas Escrituras y en la Tradición.
Tratando de seguir un orden más o menos lógico, según nuestro propósito evangelizador en la diócesis, iniciaremos con este primer tema, que es fundamental y de mucha actualidad, porque hoy se están equiparando con el matrimonio, uniones del mismo sexo y se cuestiona mucho la indisolubilidad del matrimonio, en la práctica, por el creciente número de divorcios”.

0.3 OBJETIVO:
Reconocer que la nota esencial del matrimonio es: la unión para siempre entre un hombre y una mujer para que la familia pueda cumplir plenamente su misión en el mundo.
(Se explica el qué y el para qué del objetivo)

1.- Oración desde la Palabra de Dios
(Se trata de una breve lectio divina que introduzca al tema directamente)
Canto inicial: Juntos como hermanos... Unidos al rezar.... Unidos en una canción.... (también se sugiere: Nuestra unión.)

Lectura del libro del Génesis, 1,27-28. 2,18. 20. 22-24.
Al sexto día, Dios creó al hombre a su imagen. A imagen de Dios lo creó. Macho y hembra los creó. Dios los bendijo, diciéndoles: “sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Tengan autoridad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra”.
Dijo Yahvé Dios: “No es bueno que el hombre esté solo. Le daré, pues, un ser semejante a él para que lo ayude”. El hombre puso nombre a todos los animales, a las aves del cielo y a las fieras salvajes. Pero no se encontró a ninguno que fuera a su altura y lo ayudara. Y de la costilla que Yahvé había sacado al hombre formó una mujer y la llevó ante el hombre. Entonces el hombre exclamó: “Esta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada varona porque del varón ha sido tomada”. Por eso el hombre deja a su padre y a su madre para unirse a su mujer y pasan a ser una sola carne”. Palabra de Dios

-Silencio

Salmo responsorial 8,4-9.
R.- SEÑOR, DIOS NUESTRO, QUÉ ADMIRABLE ES TU NOMBRE EN TODA LA TIERRA.
L.- Cuando contemplo tus cielos, hechura de tus dedos,
La luna y las estrellas que Tú pusiste en su lugar...
¿Qué es el hombre para que Tú lo recuerdes,
o el hijo del hombre para que te ocupes de él?
R.- SEÑOR, DIOS NUESTRO, QUÉ ADMIRABLE ES TU NOMBRE EN TODA LA TIERRA.
L.- Tú lo creaste poco inferior a Dios,
Le ornaste de gloria y de honor.
Le diste poder sobre las obras de tus manos,
Y todo lo pusiste bajo sus pies:
R.- SEÑOR, DIOS NUESTRO, QUÉ ADMIRABLE ES TU NOMBRE EN TODA LA TIERRA.
L.- Las ovejas y los bueyes todos,
Y aún las bestias salvajes,
Las aves del cielo y los peces del mar,
Y cuanto surca las sendas del agua.
R.- SEÑOR, DIOS NUESTRO, QUÉ ADMIRABLE ES TU NOMBRE EN TODA LA TIERRA.

Retroalimentación:
¿Cuáles son las enseñanzas principales que nos ofrece la Palabra de Dios que acabamos de escuchar?

2.- SOCIODRAMA:: “se nos casa lupita”

(Un grupo de amigas se encuentran reunidas en casa de Lupita que se anda casando).
MARIA.- Bueno, bueno, Lupita ¿y tú ya estás segura de que te quieres casar?
LUPITA.- Pues, la mera verdad, ya no sé. Con todo lo que se escucha por ahí, ya me entró la duda. Lo mejor sería oír sus opiniones.
COCO.- La mera verdad, yo que tú, no le entraría, pues, todas las casadas dicen que, de novios, todo es vida y dulzura. Y después, te mandan hasta la sepultura.
TOÑITA.- Sí, sí. Tienes razón. Pues, de novios, puras promesas; y de casados, solo tristezas.
MARIA.- Es cierto, pues, nada más vean a la vecina Chonita, cómo la tiene ya su marido Pancho: llena de hijos y arrinconada.
TOÑITA.- Sí. Nada más pasa un tiempito de casados, y luego, lueguito, te están reprochando todo: “no se por qué me case contigo, si eres una desobligada. N’omás sirves p’a puro pedir dinero. ¿Qué pecado cometí para estar soportándote? Y todo lo que me falta aguantarte. Mejor me busco otra más joven que tú y más bonita.
COCO.- Pues, ya escuchaste, Lupita, son puras quejas. Yo te recomiendo que no te cases. Mejor, júntate con él, a probar suerte. Y si no te va bien, lo abandonas y luego te buscas otro. Al fin de cuentas, ahora así se usa.
JUANITA.- No, no, muchachas, no crean que a todas les va mal. N’omás vean a mis papás, ya tienen 30 años de casados, y todavía parecen novios.
LUPITA.- Yo creo que Juanita tiene razón, pues, yo quiero vivir, como Dios manda. Y pensándolo bien, sí me quiero casar. Pues, pienso que la clave está en dialogar con tu pareja; respetarse y superarse, porque el matrimonio es para toda la vida.
COCO.- Eso era antes. Ahora existe el divorcio. Es mucha esclavitud casarse hasta la muerte. De seguro, la primera en morirse, somos nosotras las mujeres, con tanta friega.
Retroalimentación
2.1.- ¿De qué están hablando las muchachas?
2.2.- ¿Qué te parece la opinión de cada una?
2.3.- ¿Cuál es tu opinión?

3.- CONTEMPLACIÓN A LA LUZ DE LA FE
En este tema se pretende que toda la familia reconozca que la esencia del matrimonio es: 1.- la unión, 2.- para siempre, entre un hombre y una mujer.

Suplemento:
Origen divino del matrimonio natural
Todos reconocemos que, desde que el ser humano ha existido, siempre ha sido el ser humano, bisexual. Varón y mujer. No existieron, pues, primero los hombres y de los hombres surgieron las mujeres. Tampoco fueron primero las mujeres y de ellas, surgieron los hombres. Ningunos de los dos puede apelar la primacía de origen, para justificar, por ejemplo, que su dignidad es mayor que la del otro; o que en una etapa de la evolución humana hubo un solo sexo.
Además, si nos basamos en la revelación cristiana, en el libro del Génesis, aparece Dios creador, no solo de todo el universo, sino muy especialmente aparece como Creador del hombre y de la mujer, hechos no solo por el imperio de su voz, sino amasados con sus propias manos, participando, incluso, de su mismo aliento divino. Estas imágenes de un Dios alfarero quieren recalcar que los dos: el hombre y la mujer, son iguales en dignidad. Y son los dos, imagen y semejanza de Dios, a diferencia de los animales y demás creaturas.
Así dice el Génesis: “Al sexto día, Dios creó al ser humano, a su imagen. A imagen de Dios lo creó: macho y hembra los creó”.

1.- El matrimonio es una alianza
El matrimonio es una alianza por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un contrato (consorcio) de toda la vida.
Esto significa que el matrimonio es una alianza entre dos iguales. Ambos son los ministros de esa alianza, con los mismos derechos y obligaciones.
Tratándose del matrimonio cristiano, los dos esposos, son los ministros y el sacerdote es solo el testigo oficial de la Iglesia, quien bendice y ratifica su unión sagrada. Realmente, pues, quienes se casan, son los esposos contrayentes.


2.- El matrimonio es ser el hombre y la mujer una sola carne
En el mismo relato creador del Génesis, el mandato que Dios da al hombre y a la mujer es que “sean los dos una sola carne”. Es decir, les pide que vivan el hombre y la mujer que se casan, en unión y comunión de cuerpos, de mentes, de corazones y de almas, hasta llegar a ser los dos un solo viviente. Dicho mandato nunca se podrá lograr con dos personas del mismo sexo, porque aunque, el hombre y la mujer, sean los dos igualmente imagen y semejanza de Dios, son sexualmente distintos, interna y externamente. Además, el hombre y la mujer, están hechos para unirse y complementarse; para vivir en comunión y enriquecerse con sus mutuas diferencias.

Suplemento:
Llamados a ser una sola carne
El segundo relato de la creación, donde la mujer ocupa el centro del relato, se expresa con mayor claridad, que Dios crea al ser humano: hombre y mujer, para que vivan unidos hasta ser “un solo corazón”. Y, como fruto de esta unión, también les pide que sean fecundos.
El autor del Génesis, en este segundo relato, nos cuenta una historia donde aparece el varón, sumido en una soledad que ningún viviente puede llenar y hacerlo feliz. Entonces el Dios Creador manifiesta, con toda claridad, que el varón estará siempre llamado a vivir en comunidad de vida con la mujer. Dice Dios: “No es bueno que el hombre esté solo. Le daré, pues, un ser semejante a él para que lo acompañe”. Con estas palabras, Dios manifiesta su proyecto de unión. Y, con una afirmación solemne, concluye: “Por eso, el hombre deja a su padre y a su madre para unirse a su mujer y pasan a ser una sola carne”.
Es, pues, la unión del hombre y la mujer, el objetivo del matrimonio. Es, pues, la comunidad de vida y de amor a lo que están llamados los que se casan. Esta unión, es una exigencia natural que, siempre, ha reconocido el hombre y la mujer cuando deciden hacer una alianza matrimonial.

3.- El matrimonio es entre un hombre y una mujer
La alianza matrimonial es siempre entre un hombre y una mujer. Y no puede ser de otra manera, porque los dos fines del matrimonio, a los que naturalmente está ordenado el matrimonio: amor esponsal y procreación, son imposibles de realizarse, si no es en la unión permanente de un hombre y una mujer. Nunca será, pues, un matrimonio, naturalmente hablando, la unión permanente de dos varones o de dos mujeres. Aunque las leyes humanas, en algunos países, las reconozcan jurídicamente, nunca podrán estar por encima de la ley natural que el Creador ha puesto en la misma naturaleza del ser humano, creado hombre y mujer.
Efectivamente, la Palabra de Dios, al narrar la creación del ser humano, nos expresa con claridad: 1° Que Dios es el autor del matrimonio. 2° Que creó al ser humano hombre y mujer. 3° Que los hizo para vivir en pareja.

Suplemento:
Necesaria la bisexualidad para la unión
Desde el inicio del relato creador del Génesis, se presenta, no solo al hombre y a la mujer, como seres bisexuales, sino, también, a los mismos animales. Se habla de parejas.
La razón de esta bisexualidad, claramente, está orientada a la prolongación de la especie, pues, les manda a ser fecundos y a poblar la tierra. Tal vez, por esto, a dicha unión, pronto se le llamó matrimonio, palabra cuya raíz proviene de “madre”. Y que expresa, precisamente, el origen de la fecundidad humana: la maternidad.
Pero no solo los hizo bisexuales para que pudieran tener hijos, y así, garantizar la perpetuidad de la especie. Para el Dios Creador hay una más profunda intención: el diálogo amoroso, la complementación y ayuda mutua...
El hombre y la mujer, como tales, solo alcanzan la plenitud humana, formando una comunidad de amor; siendo los dos una “sola carne”.
La soledad del hombre se vuelve alegría al recibir, por vez primera, a la mujer como compañera y consorte. La llama “su otro yo”: “varona, carne de su carne y hueso de sus huesos”.
Tal parece que, incluso, en la bisexualidad está la perfección de la imagen y semejanza que son de Dios, el hombre y la mujer. Porque, al igual que Dios, los seres humanos están llamados a vivir en comunión y comunicación de vida y de amor, como Dios es comunicación de personas distintas. Y sin embargo, es un solo Dios verdadero. Como ellos, son familia. Por la bisexualidad, es posible que los esposos sean familia, a ejemplo de la familia divina que es Dios.
La bisexualidad enriquece, pues, a los seres humanos, cuando tratan de vivir en comunidad, los hombres y las mujeres. Y se empobrece y envilece, cuando pretende circunscribirse a un solo sexo; sea el que fuere.
No se puede, pues, admitir, ni natural, ni cristianamente, como alianza matrimonial, la unión de dos hombres o de dos mujeres. Y no solo porque no puedan cumplir naturalmente el fin de la procreación; sino, también, y con más fuerza, porque no pueden lograr, dos del mismo sexo, la plenitud humana, en todas las dimensiones de su ser y quehacer.

4.- El matrimonio es vitalicio
Si toda alianza es por un tiempo determinado, la alianza del matrimonio dura hasta que la muerte los separe. Y es que en el caso de la alianza matrimonial, la naturaleza misma de los fines que pretende, exigen a los esposos llevar una vida en común de manera vitalicia. Es decir, hasta que la muerte los separe. El tiempo, pues, no lo determina la voluntad de los que se casan, ni las leyes humanas, sino que la naturaleza misma del amor esponsal y paternal, pide a los contrayentes, naturalmente, un amor permanente y una presencia permanente, como esposos y como padres de familia.

Suplemento:
Unidos para siempre
En el tiempo de Jesús, el divorcio parece como una costumbre practicada pero cuestionada al mismo tiempo. Se reconoce que, naturalmente y ordinariamente, los esposos se casan para siempre.
El mismo fin del matrimonio, presentado en la revelación, así lo dispone cuando afirma que los esposos están llamados a ser una sola carne y a ser fecundos. Este doble fin, exige una permanencia en la vida común y en el amor que va más allá del sexo y del instinto: “ser una sola carne”; un solo viviente. Ser “una sola carne”, habla de una amistad permanente entre dos personas de distinto sexo, como un ser viviente aúna la materia y el espíritu, el cuerpo y el alma. Distintos en la unidad.
La alianza de los que se casan tiene como objeto, pues, ser un solo viviente. Fundar una amistad para siempre. Darse mutuamente un amor, cuya garantía de serlo está en permanecer juntos todos los días de su vida.
Pero el otro fin del matrimonio, que siempre debe quedar abierto como posibilidad y deseo permanente: los hijos, es muy necesario. Implica permanencia de los esposos en esa comunidad de vida y de amor, para que los hijos puedan mejor crecer “en sabiduría, gracia y estatura”, como el hijo de Dios, Jesucristo.
Siempre se ha dicho que la paternidad no puede reducirse a “tener hijos”. Es muy necesario atenderlos y acompañarlos en su largo proceso de educación. Dicha tarea, podía decirse que es hasta la muerte.
La relación filial y paternal es una relación que exige permanencia en el amor. También es para siempre, como la esponsal. Aunque los hijos crezcan y se vayan del hogar, siguen en una relación profunda con sus padres y éstos con ellos. Ninguno puede excluirse de esta relación, sin un daño profundo.
Por eso Jesús, ante la pregunta de si es lícito el divorcio, con autoridad responde que, en tiempos pasados, lo permitió la ley mosaica, por la dureza de corazón de los judíos, pero que al principio no fue así.
Hoy, tal parece, que una nueva dureza de corazón, en los humanos, está queriendo justificar una alianza matrimonial a la medida de la voluntad caprichosa de los esposos, quienes quieren reducir el amor matrimonial a la sola relación sexual y, prácticamente cerrado, a formar una familia. Por eso, les parece sin sentido el matrimonio cristiano.
La indisolubilidad del matrimonio que, San Pablo, la presenta como una fidelidad, tal y como Cristo la guarda con su esposa la Iglesia. O como el amor que tiene la cabeza con su propio cuerpo, no la entienden muchos esposos de hoy, simplemente porque, más que amor, su amor es sexo. Y más que una alianza, su alianza es un contrato mercantil de mutua conveniencia, donde el querer hijos, se está convirtiendo en un verdadero impedimento, por parte de los contrayentes, para aceptar el matrimonio.

5.- De la unidad del amor a la fidelidad y permanencia en el amor
Finalmente, en el mismo carácter de la unidad pedida a los que se casan, Dios manifiesta que esa unión es de por vida, porque no se puede ser un solo viviente, si no hay permanencia en el amor que los hace una sola cosa.
Como un ser humano no puede separarse de manera semejante no pueden separase los esposos, porque ya son un solo ser.
Mientras vivan, pues, no pueden separarse los que se aman y prometieron amarse hasta la muerte. Realmente no ama para el matrimonio quien no está dispuesto desde al principio a serle fiel a su pareja. Tan fuerte es el imperativo de ser una sola carne, los esposos, que luego en el Evangelio, Jesús, ratificará el mandato de su Padre, al afirmar que “lo que Dios ha unido, no lo puede separar el hombre”.
Para San Pablo, casarse en el Señor, será sin duda, esa permanencia en el amor, como Cristo permanece amando fielmente a su esposa.
Además de que la misma naturaleza del amor humano exige permanencia en el amor, definitivamente el amor a los hijos, lo hace indisoluble y vitalicio, porque no se puede amar a los hijos sin acompañarlos a lo largo de toda su vida, con un corazón entero, sin divisiones, ni fracturas. No se puede ser padre sólo cuando los hijos son niños, ni es un amor plenamente paternal el que lo quiere dar en tiempos compartidos con su familia y con su “otra familia”. Definitivamente, la paternidad responsable se ejerce solo en una y única familia. Dice el evangelio que: “quien sirve a dos señores, con alguno queda mal”. En nuestro caso, el primer matrimonio, recibido sacramentalmente, y la familia que pueda venir de él, es el que cuenta.
Para garantizar un desarrollo integral de los hijos y poderles ofrecer la plena seguridad, es necesaria una comunidad de vida y de amor, permanentes, hasta que la muerte los separe.

Retroalimentación
3.1.- ¿Qué nos dice la Palabra de Dios?
3.2.-¿Qué nos dice el catecismo universal de la Iglesia?

4.- CONFRONTANDO NUESTRA FE CON LA REALIDAD
Nuestras comunidades son espectadoras pasivas y confundidas, ante las parejas de hombres y de mujeres que piden sea reconocida legalmente su unión, como si fuera un verdadero matrimonio.
Aumenta en nuestros pueblos la exhibición de más personas que públicamente confiesan su tendencia hacia personas del mismo sexo, especialmente entre los jóvenes.
Los Medios de comunicación, especialmente la televisión, exaltan a los homosexuales y lesbianas, confundiendo sus derechos con sus desviaciones sexuales.
La televisión está influyendo en nuestras familias, alterando gravemente su escala de valores, al presentar estas situaciones como algo normal que se debe respetar sin comentarios.
Cada día hay más familias que, alguno de sus miembros, tiene problemas de identidad sexual, ante el desconcierto y molestia de los padres, incapaces de orientarlos.
Para la mayoría de los jóvenes alteños, las parejas del mismo sexo siguen siendo un atentado contra la naturaleza humana y una degradación de la persona.
Se rechaza a este tipo de personas con cierta violencia, atentando con frecuencia contra su dignidad de personas.
Crece en nuestros pueblos alteños, alarmantemente el número de los divorcios y de las declaraciones de nulidad matrimonial.
Nuestros novios católicos se ven afectados por una mentalidad de casarse hasta que dure el amor entre ellos.
Aumenta el número de separaciones de hecho.
La práctica civil del matrimonio y del divorcio, tan frecuente en el vecino país de Norteamérica, está afectando gravemente a los matrimonios que emigran o viven temporalmente allá.
Crece el número de divorciados que no hayan cómo compaginar su situación con su vida cristiana, especialmente sacramental.
La mayoría de los alteños se acerca al matrimonio con el ideal de permanecer juntos hasta que la muerte los separe, aunque en la práctica, algunos buscan el divorcio o la separación, sobre todo los varones.

Retroalimentación
¿Qué hechos positivos y negativos de los mencionados se dan en nuestra comunidad y cuáles faltan?

5.- LOS DESAFIOS Y COMPROMISOS QUE NOS PLANTEA
5.1.- ¿Qué desafíos, como Iglesia diocesana nos está planteando esta situación que hemos reflexionado?
5.2.- ¿Qué debemos hacer en nuestra parroquia para responder adecuadamente?
5.3.- ¿A qué compromiso personal nos lleva?

6.- Celebrando nuestra fe
(Indicaciones para la celebración conclusiva: Cada familia se tomará de la mano y con una mano se unirá a las otras familias. Para la oración última, previamente se pedirá a un papá y a una mamá que presidan la oración.)

CATEQUISTA: Hoy estamos más seguros que nacimos para unirnos en un solo corazón toda la familia y todas las familias.
Por eso, juntos, pidamos al Padre del cielo que nos dé el Pan Eucarístico, el Pan divino que nos une en el amor y nos hace un solo Cuerpo de Cristo. Como Iglesia doméstica digamos:
R.- Padre nuestro....

CATEQUISTA: Ahora concluyamos nuestra oración pidiendo todos juntos:

ORACIÓN:
MAMA.- Señor, haz que nuestro hogar sea un sitio de tu amor.
PAPA.-Que no haya injuria, porque Tú nos das comprensión.
MAMA.- Que no haya amargura porque Tú nos bendices.
PAPA.- Que no haya egoísmo, porque Tú nos alientas.
MAMA.- Que no haya rencor porque Tú nos das el perdón.
PAPA.- Que no haya abandono porque Tú estás con nosotros.
MAMA.- Que sepamos marchar hacia Ti en nuestro diario vivir.
PAPA.- Que cada mañana amanezca un día más de entrega y sacrificio.
MAMA.- Que cada noche nos encuentre con más amor de esposos.
PAPA.- Haz, Señor, nuestras vidas que quisiste unir, unas páginas llenas de Ti.
MAMA.- Haz, Señor, de nuestros hijos, lo que tu anhelas.
PAPA.- Ayúdanos a educarlos, a orientarlos, por tu camino.
MAMA.- Que nos esforcemos en el consuelo mutuo.
PAPA.- Que hagamos del amor, un motivo para amarte más.
MAMA.- Que demos lo mejor de nosotros para ser felices en el hogar.
PAPA.- Que cuando amanezca el gran día de ir a tu encuentro,
MAMA.- Nos concedas el hallarnos unidos para siempre en Ti. Amén.

Canto final: Donde hay caridad y amor...

Familia