Hoy Miércoles, 03 de diciembre de 2008 | 13:47

INDICE

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TEMA 2
EL MATRIMONIO, ESPACIO VITAL PARA LA FAMILIA
LEMA: “El matrimonio es el fundamento y la garantía de la familia”

0.- Preliminares

0.1.- Ambientación del lugar
Se puede usar el lema como ambientación. Además se sugiere poner en una mesa, una cuna, algún instrumento de trabajo de la mamá y algún instrumento de trabajo del papá, un rosario y un crucifijo. Luego, al inicio de la reunión, explicar los signos. La cuna significa la vida humana que surgió de una familia, especialmente de la mamá. Los dos instrumentos de trabajo significan, el trabajo de los padres para proporcionales todos los servicios a sus hijos. El rosario y el crucifijo significan la educación en la fe que proporcionan a sus hijos para que reciban los beneficios de la gracia.

0.2 Saludo y enlace con el tema anterior
(Con estas u otras palabras semejantes:)Agradecemos su presencia y los invitamos a que cada día seamos más los que nos reunimos a reflexionar temas tan importantes para nuestras familias, como el compartimos el día de ayer.
RECORDAMOS que el tema de ayer se titula: “El hombre y la mujer, llamados a ser un solo corazón”.
Los puntos principales tratados fueron: 1.- que el matrimonio es una alianza, donde los que se casan, mutuamente, se dan el sacramento, con la bendición de Dios, por medio del sacerdote, el testigo oficial de la Iglesia.
2.- que el matrimonio para cumplir sus fines, naturalmente exige que sea hasta que la muerte los separe.
3.- que Dios al crearlos con sexo diferente, manda que el matrimonio sea solo entre un hombre y una mujer.
4.- que la finalidad de crearlos distintos es para que se complementen, se apoyen y se ayuden, formando una comunidad de amor..

0.3.- OBJETIVO:
Valorar el matrimonio como la sociedad natural perfecta, inventada por Dios, como el espacio ideal para vivir la vida familiar.
(Explicar el qué y para qué del objetivo)

1.- Oración desde la Palabra de Dios
(Se trata de una breve lectio divina que introduzca al tema directamente)
Canto inicial: Amar es entregarse, olvidándose de si....

Lectura del evangelio de mateo 19, 3-8.
En aquel tiempo, algunos fariseos, queriendo tentarlo, se acercaron a Él y le dijeron: “¿Es permitido al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?” Él respondió y dijo: “¿No habéis leído que el Creador, desde el principio, “varón y mujer los hizo?” y dijo: “Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne”. “de modo que ya no son dos, sino una carne. ¡Pues bien! ¡Lo que Dios juntó, el hombre no lo separe! Dijéronle: “Entonces ¿por qué Moisés prescribió dar libelo de repudio y despacharla?” Respondióles: “A causa de la dureza de vuestros corazones, os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así.”

-Silencio

Salmo responsorial, 127.

R.- DICHOSOS LOS QUE TEMEN AL SEÑOR.
L.- Dichosos los que temen al Señor
Y siguen los caminos de su ley.
Comerán del trabajo de sus manos,
R.- DICHOSOS LOS QUE TEMEN AL SEÑOR.
L.- Será su esposa como vid fecunda
En la paz hogareña;
Serán sus hijos como olivos nuevos
En torno de su mesa.
R.- DICHOSOS LOS QUE TEMEN AL SEÑOR.
L.- Así bendecirá el Señor
Al hombre que le teme y lo respeta.
Que el Señor te bendiga desde Sión
Y, de Jerusalén, veas la dicha,
Todos los días de tu vida.
R.- DICHOSOS LOS QUE TEMEN AL SEÑOR.

Retroalimentación:
¿Cuáles son las enseñanzas principales que nos ofrece la Palabra de Dios que acabamos de escuchar?

2.- SOCIODRAMA:: ¡me caso porque me caso!
PEDRO.- Ya no tomes, Juan, porque luego te dan ganas de llorar.
JUAN.- Y ¿cómo no voy a llorar, si desde que abrí los ojos, no tuve a nadie que cuidara de mí, más que mi abuelita y una tía cotorra que nunca me quiso.
LUIS.- Pues, yo no me canso de darle gracias a Dios, por tener unos papás que no han dejado de quererme. M e acuerdo que, de niño, mi papá me abrazaba y jugaba conmigo.
PEDRO.- Mi papá, siempre, fue muy serio. En cambio mi mamá, cómo me chiqueaba.
JUAN.- Yo me sentía siempre solo. Todo mundo me arrinconaba. Mis primos eran crueles. Se burlaban de mí, porque nunca tuve padre. Ya saben, mi madre fue madre soltera. Y para colmo de mi desgracia, murió muy joven; tal vez no tuvo tiempo para decírmelo. Lo cierto es que mi padre nunca me ha buscado. El pecado de mi madre, mi tía se encargó de recalcármelo, como si yo hubiera tenido la culpa.
JORGE.- Ahora entiendo por qué mi novia quiere que nos casemos por las dos leyes. Si no, no.
PEDRO.- Debemos agradecer a nuestros papás que cuando se casaron, lo hicieron como debe ser, por las dos leyes. Además siempre soñaron con formar un hogar
LUIS.- Uh... mi papá, cómo trabajó duro para que nada nos faltara a su familia. Pobremente vivimos, pero eso sí, mis 11 hermanos y yo, nunca pasamos hambre. Fíjense, mi jefe, hasta nos llevó al mar para que lo conociéramos. Esa vez fuimos todos apretados en una troquita tartana que compró mi papá para el trabajo. Él se veía feliz, cuando entre gritos y con los ojos bien pelones, no acabamos de admirar el mar.
JUAN.- Cuando faltó mi abuelita, que Dios la tenga en el cielo, se me acabó el poco cariño que tenía. Casi de niño, pasé a ser adulto. Tuve que trabajar muy duro, como hasta el día de hoy lo hago, porque no hay quien me haya dado nada de lo tengo que no lo haya conseguido con mi propio esfuerzo.
Cuando me acuerdo de mi infancia triste, como si fuera un perro sin dueño, sin hogar, me lleno de sentimiento y de rabia. Y me dan ganas de tomar para no sentir tanta soledad. Me hace falta mucho mi madre. Sueño, todas las noches, con tener un hogar, donde haya alguien que me reciba con amor, que me llame por mi nombre y me chiquié...
PEDRO.- Dale gracias a Dios, Juan, que tu abuelita te recibió en su casa y te crió como a un hijo. Eso es lo que cuenta. Fíjate, no fuiste un niño de la calle. Ni viviste el infierno de un horfanatorio. Mal que bien, tu tía, te ayudó a ser un hombre de bien. Todo esto lo debes valorar. Pero lo que te falta es casarte, y casarte como Dios manda, para que formes esa familia que nunca has tenido, según tú. Cásate, Juan, ya estás madurito, dinero no te falta y pienso que tampoco, novia...
JORGE.- Juan, no te hagas büey. Tomas porque quieres y sufres porque quieres. Ahí esta tu novia Leonor, bonita, decente y muy católica. Además te quiere un chingo. Estoy seguro, que n’omás le pones fecha y te dice que sí. Eso es lo que están queriendo las mujeres.
PEDRO.- Sí, Leonor, es la mejor para ti. Ella, también, es huérfana de madre. De seguro que va a darte todo ese cariño que tienes atrasado desde niño. Y, si Dios quiere, te va a llenar de chilpayates para que trabajes, como negro, porque hay que mantenerlos. Si te casas, ya verás que nunca vas estar solo ni te va a faltar el amor. El matrimonio es pesadito pero cómo tiene de cosas bonitas, sobre todos los hijos. Te lo digo, por experiencia, mi Juan.
JORGE.- Ya verás que te va a sobrar vieja y críos. No te la vas a acabar. Al rato nos vas andar buscando para platicar porque en la casa te sobra compañía de ruidos y travesuras.
JUAN.- Dios te oiga, porque lo que a mí respecta, ahora sí, me caso porque me caso.

Retroalimentación
2.1.- ¿De qué están hablando los amigos?
2.2.- ¿Qué te parece la opinión de cada uno?
2.3.- ¿Cuál es tu opinión?

3.- CONTEMPLACIÓN A LA LUZ DE LA FE

1. Del matrimonio surge la familia
Solo la comunidad del hombre y la mujer esposos son los que hacen posible la comunidad de padres y de hijos, más aún de parientes. En ningún lugar mejor podrá desarrollarse un ser humano como en la familia. Y no puede haber familia sin padres esposos.

Suplemento:
De la fecundidad de los esposos nace la familia
Porque de la unión de los esposos surgen los hijos. Naturalmente son los hijos quienes hacen la familia. En efecto, la familia, para poder serlo, necesita de los hijos. Y los hijos son los que van enlazando, como en un enramado árbol genealógico, los antepasados, haciéndolos más presentes, en los abuelos y más recientes en los nietos. La familia realiza de hecho la perpetuidad de la especie humana. Por eso, la especie humana, no tiene mejor espacio para nacer, crecer y reproducirse que la familia.
La familia, desde este hecho, surge de la interrelación amorosa, primero de los esposos que se unen por amor, y luego de los hijos, que la sangre, la vivencia íntima y la convivencia fraternal, hace que vivan siempre comunicados y entrelazados a lo largo de toda la vida. Un hijo siempre buscará el origen de su existencia: sus padres. Y un padre siempre buscará la razón de su existencia: los hijos.
Quienes han sido padres sin ser esposos, sienten atrofiada de muchas maneras su paternidad. Y los hijos también sienten el gran vacío de sus dos padres y del espacio de amor que los dos no construyeron con su presencia permanente. La orfandad siempre será una discapacidad en la que nadie sale bien librado, ni los hijos, ni los padres. Quien ocupa el lugar de los padres, siempre será un usurpador, un intruso, aunque sea, incluso más buenos que sus propios padres ausentes. Nunca será una verdadera familia cualquiera institución que no sea la familia, porque la familia es algo natural, inventado por el Dios Creador, y los demás, ha sido inventado por los hombres.
En efecto, el Dios Creador, en su sabiduría divina, invitó primero al hombre y a la mujer a unirse. Los invitó a sellar su amor de pareja, siendo los dos una sola carne. Pero al mismo tiempo los invitó para que de esta unión amorosa, surgiera la vida de los hijos. Según Dios, pues, el amor de los esposos, necesariamente debe llevar a procrear hijos. Y los hijos, necesariamente llevan a formar una familia, porque los esposos no se aman si no aspiran a ser padres, y no aman a los hijos si con ellos no buscan formar una familia, donde los hijos que nacieron pequeñitos tengan el mejor espacio para crecer y desarrollarse.
Pero el acto de fecundidad humana no tiene su centro ni su fin en el disfrute sexual de la relación, su verdadero y único fin es engendrar un hijo.
La atracción placentera, diríamos, pues, que en el ser humano, es solo un estímulo para que el hombre y la mujer cumplan su misión de paternidad y maternidad.
En el ser humano, nunca será la causa última de la unión, el sexo por el sexo. El matrimonio no se entendería si no es en orden a la familia. Nadie debe casarse si no quiere formar una familia. El amor mutuo de los novios no basta para casarse según el proyecto divino. Definitivamente, en último término, el deseo de formar una familia es quien decide la idoneidad de quienes se casan. Sin hijos, no hay matrimonio. Y sin hijos, tampoco hay familia. Matrimonio y familia son los extremos de una misma vara. Son dos realidades que se incluyen y se necesitan para poder realizarse plenamente.
Sin embargo, esto no quita que de hecho, muchos esposos, después de casados, la naturaleza o las circunstancias, les nieguen la oportunidad de ser padres. Ellos seguirán sintiendo el deseo de serlo como el más genuino anhelo de su ser y de su corazón y su matrimonio siendo matrimonio porque nunca dejarán de tender a este noble fin, aunque su amor de esposos nunca llegue a él.


Suplemento:
2.- De la comunidad matrimonial a la comunidad familiar
El mismo nacimiento de un ser humano, expresa que venimos de una madre y de un padre que nos engendraron. La misma indigencia en la que nacemos, nos hace totalmente dependientes, sobre todo de la madre. No podemos sobrevivir solos, mucho menos desarrollarnos y llegar a la madurez. Ocupamos siempre unos padres, una familia. Detrás de un hijo siempre habrá unos padres.
Naturalmente el ser humano, desde que es engendrado, va descubriendo la relación íntima que guardará con sus padres. Y los padres, por propia experiencia reconocen que también dependieron de sus padres y salieron de una familia. Pero no solo eso, también saben, que el mismo matrimonio, fue la unión de un hombre y una mujer en orden formar una unión más numerosa y profunda con los hijos: la familia. Así que, la familia es la primera comunidad y la comunidad por excelencia.
Hay, pues, una relación íntima entre el matrimonio y la familia, porque el matrimonio funda la familia y la familia es el último fin del matrimonio.
Por este motivo, según sean los esposos, lo será la familia. Por esto, debemos ocuparnos de los esposos para luego no preocuparnos de la familia. Por esto, no puede haber buenos padres, si antes no son y fueron, buenos esposos. Los mismos esposos deben prepararse a ser padres, no desde una sexualidad irracional, sino desde un amor comprometido y maduro.
La preparación de los jóvenes al matrimonio nos abre a la esperanza de una familia bien integrada e integradora de otras familias. Por eso, sabedores de que el matrimonio es la piedra angular de la familia, debemos todos, ocuparnos de preparar a los jóvenes al matrimonio. La misma familia donde viven, será la primera escuela para el matrimonio, de palabra y de obra. Porque, lo que hoy pongamos en el corazón de los jóvenes sobre el matrimonio y la familia, es lo que mañana buscarán en él. Y ciertamente los jóvenes, en lo noviazgo, cada vez se ven menos interesados en cultivar el verdadero amor. Y más interesados en experimentar el amor sensual.
La familia como primera comunidad, encuentra en el matrimonio el sustento, para ser el espacio vital. No solo, como espacio vital en el que se transmite la vida de los padres al hijo, sino también se dice que es espacio vital, en cuanto ahí el ser humano recibe, además de casa, vestido y sustento, también recibe educación, aprendizaje y capacitación. En ningún otro espacio humano, como en la familia, el ser humano puede encontrar a los mejores maestros, ni la mejor atención y cuidados. Los padres que se comportan como tales, atienden las 24 del día a sus hijos; viven continuamente interesados en su bien. Trabajan para ofrecerles lo mejor que pueden. Realmente ninguna otra comunidad humana, más que la familia está dispuesta a servirse y a entregarse totalmente por amor, que la familia.
Por todo esto, concluimos que si preparamos bien a los novios para el matrimonio, tendremos excelentes familias; que de un matrimonio lleno de amor a la vida depende la familia; que solo en un matrimonio indisoluble puede edificarse sólidamente una familia feliz, con un desarrollo y crecimiento sostenidos.
En este tema se pretende valorar el matrimonio, tanto en cuanto natural como en cuanto religioso como: 1.- La sociedad natural perfecta. 2.- Que fue inventada por Dios. 3.- Y que es el espacio ideal para la vida familiar.

3.- El amor hace la familia
El principio interior, la fuerza permanente y la meta última del matrimonio es el amor que tiende a formar una comunidad de vida, como Dios vive dentro de si, y como quiere vivir con nosotros, como una familia que ama siempre. Es, pues, el amor el que hace que las personas vivan en comunidad. Por eso, sin el amor la familia no puede vivir, crecer y perfeccionarse como comunidad de personas. El origen de toda familia siempre será el amor matrimonial, porque del amor de los esposos surgen los hijos que convierten a los esposos en padres amorosos.
El amor paternal es la continuación del amor de los esposos, y se demuestra plenamente en el amor a los hijos.


3. El hombre necesitado del amor familiar
Sabemos que el hombre no puede vivir sin amor. Su vida se priva de sentido y se convierte en un ser incomprensible si no le es revelado el amor; si no se encuentra con el amor; si no lo experimenta y no lo hace propio; si no participa vivamente en él. Y el único lugar privilegiado para vivirlo es el matrimonio que da origen a la familia. Definitivamente el amor que pueden vivir los hijos dependerá sustancialmente del amor que vivan sus padres como esposos: “Un buen esposo será un buen padre”

Suplemento:
Del amor esponsal al amor filial y familiar
El único fin del matrimonio es el amor conyugal abierto a la vida. Abierto a los hijos. Como Dios es amor, los esposos deben ser amor y la familia debe ser amor. Por eso, desde el primer instante en que un ser humano es concebido, va todo envuelto en el amor. Si no de sus padres, sí del amor de Dios que, junto con los padres, engendra a cada ser humano. Nadie, puede negar, pues, que es fruto del amor. De ahí que se ocupen tres para el matrimonio.
Si el amor es el que hace el matrimonio y forma la familia, el amor hace que la familia quede encendida en el fuego del amor; que la familia sea una hoguera, sea un hogar.
El calor de un hogar lo da, pues, el amor de los esposos y padres. El amor será determinante para que el matrimonio se convierta en familia. Pero, en primer lugar, se necesita que los esposos quieran a los hijos antes, en su mente y en su corazón, para luego poder engendrarlos. Tal y como la Virgen María concibió a su hijo Jesucristo. Ella, pues, primero aceptó tenerlo y después “lo acogió con inefable amor de madre”. Los nueve meses de gestación, son para los padres, la preparación amorosa para recibir al hijo en familia; o para prepararse a ser familia. Por eso, un hijo no deseado hace aparecer a los padres como asesinos fallidos y padres a fuerzas.
Además, cuando los esposos se abren a la vida de un hijo, su amor crece y se hace una comunidad mayor porque el amor verdadero siempre tiende a formar una comunidad con todos. Dios que es amor, al crear, quiere formar una gran comunidad con todas sus creaturas. El ser humano está llamado a vivir en comunidad de vida y de amor con Dios, para siempre. El desear tener hijos, amor paternal y maternal, hace mejor el amor conyugal porque los hace más capaces de dar y de darse; porque los abre a la posibilidad de ser amados por alguien más. De tal manera, que siempre sucederá que al dar los esposos, es más lo que reciben, en los hijos.
De esta forma se entiende que la familia no es otra cosa que un espacio de amor, donde cada uno de los que vive en ella, da y recibe. La capacidad de amar, de los esposos, se mide en su amor a formar una familia. Y la familia, receptáculo del amor de todos, siempre será la palestra donde todos se capacitan para el amor.
En resumen, el amor de los esposos es la necesaria premisa y plataforma desde la que se han de lanzar para alcanzar la felicidad de una familia. El amor de los esposos, se prolonga realmente en el amor de los hijos, que da amor y recibe amor. La familia es la escuela del amor, donde no solo se vive el amor y del amor sino se enseña a amar, hasta dar la vida por quienes se ama. En la familia amando se enseña y enseñando se ama.

4.- La familia, comunidad permanente
La más amplia comunión de la familia se origina de la primera comunión indisoluble de los esposos que los hace una sola carne. En esta primera comunión matrimonial se fundamenta la más amplia comunión de la familia: de los padres y de los hijos, de los hermanos y las hermanas entre si, de los parientes y demás familiares.
Es tan fuerte esta comunión familiar que nadie la puede disolver porque son vínculos naturales de la carne y de la sangre. Pero debe ir más allá en su desarrollo esta comunión. Debe buscar perfeccionarse y madurar, estableciendo entre los miembros, vínculos todavía más profundos y ricos como son los del espíritu. Y la tarea de comunión que iniciaron los esposos debe asumirse como tarea de todos los miembros de la familia, cada uno según su propio don, tienen la gracia y la responsabilidad de construir, día a día, la comunión que iniciaron los esposos y debe asumirse como tarea de todos los miembros de la familia. Cada uno según su propio don, tiene la gracia y la responsabilidad de construir, día a día, la comunión de las personas, haciendo de la familia una escuela más completa y rica.

Retroalimentación
3.1.- ¿Qué nos dice la Palabra de Dios?
3.2.-¿Qué nos dice el catecismo universal de la Iglesia?

4.- CONFRONTACIÓN CON LA REALIDAD
Para nuestras familias es importante el matrimonio.
No es importante hacer la prueba, anticipando las relaciones sexuales.
Para algunos, se vive mejor sin casarse, por eso viven en “unión libre”
En nuestra diócesis hay más de 2000 casos de matrimonios que quieren que se declare nulo su matrimonio por la Iglesia.
Porque el ambiente familiar propicia que salgan los hijos a corta edad, esto ha hecho que se casen a temprana edad, sin la capacidad de tomar una decisión madura y comprometida.
Aumenta el número de hijos fuera del matrimonio que mal se integran a otra familia.
Hay mucho desconocimiento del sacramento del matrimonio, en cuanto a sus fines, exigencias y deberes.
La emigración de las familias a las grandes zonas urbanas ha hecho que se pierdan más los vínculos con las otras familias, parientes y vecinos, provocando aislamiento con las nuevas familias con las que ahora cohabitan.
Las relaciones interfamiliares cada día son más pobres porque hay pocos espacios de convivencia de todos los miembros de la familia.
El trabajo, en lugares distantes donde se habita, están haciendo del hogar, prácticamente, el dormitorio para el esposo y padre de familia y para los hijos jóvenes y adultos.
La necesidad económica está obligando a las amas de casa a trabajar fuera de ella, dejando el hogar en momentos fuertes sin su presencia educadora.
La identidad sexual, por imitar permanentemente a los padres de familia, la van adquiriendo sanamente los hijos.
La relación entre hermanos es rica y educadora para una sana convivencia.
Nuestras madres alteñas, aunque cada vez menos, perseveran en los hogares, educando en la fe a sus hijos y enseñándolos a rezar.
Nuestros padres alteños sienten todavía como un deber, corregir y amonestar a sus hijos a lo largo de toda su vida.
Muchos papás disfrazan la ira contra sus hijos, presentándola como un regaño correctivo.
La familia alteña conserva aún y cultiva dentro del hogar los valores cristianos y humanistas como son la fraternidad, la solidaridad, la comunicación amistosa, la corrección fraterna, etc.
En algunos hogares, debido sobre todo a las machismo y alcoholismo, se ejerce la violencia del varón contra la mujer y los menores de edad.
La gran ilusión de muchos jóvenes alteños es formar una familia para realizarse y ser felices.
Se recurre a los horfanatorios y otras instituciones que pretender hacer las veces del hogar, cuando faltan los padres, o están en situaciones imposibles de atender a la familia, o tienen que trabajar fuera de casa.
Algunos padres de familia facilitan a sus hijos para que acompañen a los abuelos, sin buenos resultados para su educación.
Los esposos alteños aspiran, la mayoría, a tener casa propia. Ven mal y peligroso, vivir varias familiar en una misma casa.


Retroalimentación
¿Qué hechos positivos y negativos de los mencionados se dan en nuestra comunidad y cuáles faltan?

5.- LOS DESAFIOS Y COMPROMISOS QUE NOS PLANTEA
5.1.- ¿Qué desafíos, como Iglesia diocesana nos está planteando esta situación que hemos reflexionado?
5.2.- ¿Qué debemos hacer en nuestra parroquia para responder adecuadamente?
5.3.- ¿A qué compromiso personal nos lleva?

6.- Celebrando nuestra fe
(Indicaciones para la celebración conclusiva: Pasará al centro, una familia, y se tomarán de la mano. También pasará un niño con una vela encendida y una niña con un corazón muy visible. Puede ser de papel.)
CATEQUISTA:
Dios en su providencia de Padre, ha querido hacer nacer a los hombres en el seno de una familia. Más, aún, quiso que su Hijo Jesús también naciera y viviera en el seno de una familia. Pidamos a ese Padre Bueno que, cada vez que nos reunamos a celebrar la Eucaristía, reforcemos nuestro amor por la familia, como familia que somos siempre, pero más especialmente cuando participamos en Misa. Digámosle, pues, como una sola familia:
R.- Padre nuestro...

CATEQUISTA:
Oh Dios, de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra; Padre, que eres Amor y Vida, haz que cada familia humana sobre la tierra se convierta, por medio de tu Hijo Jesucristo, “nacido de Mujer”, y del Espíritu Santo, fuente de caridad divina, en verdadero santuario de la vida y del amor para las generaciones que siempre se renuevan.

HOMBRES.
Haz que tu gracia guíe los pensamientos y las obras de los esposos hacia el bien de sus familias y de todas las familias del mundo.

MUJERES:
Haz que las jóvenes generaciones encuentren en la familia un fuerte apoyo para su humanidad y su crecimiento en la verdad y en el amor.

HOMBRES:
Haz que el amor, corroborado por la gracia del sacramento del matrimonio, se demuestre más fuerte que cualquier debilidad y cualquier crisis, por las que a veces pasan nuestras familias.

CATEQUISTA:
Haz, finalmente, te lo pedimos por intercesión de la Sagrada Familia de Nazareth, que la Iglesia en todas las naciones de la tierra pueda cumplir fructíferamente su misión en la familia, y por medio de la familia.
Tú, que eres la Vida, la Verdad y el Amor, en la unidad del Hijo y del Espíritu Santo.
R.- Amén.

Canto final: Juntos marchamos a Ti, hacia el altar, hacia el amor....


Familia