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DIGNIDAD Y VOCACIÓN DE LA MUJER
-Sr. Cura Jaime E. Gutiérrez Gutiérrez-
PRESENTACIÓN
“El tema de la mujer, no es un foro solo para mujeres”
Porque somos un solo corazón, el hombre y la mujer; y porque la humanidad
la conformamos los dos. Por encima de cualquier condición (ser hombre
o mujer), indistintamente podemos y debemos exaltar y promover la dignidad y
vocación de ambos.
“Hay una sola dignidad para hombres y mujeres”
Pero no se vale exaltar la dignidad y vocación de la mujer, restringiendo
y reduciendo la del hombre, ni lo contrario; porque la dignidad y vocación
son del ser humano, sean hombres o mujeres.
“La sexualidad está en orden a la complementariedad del hombre
y la mujer”
Tampoco se debe plantear la dignidad y vocación de la mujer, contrapuestas
a la del hombre y en abierta oposición; como si fueran antagonistas.
Todos sabemos que el proyecto del Creador fue, y sigue siendo, que los dos sean
un solo corazón; una comunión de personas; y emprendan, como coprotagonistas,
una común misión.
“Liberación, sí; libertinaje, no”
También sería contradictorio plantear la dignidad de la mujer
y su vocación, en orden a una “liberación femenina”
o “feminismo” que reclame derechos sin derecho (como el de abortar),
o exija a la sociedad, libertades que más la esclavicen y denigren a
la mujer, como sería: elevar al rango de matrimonio, una pareja de mujeres;
o al rango de trabajo honesto, la prostitución (mal llamado sexo servicio),
o reivindique para ella, trabajos que le exijan renunciar a sus tareas tan importantes
del hogar y de la educación de sus hijos, para estar a la par con el
hombre como trabajador.
Sin embargo, hoy en día, sigue siendo una urgencia, reflexionar, recalcando,
la dignidad y vocación de la mujer, porque, entre nosotros, la mujer
mexicana, y por ende, la alteña, “no han logrado una igualdad ni
de derecho ni de hecho con el hombre (cf. GS n.9)
SITUACIÓN
“Los atentados contra la dignidad de la mujer, problema de todos”
Los condicionamientos más fuertes que impiden en nuestra sociedad alteña
que nuestras mujeres sean lo que Dios quiso que fueran y cumplan plenamente
su vocación, son varios y no distintos a los que padecen las mujeres
en todo el mundo, en diversas escalas y niveles y en graduaciones diferentes.
“¿La mujer a semejanza del hombre?”
El MACHISMO, como una cultura ancestral que marca nuestros pensamientos, actitudes
y comportamientos, es quizá la piedra fundamental que ha marcado una
desigualdad e inequidad, de hecho, entre el hombre y la mujer.
De esta desigualdad, brotan todos los males para la mujer frente al hombre.
En efecto, el hombre varón, cree que solo él fue hecho por Dios
a su imagen y semejanza. Y la mujer, a imagen y semejanza del hombre (como a
primera vista pareciera justificarlo el segundo relato de la creación
del ser humano, al sacar a Eva de Adán).
“¿La mujer, un hombre imperfecto?”
Desde esta falsa creencia, la mujer resultó ser un hombre imperfecto
y totalmente dependiente del varón. La mujer se verá como una
mera compañía (no una compañera) adecuada, para que el
hombre no estuviera solo; y para ayuda del varón (la mujer sí
estará al servicio del varón, pero el varón no necesariamente).
“¿Solo la mujer al servicio del hombre?”
De esta forma entendida la mujer, parece que nace, según el varón,
para satisfacer las necesidades (y las necedades también) del varón.
Su vocación esponsal queda distorsionada, porque más que ser la
compañera del hombre, se ocupará en ser la madre de sus hijos.
Para ella no habrá espacios como mujer; y el de esposa será, sobre
todo, en orden a ser madre. Nunca será una pareja “pareja”.
Su lugar siempre será el hogar, quedando sutilmente integrada al paisaje
de los animales domésticos, como el más indispensable de ellos.
El varón la verá como una fiel servidora suya. Una ayuda, poco
mutua, desigual y en desventaja para la mujer. En el mejor intento de dignificarla,
el varón tomará a la mujer como lo más semejante a él,
pero siempre inferior a él.
“¿La fuerza del hombre, exige dominar a la mujer?”
Este comportamiento machista se acentuará, apoyándose el varón
en la diferencia física que hace al hombre más fuerte que la mujer
y ante la mujer. Desde esta experiencia dominadora y dominante, el hombre se
planteará ante la mujer y para la mujer, como cabeza, unilateral y dictatorialmente,
convirtiendo así a la mujer, prácticamente en esclava sin cadenas.
La mujer, por voluntad del hombre, será la reina del hogar pero esclava
del hombre. La mujer, pues, desde esta óptica machista, nació
para obedecer y estar sujeta al hombre; y solo manda, obedeciendo al hombre.
Por eso, para los judíos varones, una de las primeras oraciones del día,
era agradecerle a Dios no haber nacido mujer.
“¿El trabajo tiene sexo?”
Como consecuencia de esta mentalidad, se explica por qué el hombre excluyó
a la mujer de todas aquellas tareas que implicaban ser la cabeza, vgr. Gobernar.
Para ellas quedarían como únicos espacios de realización:
la fe, el arte y lo doméstico. También, se redujo su racionabilidad,
a las intuiciones, a las emociones y a los sentimientos.
Históricamente, se le vio a la mujer, como incapaz para las tareas de
gobierno y raciocinio. Por eso, se le negó el acceso a la política
y al estudio, entrando así en un círculo perverso, donde se le
juzgaba incapaz para ciertas tareas (como la política y la ciencia, etc.)porque
era inhábil; y era inhábil porque nunca se le dejaba ejercer dichas
tareas. La prueba es que, hoy en día, que la mujer ha ido conquistando
los espacios, que injustamente, solo estaban reservados al varón, ha
demostrado plenamente su igual capacidad para todo quehacer humano. (¿Por
qué no, una mujer para presidenta de México?)
“¿La sexualidad, una oposición entre el hombre y la mujer?”
El machismo, al plantear, de hecho, una desigualdad esencial entre el hombre
y la mujer, y al presentar, la diferencia entre el hombre y la mujer como una
oposición inequitativa, donde domina uno de los dos (casi siempre el
hombre), ha provocado que la mujer sea discriminada, marginada y hasta esclavizada,
como propiedad del hombre. (En Chiapas los hombres venden a sus mujeres; la
violencia contra la esposa retrata fielmente esta mentalidad de dominación;
igualmente la infidelidad conyugal del hombre, signo de prepotencia).
“¿Los mismos derechos para el hombre y para la mujer?”
También ha provocado que los derechos de la mujer siempre estén
controlados por el hombre y restringidos, cuando no, anulados, según
su voluntad. (Un caso evidente, en México, es el derecho a votar y ser
votadas las mujeres para cargos públicos, que apenas hace 50 años,
se les concedió; las leyes laborales, en México, anulan los derechos
de la mujer, en la práctica).
“¿La mujer, el sexo débil?”
Pero el machismo, no solo plantea al varón como superior a la mujer,
sino que plantea la sexualidad, solo como diferencia, y nunca, como una complementariedad
y comunión de personas. Desde la óptica del pecado original (por
cierto, pecado de ambos), el machismo plantea la sexualidad: como una atracción
fatal que experimenta la mujer hacia el hombre, en la que el hombre intenta
dominarla. Por esta atracción, a la mujer se le identificará como
“el sexo débil”. Esta afirmación, dice algo más
de lo que dice, porque ya está reduciendo a la mujer, a su dimensión
sexual. La mujer es sexo.
“¿Inferioridad sexual de la mujer?”
Pero no solo reduce a la mujer a ser sexo, sino que considera la sexualidad
de la mujer, inferior a la del hombre, porque es pasiva y receptiva. En la mente
del varón, solo la mujer puede ser violada, y sin embargo debe ser virgen,
en tanto que el hombre debe ser siempre burlador de mujeres e infiel. En la
relación sexual, solo contará la voluntad e iniciativa del hombre.
La infidelidad matrimonial, socialmente hablando, parecerá menos defecto
en el hombre que en la mujer. En la mujer será doble pecado, porque aparte
de la infidelidad, una mujer infiel, increíble, se atreve a tener iniciativa
sexual, campo exclusivo del varón (El gallo puede andar suelto, pero
las gallinas no. Una falta sexual, en el hombre será una ligereza, según
el código moral machista, y en la mujer, un pecado, tan grave, que implica
la excomunión familiar y la discriminación social).
“¿El amor es solo sexo?”
Este modo equívoco y reduccionista, de entender a la mujer, ha hecho,
a lo largo de la historia, que la mujer se le vea como objeto sexual, pasando
así de sujeto a objeto y de persona a cosa. De este modo, la búsqueda
de comunión a la que están llamados los dos, por parte del hombre,
será solo una comunión sexual, casi forzada, reduciendo de este
modo, el amor humano, a su más bajo grado: el amor sexual. Pero no solo
de sexo se hace el amor humano.
“El doble fin del amor esponsal”
Desde el machismo, el doble fin del matrimonio, queda distorsionado y desenfocado,
porque el amor, será solo el sexo y el sexo será solo el fin del
matrimonio. Perderá todo su sentido, ser una comunión de personas,
donde el amor abarque todas las dimensiones y facultades del ser humano y quede
siempre abierto a la vida; a la familia, el otro fin del matrimonio. Tan unidos
están ambos fines que no se puede decir que sea, ni verdadero ni pleno
el amor, si se reduce a lo sexual; ni se puede decir que sea una verdadero amor
matrimonial, si no se abre a la vida; si se niega a tener hijos.
“Los efectos del machismo en lo sexual”
La prostitución, la violación, las madres solteras, la infidelidad
matrimonial y el frecuente ausentismo y abandono de la familia, son efectos
de un machismo, que redujo el amor al sexo, y el sexo al placer, siempre a la
plena voluntad del hombre. En este catálogo de atentados contra la dignidad
humana, hay que reconocer que es la mujer quien más sufre porque, aparte
de ser la mayoritariamente victimada, es quien tiene más capacidad para
acoger la vida desde su concepción hasta la misma muerte.
“¿Solo maternidad sin paternidad?”
También el machismo al exaltar la maternidad como la única vocación
de la mujer, mañosamente no habla de la igualdad que debe haber entre
maternidad y paternidad que empiezan ambas en la concepción de un hijo
y nunca terminan. Ninguno tiene exclusividad en la paternidad o en la maternidad.
No es patrimonio de la mujer. Simplemente es vocación de los dos, vivida
por cada uno según su sexo.
Reducir la paternidad del hombre a la fecundación, sería una paternidad
sumamente irresponsable, aunque también se comprometa a la alimentación
de la prole. Más aún, no puede ser plenamente madre la mujer,
si el hombre no ejerce su paternidad. Tan necesaria es la madre como el padre
para los hijos. No se debe exaltar a la mujer como madre, a costa de exentar
al hombre como padre. Los deberes y derechos de la maternidad son los mismos
que de la paternidad. El privilegio de gestar la madre, en su vientre, al hijo
de los dos, no le otorga a la mujer madre un mayor derecho y al hombre un menor
deber. Tampoco le da algún derecho más, a la mujer madre, sobre
el hijo que al padre. Ni a los dos sobre el hijo, sobre todo si quisieran decidir
sobre la vida del no nacido. El aborto no es un derecho de los padres, mucho
menos de la mujer.
“Algunos efectos sociales del machismo”
Pasando a otro de los efectos del machismo que atenta directamente contra la
dignidad de la mujer, diremos que la mujer en el campo laboral y profesional,
aquí en México, sufre una inequidad de género. En el hogar
no se le reconoce su trabajo doméstico, ni educativo familiar, como un
verdadero trabajo, solo porque no es remunerado económicamente. Con frecuencia
no hay comunión de bienes entre los esposos. Y a la mujer se le da dinero,
no se le comparte, como si fuera un favor del esposo y no un derecho de la mujer.
Cuando la mujer trabaja fuera del hogar, las tareas domésticas se consideran
como responsabilidad única de la esposa.
Fuera del hogar, la mujer con frecuencia sufre el acoso sexual en el medio laboral.
Percibe sueldos inferiores al hombre por ser mujer. Se le rechaza por la condición
de su maternidad. Con mucha dificultad puede acceder a cargos de poder político
o empresarial. La política sigue favoreciendo al hombre por ser hombre.
La justicia es más sorda para atender la demanda de las mujeres (Las
muertas de Juárez). A la Iglesia Católica también le ha
faltado voz para promover la dignidad y vocación de la mujere contra
una cultura machista. En los casos de conciencia, como serían el aborto,
la planificación familiar, el divorcio y la separación temporal
del esposo, etc., no ha tenido claridad su mensaje, ni unidad en los pastores
que lo dan, gravando más la conciencia de las mujeres, las únicas
que buscan orientación.
PRINCIPIOS SOBRE LA DIGNIDAD Y VOCACIÓN DE LA MUJER
“El ser humano sexuado”
1.- El ser humano, máximo eslabón del reino animal, fue creado
sexuado. Es decir, como hombre y como mujer. Fue creado en una diferencia que
también es igualdad. Es decir, el hombre y la mujer son diferentes solo
por el sexo; y es una diferencia accidental como podría ser el color
de la piel (material); pero iguales, por poseer, ambos, una misma e igual naturaleza
humana. Ambos la poseen en el mismo grado. De suerte que no es más el
hombre por ser hombre ni lo es menos la mujer por ser mujer. La dignidad del
hombre es la misma que la dignidad de la mujer. Ninguna da fundamento a la otra.
Y por lo tanto, tampoco puede hacerse dependiente uno del otro. Ambos se fundamentan
en su Creador. (Los católicos afirmamos la dignidad humana, diciendo
que Dios los creó a los dos, como hombre y como mujer, a su imagen y
semejanza).
“Creados para vivir en comunión”
2.- El hombre y la mujer fueron creados para vivir en comunión de personas.
Hay, pues, una complementariedad que los orienta uno hacia el otro. El hombre
y la mujer nacieron para encontrarse; para formar una comunidad de vida y de
amor. (La Biblia dirá que Dios los hizo para ser los dos un solo corazón).
Aquí queda muy clara cuál es la vocación del hombre y cuál
es la vocación de la mujer: ser los dos un solo corazón. De este
principio, pues, se desprende que no podrá realizarse ni el hombre sin
la mujer, ni la mujer sin el hombre. Y que todo afán de dominación
del hombre o de la mujer, atentará directamente contra su dignidad que
los hizo iguales y contra su vocación que es común y recíproca
a la vez.
“El matrimonio, comunión de amor y de vida”
3.- El fin de la comunión entre el hombre y la mujer será la comunidad
de amor y de vida; donde el amor no se debe reducir a lo sexual y la paternidad
no debe ser tarea principal o exclusiva de la madre. Porque el amor humano no
es solo sexual, sino integral, ya que abarca todas las dimensiones del ser humano
hasta la espiritual. Y porque la paternidad responsable es tarea común
del padre y de la madre, sin que ninguno sea más o menos responsable,
ya que los dos son igualmente padres de sus hijos.
“Doble paternidad”
4.- Los hijos son obra del padre y de la madre, cuya paternidad y maternidad
inician desde la fecundación y no termina jamás. Aunque el hijo
se geste durante 9 meses en el seno de la mujer, no hace que el padre sea menos
padre de su hijo que la misma madre. Esto no quita que los hombres reconozcamos
la deuda especial que contrajimos con la mujer que fue nuestra madre, al ofrecernos
desde sus entrañas una comunión más íntima de vida.
La mujer es, pues, madre como mujer y el padre como padre; pero ambos tendrán
que ejercer la paternidad y la maternidad, con el mismo derecho y con igual
deber. Es preciso reconocer que en los hechos, las mujeres ordinariamente, han
sabido ser más y mejores madres, que los hombres, padres.
“Una misión común”
5.- Inspirados en estos principios capitales, la misión de dominar la
tierra, transformándola hasta llevarla a su plenitud, es misión
del hombre y de la mujer, en igual derecho y en igual deber; misión que
no se puede realizar plenamente si el hombre no le devuelve a la mujer, los
espacios, áreas y tareas que, indebidamente había hecho solo suyas.
Todas las tareas son del hombre y son de la mujer, sin que se deba excluir de
ellas, uno al otro, fuera de la gestación que es prerrogativa solo de
la mujer.
El trabajo, pues, no tiene sexo, aunque sí puede condicionarse por el
sexo y pueda realizarse más satisfactoriamente según sea el sexo.
En todo caso, a nadie da derecho, ni al hombre ni a la mujer, de prohibir al
otro, un determinado oficio o actividad, sea cual fuere ésta.
CONCLUSIÓN
“Como creyentes católicos”
Desde la fe católica, y todavía con mayor precisión desde
la Biblia, decimos que a partir de la primera página del Génesis
hasta la última del Apocalipsis, la mujer no es solo presentada como
igual en dignidad que el hombre, con una misma vocación de comunión
y con una misión común, sino que es anunciada proféticamente
UNA MUJER, como el arquetipo de todo ser humano, el perfecto ejemplo de ser
humano en plenitud y la máxima representante de la humanidad entera.
Ella es MARIA, la mujer clave de la historia de la salvación y la Madre
de Dios, que superó todas las expectativas del espíritu humano.
Desde esta veneración mayor a María, llamada hiperdulía,
la Iglesia Católica ve a las mujeres en María; y lucha por colocar
en su justo sitio la dignidad y vocación de la mujer, tal y como lo hizo
Jesús. Sin embargo, nos falta más voz y un apoyo más decidido
a las mujeres, como mujeres, esposas y madres.
“Como varones ciudadanos”
Debemos reconocer, los hombres, que la historia nos reclama una larga letanía
de atentados contra la dignidad de la mujer y sus derechos, perpetrados por
nosotros los hombres.
Y no quiero terminar, sin antes reafirmar, como sociedad y como hombres, nuestro
compromiso a favor de la dignidad de la mujer:
1.- No caer en un falso feminismo que se limita solo a celebrar cada 8 de marzo,
el día internacional de la mujer. Que sería exigir “a partes
iguales”, por equidad de género, puestos políticos, solo
por ser mujeres; y no por ser capaces (Que gobiernen los más capaces,
sean hombres o mujeres). Que sería luchar por reivindicaciones antinaturales
y contrarias a la mujer porque denigran a la mujer, haciendo más grave
la solución que el problema.
2.- Promovamos, pues, un feminismo humanista que defienda la maternidad y las
obligaciones que conlleva, valorando la maternidad positivamente siempre. Promovamos
un feminismo que recalque la trascendencia que tiene, el dedicarse a la formación
de los hijos, empezando por las mismas madres que renuncian a ello, para dejárselo
a otras mujeres, a cambio de parecerse más a los hombres como profesionistas.
Promovamos un feminismo que dignifique las tareas de ama de casa, tan nobles
como cualquier otra tarea humana. Promovamos un feminismo que concientice a
los niños y jóvenes de hoy, para que superando el desprecio a
la mujer, ellos mismos promuevan el día de mañana una sociedad
donde no quepa ni el machismo ni el feminismo viciosos.
Ojalá que estos nuevos tiempos de mayor conciencia, y la misma voz de
las mujeres, nos ayuden a devolverles su justo lugar.
Familia
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