Hoy Sábado, 22 de noviembre de 2008 | 00:51

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CARTA A LAS FAMILIAS DE LA DIOCESIS DE SAN JUAN DE LOS LAGOS

Saludo

Que Jesús Eucaristía, luz y vida de las familias, las transforme en Iglesia doméstica y sacramento de amor.

La Semana de la Familia y el próximo XLVIII Congreso Eucarístico Internacional

Muy próximos a celebrar el XLVIII Congreso Eucarístico Internacional en la ciudad de Guadalajara, tendremos la oportunidad de vivir en nuestras comunidades, como todos los años, la Semana de la Familia.
Nos llena de gozo y de esperanza, el poder hacerlo en los mismos días de octubre, porque sin duda ambos eventos nos llevarán a jornadas intensas de reflexión y de oración que culminarán siempre con la Eucaristía, luz y vida del nuevo milenio.
Además, en los pasados días el santo Padre Juan Pablo II, acaba de anunciar un Sínodo de Obispos (Octubre 2005), para ocuparse de la Eucaristía, que no solo debe ser el centro de la vida cristiana, sino que será el centro de la reflexión de todos los cristianos, para conocerla mejor; conociéndola, amarla más; y amándola, vivir siempre de ella.

Eucaristía y Familia

Dentro de este magno evento eucarístico queremos nosotros ya participar, reflexionando en la Semana de la Familia, desde la Eucaristía; Tomando como nuestro lema: “La Eucaristía, luz y vida de la familia”.
Desde ahora, queremos resaltar la íntima relación que guardan la Eucaristía y la Familia. Las dos son la expresión más genuina de comunidad. La primera en el orden de la gracia, y la segunda en el orden natural. Por eso, no ha dudado la Iglesia en llamar a la familia, Iglesia doméstica, ni tampoco ha dejado de afirmar que la Eucaristía hace a la Iglesia en el aquí y en el ahora.
Igualmente, ambas, se centran en el amor, hasta ser definidas por la Liturgia como Sacramento del Amor.
El mismo espíritu sacrificial que marca la Eucaristía en la nueva alianza, con la donación total que hace Jesucristo hasta dar la vida por nosotros, invita a los esposos a vivir su alianza, nueva, desde las Bodas de Caná, en la que el Señor ofrece a los esposos el vino del amor que los llevará, también como Él, a una entrega total y a una permanencia en el amor, para hacer indisoluble su alianza.

La prioridad de la familia en la Iglesia

Para nosotros los pastores de la Iglesia universal, siempre unidos al Papa, cabeza visible de la Iglesia, la familia ha sido y será una prioridad pastoral naturalmente necesaria. Dicho interés está expresado en los grandes documentos del magisterio del Papa y de los Obispos a nivel latinoamericano, nacional, regional y diocesano, donde la familia aparece siempre como el motivo de nuestra más grande preocupación.
Recientemente, en Monterrey (mayo 2003), todos los obispos mexicanos nos pronunciamos a favor de una pastoral familiar como tarea prioritaria y vertebral de nuestras Iglesias diocesanas. Ahí reafirmamos la urgencia de involucrar más a nuestros sacerdotes y fieles en este trabajo.
Por eso, en la XIII Asamblea Diocesana de Pastoral, en junio, presenté las luces y sombras de nuestras familias, concluyendo que debemos pasar de una pastoral coyuntural a una pastoral familiar verdaderamente sistemática e integral. Una pastoral familiar realmente eficaz, que llegue a la mayor parte de nuestras familias, hasta ahora, marginales; y tal vez marginadas de nuestros programas de pastoral.

La influencia nociva de los MCS en nuestras familias

Es preocupante y alarmante, no responder o responder a medias a los desafíos que nos plantea nuestra sociedad actual, porque nuestras familias, hoy más que ayer, sufren un impacto muy fuerte en contra de los valores cristianos, tradicionalmente vividos.
Hoy los medios masivos de comunicación, especialmente, la televisión, están presentando modelos de familia con graves desviaciones en puntos medulares, como la correcta identidad sexual para el matrimonio, que sigue exigiendo sea una alianza entre un hombre y una mujer; como la obligatoriedad de la indisolubilidad, para justificar el divorcio; como la exigencia del doble fin del matrimonio que, tácitamente, se reduce a la expresión meramente sexual del amor, con una apertura muy estrecha a la vida de uno, dos o tres hijos a los más; como el derecho a destruir la vida o a manipularla, antes de que sea dada a luz, confundiendo lo legal con lo ético.
Todas estas situaciones hacen a nuestras familias más vulnerables y más necesitadas de evangelización. Porque, si nosotros, los pastores y los demás agentes de pastoral familiar no hacemos algo ya, estamos condenándolas a su desintegración, con gravísimo daño para la sociedad y para la Iglesia, porque la familia sigue siendo la célula básica que hace posible la existencia de toda la sociedad.

Exhortación:

Quiero aprovechar el mensaje que doy anualmente a las familias de esta amada diócesis de San Juan, para exhortar, con más insistencia y detenimiento a cada uno de los que debemos sentirnos responsables de nuestras familias.

-A los esposos y padres de familia:

En primer lugar me dirijo ustedes, esposos y padres de familia, porque son la cabeza de la familia y el corazón del hogar. Les pido que valoren su propia familia como el tesoro más preciado que el Señor ha puesto en sus manos. Recuerden que su principal misión son sus hijos. Es urgente educarlos en la fe y en el amor, transmitiéndoles todos los valores humanos y cristianos que nunca deben pasar de moda.
No olviden que la familia es el mejor espacio para el desarrollo integral de sus hijos.
Esta nobilísima tarea a favor de sus hijos, además de ser un deber, también es un derecho que nadie les debe arrebatar. La Iglesia y el Estado siempre serán auxiliares y subsidiarios de ustedes; sobre todo hoy que las autoridades educativas están abriendo espacios para que los padres participen más activamente en la educación escolar de sus hijos, mediante las mesas directivas y la “escuela de padres”.
La participación decidida de nuestros padres de familia, agentes parroquiales, sin duda será una buena influencia para velar y defender los valores de la familia en la escuela.
También, quiero exhortarlos a seguirse preparando para ser mejores esposos y padres de familia. Sin duda su parroquia tiene “movimientos de familia” qué ofrecerles. Ahora más que nunca urge que se preparen, porque hay mucha confusión y desorientación sobre los grandes temas del matrimonio, la familia, el amor y la vida, en nuestra sociedad actual.
Participar en esta “Semana de la Familia” puede ser un buen comienzo para seguir reflexionado en los temas familiares dentro de algún grupo parroquial dedicado a ello; es también un buen ejemplo para motivar a los hijos a una preparación más seria para el matrimonio.
Ojalá que esta semana los deje motivados a seguir participando en otros eventos que les ayuden a ser mejores padres de familia.
No quiero dejar pasar por alto que, además de la reflexión, es muy necesaria la oración en familia y de la familia. Sigue siendo válido que “La familia que reza unida, permanece unida”. Sigue siendo una gran verdad que “la Eucaristía es luz y vida de la familia”.

-A los hijos de nuestras familias:

A ustedes niños y jóvenes, la razón de ser de toda familia, me dirijo desde mi propia experiencia de hijo. Y contemplando a Jesús, como el máximo modelo de Hijo, quien, desde su entrada al mundo quiso hacer la voluntad de su Padre, me dirijo, para invitarlos a cumplir con el primero de los mandamientos a favor del prójimo, que es amar a nuestros padres. Estoy convencido que, como Jesús, debemos someternos a nuestros padres, honrarlos, respetarlos y obedecerlos, para que logremos cada día crecer como Jesús, “en estatura, sabiduría y gracia”.
Los invito también a ustedes a participar en los grupos de adolescentes y jóvenes de la parroquia, para descubrir y madurar en su vocación. Ustedes tal vez son los más expuestos a la desorientación que reina sobre el verdadero sentido del amor, la sexualidad, el matrimonio y la vida humana.
Muy especialmente los invito, sobre todo, a aquellos que piensan más formalmente en el matrimonio, a que participen en los círculos de novios, para que maduren en el compromiso cristiano al que los llevará la alianza matrimonial a través del sacramento.
Los invito a no dejar la Eucaristía dominical, porque estoy seguro de que fortalecerá su vocación personal y los hará más capaces de una entrega generosa.

-A los sacerdotes, padres y pastores:

Finalmente me dirijo a ustedes sacerdotes, mis íntimos colaboradores en el ministerio pastoral; les pido que ejerzan su función con un amor especial hacia las familias de su comunidad.
Quiero que para ustedes también sea prioridad la pastoral familiar. Quiero que, como verdaderos padres, promuevan a las familias hasta llegar a ser de la parroquia una “comunidad de comunidades”.
Desde ahora, y en el nuevo plan de pastoral, quiero que tengamos un programa de evangelización completo para las familias y una pastoral familiar que extienda su acción sobre más y más familias, desde su preparación remota al matrimonio hasta la tercera edad.
Considero muy importante atender a los jóvenes casaderos en los círculos de novios; a los novios comprometidos en la catequesis presacramental, con unidad de criterios para todos; a los jóvenes esposos con un acompañamiento especial; a los esposos, con una catequesis que responda a todas sus necesidades y demandas; a los que viven en situaciones especiales, con una respuesta adecuada y respetuosa que los ayude a vivir como familia cristiana.
Exhorto, en fin, a todos los sacerdotes, a que la familia, también sea su prioridad y sientan la misma urgencia que sentimos toda la Iglesia, para atender a la familia en este siglo.
Para cumplir esta tarea con más eficacia y amplitud, es necesario que las familias sean agentes a favor de las familias. Los padres de familias son los mejores agentes.
Valoro y aplaudo el trabajo apostólico de todos los agentes de pastoral familiar y los sigo invitando a trabajar más por las familias.
Todavía hay mucho por hacer para que el Evangelio del amor y de la vida llegue a más familias de nuestras comunidades.

María, modelo y madre de las familias

María tuvo un papel decisivo en la Sagrada Familia, como esposa y madre, educadora de su hijo Jesús. Ella ilumina el camino que han de seguir nuestras familias. En su papel de esposa, madre e hija de la Iglesia, también es lección motivadora para todos.
Quiero terminar poniendo a nuestras familias bajo la especial protección de la Santísima Virgen María, en su advocación de San Juan. Ella, que a lo largo de más de cuatro siglos ha sido para nuestros pueblos, madre y abogada nuestra; estrella de la evangelización; camino seguro a Jesús Eucaristía.
Que la Santa Trinidad, paradigma de la familia, nos ayude a vivir cada día más esa comunión amorosa y total de las tres divinas personas a quienes damos gloria, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.


+Javier NAVARRO RODRÍGUEZ
Obispo de San Juan de los Lagos

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