Hoy Sábado, 22 de noviembre de 2008 | 05:24

INDICE

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Hora santa por la familia

Guía: En el Nombre del Padre y del Hijo...

 

 Lector 1: Dios no es un ser solitario, es una Familia formada por el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo y la Iglesia, pueblo santo de Dios, es la Familia de Dios en la tierra. La familia, a su vez, es imagen de Dios que «en su misterio más íntimo no es una soledad, sino una familia» (Juan Pablo II, Homilía en Puebla 2: AAS 71 p. 184). Es una alianza de personas a las que se llega por vocación amorosa del Padre que invita a los esposos a una «íntima comunidad de vida y de amor» (GS 48), cuyo modelo es el amor de Cristo a su Iglesia.

 

Lector 2: La «comunión» de las personas deriva, en cierto modo, del misterio del «Nosotros» trinitario y, por tanto, la «comunión conyugal» se refiere también a este misterio. La familia, que se inicia con el amor del hombre y la mujer, surge radicalmente del misterio de Dios. Esto corresponde a la esencia más íntima del hombre y de la mujer, y a su natural y auténtica dignidad de personas (Carta a las Familias, 8).

 

 Lector 1: "La familia misma es el gran misterio de Dios. Como «iglesia doméstica», es la esposa de Cristo. La Iglesia universal, y dentro de ella cada Iglesia particular, se manifiesta más inmediatamente como esposa de Cristo en la «iglesia doméstica» y en el amor que se vive en ella: amor conyugal, amor paterno y materno, amor fraterno, amor de una comunidad de personas y de generaciones" (Carta a las Familias, 19).

 

Lector 2: Por eso, hermanas y hermanos, vamos ahora a contemplar el Misterio de Cristo Esposo en su humanidad eucarística, y por él, con él y en él, contemplemos agradecidos el misterio de nuestra familia. Con nuestros cantos y oraciones aclamemos el misterio del amor de Cristo que ha querido quedarse con nosotros para caminar juntos por la vida, pidamos perdón a Dios por las infidelidades a su Plan de Amor, démosle gracias a Dios por el don del matrimonio y la familia y alabémoslo por su misericordia. Participemos con grande fe y alegría en este encuentro con Cristo vivo, camino de conversión, comunión y solidaridad para nuestras familias.

 

 Lector 1: "La Eucaristía es un sacramento verdaderamente admirable. En él se ha quedado Cristo mismo como alimento y bebida, como fuente de poder salvífico para nosotros. Nos lo ha dejado para que tuviéramos vida y la tuviéramos en abundancia (Cf. Jn 10, 10): la vida que tiene él y que nos ha transmitido con el don del Espíritu, resucitando al tercer día después de la muerte. Es efectivamente para nosotros la vida que procede de él. ¡Es también para ustedes, queridos esposos, padres y familias! ¿No instituyó él la Eucaristía en un contexto familiar, durante la última cena?" (carta a las familias, 18).

 

Oración de charles de Foucauld

 

Guía: En la Sagrada Eucaristía, Tú estás todo entero, todo vivo,

Todos: Mi Bien amado Jesús, tan plenamente como estabas en Betania.

Guía: Como estabas en medio de los apóstoles...

¡Igualmente estás aquí, mi Bien amado y mi Todo!

Todos: ¡Oh!, no estemos jamás fuera de la presencia

de la Sagrada Eucaristía ni uno sólo de los instantes.

¡Que Jesús nos permita estar junto a ella!"

 

 

Canto:

Cantemos al Amor de los amores,

cantemos al Señor:

¡Dios está aquí! Venid, adoradores,

adoremos a Cristo Redentor.

 

GLORIA A CRISTO JESÚS:

CIELOS Y TIERRA, BENDECID AL SEÑOR.

HONOR Y GLORIA A TÍ, REY DE LA GLORIA.

AMOR POR SIEMPRE A TI, DIOS DEL AMOR.

 

Por nuestro amor oculta en el Sagrario

su gloria y esplendor;

para nuestro bien, se queda en el santuario

esperando al justo y pecador.

 

GLORIA A CRISTO JESÚS: CIELOS Y TIERRA, BENDECID AL SEÑOR.

HONOR Y GLORIA A TÍ, REY DE LA GLORIA.

AMOR POR SIEMPRE A TI, DIOS DEL AMOR.

 

Oh gran prodigio del amor divino,

milagro sin igual;

prenda de amistad, banquete peregrino

do se come el cordero celestial.

 

GLORIA A CRISTO JESÚS...

 

Petición de perdón

 

Guía: amigos, ante el Señor Jesús, con un corazón contrito, reconozcamos nuestras faltas de generosidad para con nuestras familias, por no esforzarnos en vivir el Plan de Dios para la familia, por la falta de amor y respeto a nuestros padres.

 

SALMO 50

 

Lector 1: Misericordia, Dios mío, por tu bondad;

por tu inmensa compasión borra mi culpa;

lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

 

Lector 2: Pues yo reconozco mi culpa,

tengo siempre presente mi pecado:

contra ti, contra ti solo pequé,

cometí la maldad que aborreces.

 

Guía: En la sentencia tendrás razón,

en el juicio brillará tu rectitud.

Mira, que en la culpa nací, pecador me concibió mi madre.

 

Todos: Te gusta un corazón sincero,

y en mi interior me inculcas sabiduría.

Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;

lávame: quedaré más blanco que la nieve.

 

Lector 1: Hazme oír el gozo y la alegría,

que se alegren los huesos quebrantados.

Aparta de mi pecador tu vista,

borra en mí toda culpa.

 

Lector 2: ¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,

renuévame por dentro con espíritu firme;

no me arrojes lejos de tu rostro

no me quites tu santo espíritu.

 

Guía: Devuélveme la alegría de tu salvación

afiánzame con espíritu generoso:

enseñaré a los malvados tus caminos,

los pecadores volverán a ti.

 

Lector 1: Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,

Dios, Salvador mío!,

y cantará mi lengua tu justicia.

Señor, me abrirán los labios,

y mi boca proclamará tu alabanza.

 

Lector 2: Los sacrificios no te satisfacen;

si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.

Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:

un corazón quebrantado y humillado

tú no lo desprecias.

 

Todos: Señor, por tu bondad, favorece a Sión,

Reconstruye las murallas de Jerusalén:

entonces aceptarás los sacrificios rituales,

ofrendas y holocaustos,

sobre tu altar se inmolarán novillos.

 

 

Guía: Ahora, expresemos al Padre con sinceridad algunas cosas que en la vida de nuestras familias y de nuestra sociedad han oscurecido el plan de Dios. Después de cada petición, respondamos: PERDÓN, SEÑOR, PERDÓN.

 

Lector 1: Por no saber agradecer el don de la vida.

Lector 2: Por no valorar lo que nuestros padres hacen por nosotros.

Lector 1: Por juzgar equivocadamente sus faltas, sin pensar que también son humanos.

Lector 2: Por pedir y exigir más de lo que nos pueden dar.

Lector 1: Por no esforzarnos en ser mejores hijos y mejores hermanos.

 

Guía: Continuando con esta súplica de perdón, ¿de qué le pedirías tú perdón a Dios en este momento?

Momento de silencio

 

Guía: Unamos ahora nuestras voces y cantemos todos el amor de rati que es Perdón, con una actitud de confianza y de gratitud.

 

Canto: NADIE TE AMA COMO YO

 

Cuanto he esperado este momento,

cuanto he esperado que estuvieras así.

Cuanto he esperado que me hablaras,

cuanto he esperado que vinieras a mí.

 

Yo sé bien lo que has vivido,

yo sé bien por qué has llorado,

yo sé bien lo que has sufrido,

pues de tu lado no me he ido.

 

PUES NADIE TE AMA COMO YO

PUES NADIE TE AMA COMO YO

MIRA A LA CRUZ ESA ES MI MÁS GRANDE PRUEBA,

NADIE TE AMA COMO YO.

PUES NADIE TE AMA COMO YO

PUES NADIE TE AMA COMO YO

MIRA LA CRUZ FUE POR TI FUE PORQUE TE AMO,

NADIE TE AMA, COMO YO.

 

Yo sé bien lo que me dices

aunque a veces no me hablas,

yo sé bien lo que en ti sientes

aunque nunca lo compartas.

 

Yo a tu lado he caminado,

junto a ti yo siempre he ido

aún a veces te he cargado,

yo he sido tu mejor amigo.

 

Oración de acción de gracias

 

Guía: Después de haber recibido el perdón del Señor, démosle gracias en este momento por su fidelidad y por  su amor manifestado en el don de nuestras familias.

 

(Sal 4)

Todos: Te doy gracias, Señor, de todo corazón,

  proclamando todas tus maravillas;

  me alegro y exulto contigo,

  y toco en honor de tu nombre, oh Altísimo.

(Sal 17)

Guía: Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;

  Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.

  Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío,

  mi fuerza salvadora, mi baluarte.

  Invoco al Señor de mi alabanza

  y quedo libre de mis enemigos.

 

Todos: Me cercaban olas mortales,

  torrentes destructores me aterraban,

  me envolvían las redes del abismo,

  me alcanzaban los lazos de la muerte.

 

Guía: En el peligro invoqué al Señor,

  grité a mi Dios:

  desde su templo él escuchó mi voz,

  y mi grito llegó a sus oídos.

 

Todos: Entonces tembló y retembló la tierra,

  vacilaron los cimientos de los montes,

  sacudidos por su cólera;

  de su nariz se alzaba una humareda,

  de su boca un fuego voraz.

  y lanzaba carbones ardiendo.

 

Guía: Inclinó el cielo y bajó

  con nubarrones debajo de sus pies;

  volaba a caballo de un querubín

  cerniéndose sobre las alas del viento,

  envuelto en un manto de oscuridad;

 

Todos: Como un toldo, lo rodeaban

  oscuro aguacero y nubes espesas;

  al fulgor de su presencia, las nubes

  se deshicieron en granizo y centellas;

 

Guía: y el Señor tronaba desde el cielo,

  el Altísimo hacía oír su voz:

  disparando sus saetas,  los dispersaba,

  y sus continuos relámpagos los enloquecían.

 

Canto: Te doy gracias Jesús

 

TE DOY GRACIAS, JESÚS,

POR HABERME ENCONTRADO,

POR HABERME SALVADO:

TE DOY GRACIAS, JESÚS. (2)

 

 

Hoy ya sé el camino, y hacia él me dirijo:

es la senda bendita que representa el Hijo.

 

TE DOY GRACIAS, JESÚS (2)

 

Mi amor era pequeño, pero ya lo he encontrado,

y ese pequeño amor hoy se ha agigantado.

 

TE DOY GRACIAS, JESÚS (2)

 

Hoy Jesús es mi guía: él controla mi vida,

y no ha ser terreno que mi cariño mida.

 

TE DOY GRACIAS, JESÚS (2)

 

Guía: Llenos de agradecimiento expresemos algunas de las muchísimas cosas con las que Dios ha bendecido a la humanidad por medio de las familias. Demos gracias al Señor por su designio sobre la vocación y la misión de las familias y por lo que representan en la vida de la humanidad y de la sociedad. Respondamos diciendo: TE DAMOS GRACIAS, PADRE.

 

(Espontáneamente dan gracias y todos respondemos).

 

Guía: Te damos gracias por todas las muestras de amor que nos haces a diario. Señor, Queremos ponernos en tus manos y sigue bendiciendo a nuestras familias.

 

Lector 1: Sigamos en silencio esta oración pensando en lo profundo de nuestro corazón. ¡Qué agradable es ponernos en las manos de Dios!

 

Lector 2: Padre mío,

me abandono a Ti.

Haz de mí lo que quieras.

lo que hagas de mí te lo agradezco,

estoy dispuesto a todo,

lo acepto todo.

 

Y porque para mí amarte es darme,

entregarme en tus manos sin medida,

con infinita confianza,

porque Tú eres mi Padre.

 

Con tal que tu voluntad se haga en mí y en todas tus criaturas,

no deseo nada más, Dios mío.

 

Pongo mi vida en tus manos.

te la doy, Dios mío,

con todo el amor de mi corazón,

porque te amo.

 

 

Canto: Dios esta aquí

 

Dios está aquí,

tan cierto como el aire que respiro,

tan cierto como la mañana se levanta

tan cierto como yo te hablo y me puedes oír.

 

Jesús está aquí,

tan cierto como el aire que respiro,

tan cierto como la mañana se levanta

tan cierto como yo te hablo y me puedes oír.

 

Dios está en mí,

tan cierto como el aire que respiro,

tan cierto como la mañana se levanta

tan cierto como yo te hablo y me puedes oír.

 

Dios está aquí,

tan cierto como el aire que respiro,

tan cierto como la mañana se levanta

tan cierto como yo te hablo y me puedes oír.

 

Vengo a ti, hoy Señor,

a rendir mi corazón,

quiero más de ti

toma mi necesidad

dame tu preciosa paz

quiero más de ti.

 

Dame, dame, dame más de ti

bendito Señor.

Dame, dame, dame más de ti

quiero más de ti,

dame, dame, dame más de ti

quiero más, quiero más de ti.

 

 

Todos: Señor nuestro Jesucristo, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, concédenos venerar de tal modo los sagrados misterios de tu cuerpo y de tu sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos.

 

Todos: AMÉN.

 

 

 

 

 

Hora Santa para pedir el Espíritu Santo

Por Ana María Primo Yúfera, dominica contemplativa

 

Guía: ¡Buenas noches, Señor!

 

En estos momentos los cielos y la tierra están llenos de tu presencia. También lo está el corazón de todos los hombres. Estás presente en mi vida. Estás presente en los que te buscan con sincero corazón. Estás presente en los alejados de ti. Estás presente en los pobres, en los más pobres, en los más sufren. Y estás presente, de una manera muy singular, para los cristianos en el sacramento de la Eucaristía.

 

Todos:¡Buenas noches, Señor!

 

Lector 1: "Os conviene que yo me vaya, porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré" (Jn 16,7)

 

Guía: Era también una noche cuando nos prometiste un Abogado que nos defendiera, un Consolador que nos comprendiera. Era una forma cariñosa de despedirte... San Juan de Ávila, cuando meditaba ese anochecer de tu partida, exclamaba: "¡Señor, Consolador por Consolador! ¿Vos no sois buen Consolador?"... Tenía razón. Era mejor y más seguro el consuelo de tu presencia que cualquier promesa que presagiara tu ausencia... Por eso los discípulos se llenaban de tristeza... Ahora estamos contentos ya.

 

Lector 2: "Era preciso que el Hijo del Hombre padeciera para entrar en su gloria..."

 

Todos: Te la ganaste, Señor. ¡Nos la ganaste!. Y era justo que, luego del rojo atardecer, surgiera blanco el lucero... La túnica sangrante es ya luz cegadora... Y el Consolador ha desbordado los cálculos de aquellos temerosos Apóstoles...

 

Guía: Sólo Ella, la Madre, lo intuía certeramente. Por eso estaba allí calmando el Cenáculo que iba a ser pronto incendio, y por eso la necesitamos aquí, para que dé a nuestra comunidad de amor y de oración ese estilo hogareño y familiar que su presencia imprime y que nos es imprescindible para recibir la luz del Espíritu.

 

Lector 1: "Todos estaban reunidos y perseveraban en la oración con un mismo espíritu en compañía de María, la Madre de Jesús" (Hch 1,14).

 

Acto de consagración a María

 

Lector 1: "Mujer, ahí tienes a tu hijo".

Al encomendarte al apóstol Juan,

y con él a los hijos de la Iglesia,

más aún a todos los hombres,

Cristo no atenuaba, sino que confirmaba,

su papel exclusivo como Salvador del mundo.

 

Todos: Tú eres esplendor que no ensombrece la luz de Cristo,

porque vives en Él y para Él. Todo en ti es “Sí” Tú eres la Inmaculada,

eres transparencia y plenitud de gracia. Aquí estamos, pues, tus hijos, reunidos en torno a ti

 

 

Lector 2: Hoy la Iglesia, con la voz del Sucesor de Pedro,

a la que se unen los Pastores

de todas las partes del mundo,

busca amparo bajo tu materna protección

e implora confiada tu intercesión

ante los desafíos ocultos del futuro.

 

Guía: Señora, en este donde buscamos a Jesús

A resonado el entusiasmo de los jóvenes,

y todos ellos han reconocido en tu amado Hijo

al Verbo de Dios, encarnado en tu seno.

 

Todos: Haz, Madre, con tu intercesión,

que los frutos de este encuentro no se disipen,

y que las semillas de gracia se desarrollen

hasta alcanzar plenamente la santidad,

a la que todos estamos llamados.

 

Lector 1: Hoy queremos confiarte el futuro que nos espera,

rogándote que nos acompañes en nuestro camino.

Somos hombres y mujeres de una época extraordinaria,

tan apasionante como rica de contradicciones.

La humanidad posee hoy instrumentos de potencia inaudita.

Puede hacer de este mundo un jardín

o reducirlo a un cúmulo de escombros.

 

Todos: Hoy, como nunca en el pasado,

la humanidad está en una encrucijada.

Y, una vez más, la salvación está sólo y enteramente,

oh Virgen Santa, en tu hijo Jesús a quien nosotros buscamos.

 

Guía: Por esto, Madre, como el apóstol Juan,

nosotros queremos acogerte en nuestra casa (cf. Jn 19, 27),

para aprender de ti a ser como tu Hijo.

¡"Mujer, aquí tienes a tus hijos"!.

 

Todos: Estamos aquí, ante ti,

para confiar a tus cuidados maternos

a nosotros mismos, a la Iglesia y al mundo entero.

Ruega por nosotros a tu querido Hijo,

para que nos dé con abundancia el Espíritu Santo,

el Espíritu de verdad que es fuente de vida.

 

Lector 2: Te encomendamos a todos los hombres,

comenzando por los más débiles:

a los niños que aún no han visto la luz

y a los que han nacido en medio de la pobreza y el sufrimiento;

Todos: Te encomendamos a  los jóvenes en busca de sentido,

a las personas que no tienen trabajo

y a las que padecen hambre o enfermedad.

Te encomendamos a las familias rotas,

a los ancianos que carecen de asistencia

y a cuantos están solos y sin esperanza.

 

Guía: Oh Madre, que conoces los sufrimientos

y las esperanzas de la Iglesia y del mundo,

ayuda a tus hijos en las pruebas cotidianas

que la vida reserva a cada uno

y haz que, por el esfuerzo de todos,

las tinieblas no prevalezcan sobre la luz.

 

Todos: A ti, aurora de la salvación, confiamos

nuestro camino en el nuevo Milenio,

para que bajo tu guía

todos los hombres descubran a Cristo,

luz del mundo y único Salvador,

que reina con el Padre y el Espíritu Santo

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Canto a María:

Mi alma alaba al Señor

Y mi espíritu se alegra en su presencia.

Porque Él que es grande

maravillas ha hecho en mí.

Es Santo su nombre.

 

Mi alma alaba al Señor,

Mi alma alaba al Señor

Y mi espíritu se alegra en su presencia.

Porque Él que es grande

Maravillas ha hecho en mí.

Es santo su nombre.

 

Guía: Señora nuestra del Cielo, a quien el Padre hizo Sagrario del Espíritu Santo. Mansión estable del Espíritu de Dios. Enséñanos a pedir ardientemente el Espíritu Santo para que transfigure nuestras vidas en el gozo de su Alegría eterna.

 

Coro 1: ¡Ven, Espíritu Santo!

Tú que eres en tus dones, Dios espléndido.

¡Ven, Tú que eres en las penas paz del llanto.

 

Coro 2: ¡Ven, Tú que eres en nuestros estiajes lluvia suave, soplo fresco!

¡Ven, ven, e ilumina nuestra ceguera, aclara nuestra ignorancia,

ten piedad de nuestra necedad.

 

 

Coro 1: Derrama tus dones en nuestro cuenco vacío.

Haznos con tu Sabiduría, apasionados investigadores de Dios.

Enséñanos a amar con estilo y temple divinos.

Ven y lláganos con tu cauterio sanante y transformador.

 

(Momentos de silencio)

 

Coro 1: Ven, y marca a fuego en nuestras vidas, la pasión irresistible de amar a Dios, de pensar en Dios, de profundizar en Dios, de hablar de Dios.

 

Coro 2: Ven y cólmanos de su plenitud para que vivamos ese estado de alma que quiere imitar la unidad suprema, la paz y el silencio perenne que reinan en la beatísima Trinidad.

 

Coro 1: Danos, con tus dones, el don de la oración y de contemplación.

 

Coro 2: Enséñanos a respirar lo divino, a estar más donde tiende nuestro espíritu, que donde mora nuestro cuerpo.

 

Coro 1: Danos la percepción de tu Verdad y la excelencia de tu conocimiento para penetrar la sustancia de las cosas divinas; afina nuestra intuición para que captemos tu sello, tu estilo, tu modo divino...

 

Coro 2:¡Infúndenos la impronta de Dios que sabe a eternidad, aunque hayas de taladrar con dolor nuestra dureza!

 

Coro 1: Haz que, por encima de nuestras resistencias e infidelidades, nos dejemos embestir por tu luz glorificadora y quemante, suave y fuerte.

 

Coro 2: Danos, con el baño de tu Espíritu, la inmovilidad serena de la vida trinitaria.

 

Coro 1: Enséñanos a ser movidos por ti.

 

Coro 2: Levántanos, a pesar de nuestro lastre humano, a las divinas operaciones de tu Ser en nuestro ser.

 

Coro 1: Afina nuestro paladar, robustece nuestra voluntad para romper moldes, superar esclavitudes y vivir la libertad de hijos en tu verdad deificante.

 

Coro 2:¡Danos saber a qué sabe la vida eterna!...

 

(Momentos de silencio)

 

Guía: Dice San Juan de la Cruz que "en la sustancia del alma pasa, se da, esta fiesta del Espíritu Santo". Y que "el negocio del alma es sólo recibir de Dios su Don..., y que todo es cosa del amor cuyo oficio es herir para enamorar y deleitar..."

 

 

 

 

Todos: Señor Jesús: queremos llegar a vivir este festín del amor, que en el hondón del alma ejercita festivamente sus artes y sus juegos, descubriéndole sus riquezas y la gloria de su grandeza... Pero no sabemos, no podemos... ¡Deposita tú, en nuestra mano pobre, la riqueza de tu Don!

 

Guía: Ayúdanos a dar frutos de bondad y de alegría. Haz cristalizar nuestros esfuerzos por la santidad, en la vivencia profunda del espíritu de las bienaventuranzas, vértice más alto de la vida espiritual.

 

Todos: Haznos, Espíritu Divino, más espirituales, más evangélicos, más consecuentes con nuestro ideal de triunfo supremo del espíritu sobre la materia, de lo eterno sobre lo transitorio...

 

Guía: Ayúdanos, enséñanos a ser felices en el padecer, a saber estar solos, a carecer aún de lo necesario, a compartir, a romper lazos, doblegar durezas, borrar esquemas aparentes de santidad; a ser como el agua, que no pierde sus propiedades aunque tome la forma de la vasija que la contiene.

 

Todos: Enséñanos, ¡¡¡cuánto tienes que enseñarnos!!!, a vaciarnos sin reservas para tomar tu forma y adecuarnos así a las necesidades de cada hermano.

 

Coro 1: Tú, Espíritu de Amor, ¡fortalécenos!

 

Coro 2:¡Tú, que haces morir, y haces vivir!

 

(Momentos de silencio)

 

Lector 1: Tú, que nunca llagas sino para sanar, y nunca matas sino para dar vida, hiere nuestra alma hasta el último y más profundo centro, y transfórmala hasta ponerla que parezca Dios.

 

Lector 2: Tú, Padre de las luces, cuya mano es generosa, y con abundancia te derramas donde quiera hallas lugar: ¡purifícanos, haznos el don de la fidelidad al Amor!

 

Lector 1: Espíritu Santo, tú que en el seno de la Trinidad eres la Alegría eterna donde los Tres se contemplan, sé Tú la fuente insondable de nuestra alegría.

 

Lector 2: Espíritu Santo, que junto con el Padre y el Hijo, eres el lugar interior donde los Tres nos acogen, en el gozo de su intimidad y unidad, danos el gozo secreto de la comunión entre el Padre y el Hijo, y danos el gozo de la comunión con nuestros hermanos.

 

Lector 1: Espíritu Paráclito, que eres dado a la Iglesia como principio inagotable de su alegría de Esposa, danos la alegría única del Esposo y el gozo inextinguible de las Bodas.

 

Lector 2: Espíritu Santo de quien la Iglesia recibe su propia juventud, su fidelidad, su viviente creatividad, danos el gozo de la fecundidad.

 

Lector 1: Espíritu Santo, fuente de esperanza, que no te agotarás jamás en el curso de la historia, danos la alegría de la esperanza.

 

Lector 2: Espíritu Santo, que procediendo del Padre y del Hijo, eres comunicado a cada alma que se muestra disponible a tu acción íntima, ábrenos al gozo del Padre, ábrenos al gozo del Hijo, ábrenos al gozo de tu Ser.

 

Todos:¡Danos el gozo del silencio! ¡Danos el silencio del gozo!

 

Lector 1: Espíritu Santo, que habitas en el corazón del hombre, junto con el Padre y el Hijo, danos el gozo de la experiencia de Dios.

 

Lector 2: Espíritu Santo, por quien la presencia del Dios Trino nos envuelve con su ternura y nos penetra con su Vida, danos la misma alegría de Jesús de sabernos amados por el Padre con inefable Amor.

 

Todos: Espíritu Santo, que nos das la perfecta alegría en la posesión de Dios trino, conocido por la fe y amado con la caridad que proviene de Él, danos la alegría perfecta de la fe y del amor.

 

(Momentos de silencio)

 

Guía: Ven, Espíritu divino,

manda tu luz desde el cielo.

Padre amoroso del pobre;

don, en tus manos espléndido;

luz que penetra las almas;

fuente del mayor consuelo.

 

Todos: Ven, dulce huésped del alma,

descanso de nuestro esfuerzo,

tregua en el duro trabajo,

brisa en las horas de fuego,

gozo de enjuga las lágrimas

y reconforta en los duelos.

 

Coro 1: Entra hasta el fondo del alma,

divina luz, y enriquécenos.

Mira el vacío del hombre

si tú le faltas por dentro;

mira el poder del pecado

cuando no envías tu aliento.

 

Coro 2: Riega la tierra en sequía,

sana el corazón enfermo,

lava las manchas, infunde

calor de vida en el hielo,

doma el espíritu indómito,

guía al que tuerce el sendero.

 

 

Todos: Reparte tus siete dones

según la fe de tus siervos.

Por tu bondad y tu gracia

dale al esfuerzo su mérito;

salva al que busca salvarse

y danos tu gozo eterno.

Amén.

 

 

Canto Final: Canción del Espíritu

¡Oh deja! Que el Señor te envuelva

en su Espíritu de amor,

satisfaga hoy tu alma y corazón.

 

Entrégale lo que Él te pide

Y su Espíritu vendrá,

Sobre ti vida nueva te dará.

 

CRISTO, ¡OH! CRISTO,

VEN Y LLÉNANOS,

CRISTO, ¡OH! CRISTO,

LLÉNANOS DE TI.

 

Alzamos nuestras voz con gozo,

Nuestra alabanza a ti,

Con dulzura te entregamos nuestro ser.

 

Entrega todas tus tristezas,

En el nombre de Jesús,

Y abundante vida hoy tendrás en Él.

 

CRISTO, ¡OH! CRISTO,

VEN Y LLÉNANOS,

CRISTO, ¡OH! CRISTO,

LLÉNANOS DE TI.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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