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Hoy
Sábado, 22 de noviembre de 2008 | 03:28
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TEMA 11: PREPARAR LA LECTURA IV. PREPARACION TECNICA TEMA 11: ORACION INICIAL: Entre todos preparan un altar para la Palabra de Dios,
con todos los elementos que quieran y tengan a la mano. Al final se
preguntan: ¿Qué es más importante: preparar el altar externo, o preparar
el altar interno a la Palabra de Dios? ¿Cómo lo preparamos, en nosotros
mismos, y en los demás? PRIMERO VEAMOS: En general, la gente lee poco; sabe leer, pero sólo
lee cómics o los textos obligatorios de la escuela, muchas veces sin
entenderlos. Podemos leer por curiosidad, o para matar el tiempo,
o para aumentar la cultura, o para capacitarnos en el trabajo, o para
resolver un interrogante, o para discutir con el autor, o para servir
a los demás. ¿Cuál será la finalidad de leer la Palabra de Dios a
la asamblea litúrgica? ¿Cuáles son los principales
defectos que vemos en los lectores? ¿Qué recomendaciones les haríamos?
¿Qué opinas de los que al momento de las Lecturas dicen: "¿Alguien
gusta pasar a leer?" ¿O de quien está buscando la página, no
tiene el micrófono encendido, o lee una lectura correspondiente a
otro día? ¿A qué se deben estas fallas? AHORA PENSEMOS: El texto debe ser preparado antes de la Misa. Sólo
así evitamos la improvisación, y ofrecemos a Dios nuestra voz para
que salve eficazmente a los oyentes. Cuidar que sea la Lectura
que nos propone el Leccionario para este día. No tenemos derecho a
sustituir las lecturas según nuestros gustos o elecciones. Debemos
tener gran fidelidad a los textos previstos por la Iglesia. Comprender el sentido
del texto y conocer el contexto de la celebración. Me lleno del mensaje
que contiene el texto. ¿Qué quiere Dios decirnos de sí mismo, de nosotros
como comunidad, de nuestra vida histórica, en esta celebración concreta? No es fácil leer la
Biblia a los demás. Supone que vivimos previamente el texto, con actitud
despejada, humilde y objetiva. El lector es el primer destinatario
de la Palabra. Yo no soy el que se
irrita, el que consuela, el que exhorta, sino Dios. No puedo leer
el texto de modo monótono e indiferente, sino sintiéndome yo mismo
interpelado y comprometido interiormente. Y presto mi voz y mis labios
al Señor; me dejo convertir en canal del diálogo de Dios con su pueblo. Pasos de una preparación
remota: Leer el texto, entender
su significado, conocer su estructura, pronunciarlo en voz alta o
a mediana voz. Individuar su género
literario: lírico, meditativo, narrativo, doctrinal. Buscar las palabras
claves y hasta la frase más importante para resaltarlas (con lápiz
en el Misalito). Leer el libro en voz
alta, ante alguien que haga observaciones (hay palabras que mentalmente
se leen fácilmente, pero son difíciles de pronunciar). Técnicas de lectura: Indicar las pausas (por
ejemplo: / = pausa de un segundo (coma, media frase); // = pausa de
dos segundos (fin de frase, punto); leyendo pausado y con silencios
hace que el sonido llegue al cerebro y cobre significado. Hacer pausa antes de
una palabra que se quiere resaltar; o de un verbo de acción; o de
una cantidad expresada en un número grande; o de palabras de paso
("pues", "entonces", "ahora"). Una lectura para una
comunidad numerosa o un lugar grande debe hacerse más lentamente,
a causa de la distancia y del volumen, aunque haya excelente sonorización. Cuando hay mucho eco,
debe leerse muy lentamente. Cuando hay ruidos que distraen (campanas,
trailers, puertas, niños, ambulancias), interrumpir la lectura hasta
que pueda escucharse. Hablar en tono más alto
al de la conversación ordinaria, como cuando nos enojamos; y proyectar
la voz lejos, hasta el más lejano, como cuando llamamos a alguien;
de eso va a depender el volumen. Evitar la cantinela
del alumno de primaria que deletrea o del merolico que vende, para
dar la debida entonación, sabiendo que es interesante lo que anunciamos,
evitando mantenerse en agudos o graves. Vocalizar bien, pronunciando
distintas las vocales y sin omitir sílabas ni terminaciones. Atención a la pronunciación
de las "b", "c" y las "p" que golpean
el sonido como disparo; de las "s" que silban; de las terminaciones
"ado" que se convierten en "ao", de los diptongos,
etc. Atender a los acentos
para la pronunciación, pues un cambio de acento puede cambiar la palabra.
Con un lápiz en el misalito puede señalarse el acento de la palabra
que no se conoce bien, sobre todo nombre propios. Colocar el micrófono
a la debida altura. No soplarlo, sino buscarle el botón de encendido,
dar un golpecito a la base para asegurarse que funciona. Leer del Leccionario,
no del Misalito ni de la hojita. El libro abierto en la página debida
y bien asegurado. Leer recto, apoyado
sobre los dos pies, las manos apoyadas sobre el atril. Preferible
levantar el libro con una mano que estar agachado. Respirar lento, profundo,
abdominalmente. Mira con calma a la asamblea antes de iniciar, para
tomar posesión del auditorio. Con un dedo puede indicar dónde va leyendo,
para mirar al público y no perderse. Las indicaciones en
color rojo son como las señales de tráfico: el punto es la luz roja;
la coma es la luz amarilla. Conviene escuchar las
indicaciones y correcciones fraternas de otros. LUEGO ACTUEMOS Realizar por grupos o binas los siguientes ejercicios: - Leer un texto y luego
cerrar el libro y decir su contenido con sus propias palabras. - Leer un texto con una
pluma en la boca o un cigarro, para mejorar la vocalización. - Cantar un texto procurando
que la voz salga desde el estómago. - Leer un texto bien,
y luego, cambiarle las vocales: primero pura "a", luego
pura "e" y así sucesivamente. - Frente un espejo decir
las vocales para ir viendo la diferencia en el acomodo de la boca.
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