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Hoy
Sábado, 22 de noviembre de 2008 | 00:39
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TEMA 14: PRIMERO VEAMOS: Los que llevan más tiempo desempeñando la función de
lectores comunican a los demás sus principales vivencias, sorpresas
y equivocaciones, y las pistas de formación que necesitan. AHORA PENSEMOS: OTROS SERVICIOS DEL LECTOR: 1. Decir las moniciones: Antes de la reforma
litúrgica, las moniciones ofrecían un resumen de lo que el celebrante
diría en latín que el pueblo no comprendía. Ahora, las moniciones
deben perseguir el logro de una mayor vivencia personal de las lecturas que hoy, el pueblo ya comprende
por su sola proclamación. No se trata de resumir
la lectura, ni de explicarla. Eso produce que el fiel ya no escuche
lo que ya sabe. Se trata de despertarle el apetito para que escuche. Para invitar al pueblo a una escucha atenta y contemplativa
de las lecturas bíblicas resultaría más eficaz una auténtica proclamación
de la Palabra que multiplicar moniciones. Si
se quiere ambientar la proclamación de la Palabra de Dios con
alguna «monición», conviene tener en cuenta estas tres observaciones: a) Fórmulas bien preparadas
que presenten el contexto histórico, literario o existencial del texto
que va a leerse. b) Que la monición no
se haga siempre, ni tampoco para todas y cada una de las lecturas. c) Que la monición tienda
a crear un cierto «suspenso» frente a la lectura, invitando con ello
al interés por escuchar el texto. ESPINA
DORSAL DE LA MONICION Unas moniciones bien
hechas, influirán con el tiempo en que se vaya asumiendo progresivamente
el contenido objetivo
de la misma Revelación y ayudarán a que se descubra y se viva en la
plegaria lo que el mismo Dios ha querido anunciar a su pueblo. Por ejemplo, una monición
para la segunda lectura de la Cena del Señor (1 Co 11, 24-26): « En
esta noche, en que estamos celebrando el «nacimiento» de la Eucaristía,
el lector va a proclamar el más antiguo texto cristiano sobre la institución
de este misterio». Son un elemento auxiliar
de la liturgia de la Palabra, destinado a facilitar la captación mejor
de las lecturas, a suscitar los sentimientos con que es necesario
unirse a las palabras del salmo, a unir los diversos elementos. Las
moniciones no las debe leer el mismo lector, pues perdería relieve
la lectura. Normalmente las hace un monitor dedicado expresamente
a ello. O el mismo presidente, como «conductor de la celebración»,
evitando que su palabra parezca mas importante que la misma lectura. Las
moniciones de las lecturas han de ser sugerentes, han de «abrir el
apetito» respecto a lo que oirá a continuación. No han de ser, pues,
ni un resumen de lo que a continuación se leerá ni
una pequeña homilía. Deben
ser muy breves; si se alargan convierten la liturgia de la Palabra
en un inacabable sermón con textos escriturísticos intercalados. En
lecturas que tienen alguna dificultad de comprensión, la monición
puede ofrecer alguna explicación que ayude a entenderla mejor (sin
pretender explicarla toda): una palabra, un uso, un gesto, un personaje,
un nombre, etc. La
monición del salmo quiere ayudar
a despertar los sentimientos de oración que el salmo contiene,
vinculados normalmente con la primera lectura. La
monición del Evangelio
(que se leerá, si se juzga oportuno hacerla, antes del aleluya o la
aclamación cuaresmal, no después) tiene el objetivo de disponer a
los oyentes a acoger aquella Palabra que hace resonar especialmente
la voz de Jesucristo en medio de la asamblea. Según
el tipo de lecturas y de asistentes, las moniciones
podrán ser sólo una al principio,
o una para cada lectura y el salmo, o sólo para las dos primeras lecturas,
o ninguna. Si se emplean moniciones preelaboradas por
otros equipos de liturgia, o de otras publicaciones semejantes, es
necesario leerlas previamente y escoger si
se leen todas o solo algunas, o si se tienen que adaptar. También,
en determinadas ocasiones (por ejemplo, al
empezar el Adviento o la Cuaresma, o la lectura semicontinua
de un determinado Libro), puede ser útil
que el presidente
inicie la Liturgia de la Palabra invitando a una especial atención
a las lecturas durante aquel
tiempo; después de esta introducción, el monitor introduce
a la primera lectura y se sigue como de costumbre. Siempre que se tengan
moniciones en cualquier celebración, conviene que el
monitor avise al celebrante
para que se pongan de acuerdo, o se tengan algunas modificaciones,
para que la celebración se realice con dignidad. La monición final, que
no parece normalmente muy necesaria, debería ser en todo caso muy
breve y cordial («feliz domingo a todos»), y no un resumen de las
ideas de la homilía, sino del tema central o del compromiso sugerido. CUALIDADES
DE LA BUENA MONICION Dice el Concilio: «...
breves, apropiadas, sencillas, fieles al texto, preparadas minuciosamente
y adaptadas al matiz propio del texto al que deben introducir..» «...
explicaciones y moniciones oportunas, claras, diáfanas por su sobriedad,
cuidadosamente preparadas, normalmente escritas y aprobadas
con anterioridad por el celebrante...» BREVES:
Todos tenemos experiencia de cómo unas intervenciones largas dan al
conjunto de la celebración un tono pesado y aburrido. SENCILLAS:
Se trata de ayudar a captar mejor el
contenido de los ritos o de las lecturas. Eso no se logra con
frases largas, queriendo decirlo todo. FIELES AL TEXTO: Cada
pasaje tiene su propio tono y cada gesto ritual su finalidad: la
monición debe ayudar a escuchar la lectura desde la actitud
justa (sin manipular su interpretación) y a realizar el gesto simbólico
(como el gesto de la paz) exactamente dentro de su identidad y finalidad. DISCRETAS: En numero
(no hace falta que se hagan todas las posibles, sino las que parezcan
mas convenientes, y no siempre las mismas). PEDAGOGICAS:
Las moniciones se espera que
sean pedagógicas, o sea, que produzcan con sus palabras y sugerencias
el efecto deseado:
despertar el interés por la lectura, o suscitar la actitud
interna desde la que cantar un canto o realizar un gesto. PREPARADAS: Todo esto
supone que estén bien preparadas. Normalmente por escrito y en coordinación
con el presidente: es importante que haya confluencia
de direcciones entre el presidente
con su homilía, el que hace las moniciones y el que escoge y dirige
los cantos. Todos tienen una única
finalidad: ayudar a que la comunidad escuche y cante
y celebre mejor. Si en
vez de unir, dispersan la atención, se les distrae mas a los fieles
que ayudarles. PISTAS SENCILLAS SOBRE
EL MODO DE HACER LAS MONICIONES: * Es conveniente que
las moniciones de una celebración las diga la misma persona: para
dar unidad al conjunto. * El
que proclama la lectura no debe ser el que también dice la
monición: es mejor distinguir claramente lo que es «palabra nuestra»,
mas o menos explicativa, y lo que es «Palabra de Dios». * Las moniciones no
se tienen que hacer desde el ambón. La razón es sencilla: el
ambón se reserva a la proclamación de la palabra revelada;
por tanto, habrá que establecer otro lugar desde donde se pro clamen
las moniciones. * Las moniciones es
mejor «decirlas», aunque estén escritas. Aunque también es cierto,
que hay algunas personas que saben muy bien «decir» aunque estén «leyendo».
La monición pide una comunicación especial con la asamblea. 2. Decir las intenciones
de la Oración Universal o de los fieles. "En
la oración universal u oración de los fieles, el pueblo ejercitando su oficio
sacerdotal, ruega por todos los hombres . Conviene
que esta oración se haga normalmente en las Misas a las que asiste el pueblo, de modo que se
eleven súplicas por la Santa
Iglesia, por los gobernantes, por todos los necesitados
y por todos los hombres y la salvación de todo
el mundo. El orden de estas intenciones
sera generalmente: * Por las necesidades
de la Iglesia. * Por los que gobiernan
el Estado y por las salvación del mundo. * Por los oprimidos
bajo determinadas dificultades. * Por la comunidad local. Sin embargo,
en alguna
celebración particular,
como en la Confirmación,
Matrimonio o Funerales,
el orden
de las intenciones puede amoldarse mejor a
la ocasión. Toca
al sacerdote
celebrante dirigir estas suplicas, invitar
a los
fieles a
la oración con
una breve
monición y concluir las preces. Conviene
que
sea un diácono,
un cantor u otra
persona, quien lea las otras intenciones. La
asamblea entera expresa
sus súplicas
o con una invocación común, que
se pronuncia después
de cada intención, o con la oración en silencio". Después de escuchar
la Palabra de Dios, la asamblea de fieles se dispone a celebrar la
Eucaristía. Pero antes, como pueblo de Dios reunido, mira hacia el
mundo y ora por el: es la oración de los fieles, que es oración universal. Como Jesucristo, mediador
entre Dios y los hombres, el pueblo de Dios reunido continúa esta
obra mediadora presentando ante Dios el mundo y sus necesidades. MANERA DE HACER LA ORACION
DE LOS FIELES Teniendo en cuenta las
indicaciones anteriores, la libertad para redactar y organizar las
plegarias puede ser muy grande. Para redactarlas, es necesario ser sensibles
a la situación actual del mundo y de la Iglesia, y estar atento al
mismo tiempo a los problemas que viven los hombres y las mujeres del
propio lugar. Y es necesario también tener un poco de sentido poético,
para que no se convierta la plegaria en una lista de ideas monótonas. * No olvidemos que el
sentido de la plegaria, es precisamente este: ser una plegaria. * Evitemos este gran
peligro: convertir la plegaria en algo cerrado dentro de la comunidad.
Ej: «que sepamos hacer esto»... «que seamos conscientes de aquello»... Si hacemos esto, ya
no sera una Plegaria universal, sino otra cosa. * Pero el
peligro principal
es, probablemente, el de la irrelevancia. Es decir,
el convertir este momento en un conjunto de
intenciones que se dicen aprisa y que no llegan a significar nada
importante para quienes las oyen. Para evitarlo, se necesita: - que las intenciones
estén bien hechas, - que las intenciones
hagan referencia a las realidades mas próximas que viven los que participan
en la celebración. * Otro punto de capital importancia radica en la manera de decirlas.
Es necesario, sobre todo, que quien las lea lo haga lentamente, con
pausas suficientes después de cada intención, y antes del
«roguemos al Señor»
que invitara a la respuesta del pueblo, y también con pausas antes
de empezar la nueva intención. ¿LAS PUEDEN DECIR VARIOS
LECTORES? No es recomendable hacer
leer normalmente las intenciones a varios lectores:
¿porqué?: los lectores se atropellan, el micrófono
no esta a la medida o no se oye y no alcanza el cable, etc...; pero
si se hace entre varios lectores, hay que asegurar que la lectura
se desarrolle con la necesaria serenidad. ¿SE
PUEDE CANTAR LA RESPUESTA? Un elemento que podría
introducirse de manera habitual
es la respuesta cantada de los fieles. Cantar la respuesta
de relieve al momento, y destaca el papel del pueblo
como «presentador» ante Dios de las intenciones expresadas. Porque lo mas importante
no es tanto el texto de la petición, como el hecho mismo del pueblo
cristiano que ora por todo. PLEGARIAS
ESPONTANEAS Las plegarias espontáneas
ayudan a concretar y a acercar este momento de la celebración.
Como problema puede surgir, que solo se refiera a cosas
muy propias de la comunidad y pierda su sentido universal. ¿Que hacer? Si la celebración se hace en un grupo pequeño,
y se considera conveniente hacer las plegarias de manera espontánea,
el presidente o algún otro debería suplir las faltas de universalidad
que muy probablemente se darán. Si la celebración es en una asamblea
dominical normal, es mejor que primero se lean unas intenciones ya
preparadas y que tengan el tono de plegaria universal, y que en algún
caso se deje espacio -si la asamblea esta preparada rada- para intenciones
mas espontáneas. Lo aconsejable es que
las lleven por escrito para evitar equivocaciones y no estar esperando
a ver quien sale entre la asamblea. AHORA PENSEMOS: Por grupitos o parejas se van a preparar unas moniciones
y formularios de oración universal para las principales fiestas del
lugar. CELEBREMOS: En torno al altar, hacen
sus preces y termina con un canto. EXAMEN O EVALUACION Correcta dicción y buena
lectura en público. Buena comunicación:
cercanía a las personas, diálogo, liderazgo, acompañamiento personal.
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