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Hoy
Sábado, 22 de noviembre de 2008 | 04:34
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TEMA 6: ORACION INICIAL: Se coloca en el altar la Biblia y el Santísimo Sacramento.
Se adora el Santísimo y se venera el Libro. Leer Salmo 77/78.
SC 24; 56; 35. Dios se reveló por hechos y palabras. La Biblia nos
da las palabras; la Liturgia, los hechos; pero unos y otros se corresponden
y relacionan. PRIMERO VEAMOS: ¿Qué relaciones se dan entre la Biblia y la Liturgia?
Opiniones libres. Explicar por qué la liturgia de la Palabra y la
liturgia eucarística forman un solo acto de culto que no puede separarse.
¿Por qué toda celebración inicia con la Liturgia de la Palabra? AHORA PENSEMOS: 1. La Biblia nace de la Liturgia. Las tradiciones bíblicas
se cuajaron en la celebración y se conservaron gracias al uso litúrgico.
"Es canónico lo que recibe autoridad de la lectura pública".
La Iglesia consideró norma de su fe y de sus costumbres los libros
leídos en la asamblea litúrgica, y los reconoció inspirados por Dios.
De ahí surgió el canon bíblico. Ya desde el AT, los
santuarios y sinagogas fueron guardianes de la memoria religiosa del
pueblo; las fiestas eran memorial de la historia (pascua, pentecostés,
tiendas); las narraciones se liturgizaron, y al revivirse cada año
se volvía a vivir el acontecimiento, con toda su fuerza salvadora.
Dios había prometido su acción salvadora. Cuando celebramos, volvemos
a hacer presente el contexto donde se originaron las tradiciones,
y la palabra se proclama en un contexto de fe y discernimiento, para
seguir realizando la historia de salvación. 2.
La Liturgia nace de la Biblia. El sentido, significado
y fundamento de las celebraciones, fiestas y signos es la Biblia.
La Liturgia mana de la Biblia como de su fuente. El culto cristiano,
heredero del auténtico culto bíblico, pertenece a la religión revelada,
y su expresión más privilegiada. Por tanto, se apoya y se sostiene
en la Biblia. Se apoya en la Biblia:
tiene origen bíblico; de la Biblia se inspiran sus antífonas, oraciones,
himnos, fiestas, gestos, estructuras. Y con un gran dinamismo de culto,
que lo hace sacrificio espiritual. Se sostiene en la Biblia:
ésta es su clave de interpretación; tiene muchas alusiones bíblicas.
La misma celebración se convierte en una continua y eficaz proclamación
de la Palabra de Dios (OLM 4). Se proclama y celebra
la Biblia directamente. La oración de los salmos, las lecturas bíblicas,
son el anuncio de la Palabra más amplio que tiene la Iglesia, en un
contexto de oración. La Palabra se hace acción
y vida. La Palabra de Dios es un elemento de su
diálogo con nosotros: creación, historia, profecía, escritos; el proceso
de formación de estos escritos es: hechos, transmisión, fijación por
escrito, actualización. 3.
La Palabra se hace acontecimiento en la Liturgia. La Palabra de Dios no
sólo se anuncia, sino se celebra y actualiza. El sacramento es la
Palabra visible: "Accendit Verbum ad elementum et fit sacramentum"
(Desciende la Palabra sobre el elemento y se hace el sacramento).
La Palabra ilumina lo que se realiza, lo mete en el plan de salvación
para que santifique con el Misterio Pascual de Cristo. La misma Palabra anunciada
recibe una nueva interpretación según el tipo de celebración, los
participantes, el tiempo litúrgico, las necesidades. Ya no es simplemente
lo que el autor quiso decir, sino lo que Dios realiza en su Iglesia.
Se da un contexto nuevo de oración y fe en el cual la Palabra muestra
una nueva eficacia. El "hoy" de Dios se hace "hoy"
del hombre, personal y comunitariamente. La Palabra de Dios es
parte del Misterio Pascual de Cristo, anunciado, celebrado y vivido.
Las palabra es un signo litúrgico que participa de la eficacia pascual
de la misma. La Palabra alcanza su máximo grado de eficacia en los
sacramentos. Evoca, representa y actualiza el misterio Pascual de
Cristo y toda la historia de la salvación. Con el poder del Espíritu,
hace presente a Cristo, como en María en la Encarnación: "Hágase
en mí según tu Palabra". 4.
Conclusiones. La única Palabra, Cristo,
sigue actuando en el mundo; la celebración litúrgica es una mediación
privilegiada de ese diálogo salvador, con un gran dinamismo. Sigue
haciendo así Dios de nuestra historia una historia de salvación, por
su intervención en nuestras celebraciones litúrgicas. De ahí que su expresión
sea la estructura celebrativa: Palabra-Sacramento: la Palabra se concretiza
con su máxima eficacia en un signo-rito-gesto, para la vivencia cristiana
personal y comunitaria. Anunciamos, realizamos y actualizamos la historia
de la salvación. LUEGO ACTUEMOS: Escribir una carta a una comunidad cristiana exhortándola
a aprovechar la Palabra de Dios. Un equipo ilustra el
primer punto con los siguientes ejercicios: a) ¿Qué diferencias
hay entre la Pascua celebrada antes de salir de Egipto, la celebrada
en el Sinaí antes de partir, la celebrada en Siquem al pasar el Jordán,
la celebrada en la dedicación del templo, y la celebrada en Jesús? b) ¿Qué relación hay
entre la fiesta de pentecostés judía y el pentecostés cristiano? c) Leer la oración de
bendición de agua bautismal y sacar sus conclusiones. Otro
equipo ilustra el segundo punto con los siguientes ejercicios: a) Buscar las alusiones
bíblicas en las oraciones de un esquema de Misa, en el Ordinario de
la Misa y en las anáforas. b) Ver los signos sacramentales,
señalando su sentido meramente natural y el nuevo sentido que le viene
por la Palabra de Dios. El
tercer equipo ilustra el tercer punto con los siguientes ejercicios: a) Leer SC 24; 51; 56;
OLM 5; Jeremías 1,9-10; Salmo 19/18,8-15. b) Leer OLM 3 y ver
en el índice del Leccionario cómo un mismo texto bíblico puede repetirse
en varias celebraciones, pero en cada una cobra un sentido diferente:
por las otras lecturas, por el misterio celebrado, por el tiempo litúrgico,
por la circunstancia que santifica, etc., de donde surge una propia
hermenéutica litúrgica. ORACION FINAL: Adoración del Santísimo agradeciendo el don de la Palabra
escrita.
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