Hoy Lunes, 08 de septiembre de 2008 | 01:43

INDICE

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DOMINGO DE RAMOS

 

 

1. CANTO DE ENTRADA

QUE ALEGRIA CUANDO ME DIJERON:

VAMOS A LA CASA DEL SEÑOR,

YA ESTAN PISANDO NUESTROS PIES

TUS UMBRALES JERUSALEN.

2. PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del profeta Isaías

 

50, 4-7

E n aquel entonces, dijo Isaías: «El Señor me ha
dado una lengua experta, para que pueda
confortar al abatido con palabras de aliento.

Mañana tras mañana, el Señor despierta mi oído, para que escuche yo, como discípulo. El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras y yo no he opuesto resistencia ni me he echado para atrás.

Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban de la barba. No aparté mi rostro de los insultos y salivazos.

Pero el Señor me ayuda, por eso no quedaré confundido, por eso endureció mi rostro como roca y sé que no quedaré avergonzado».

 

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

3. SALMO RESPONSORIAL

(Puede cantarse)

 

R. A TI LEVANTO MIS OJOS...

Todos los que me ven, de mí se burlan;

me hacen gestos y dicen:

«Confiaba en el Señor, pues que él lo salve;

si de veras lo ama, que lo libre». R.

Los malvados me cercan por doquiera

como rabiosos perros.

Mis manos y mis pies han taladrado

y se pueden contar todos mis huesos. R.

Reparten entre sí mis vestiduras

y se juegan mi túnica a los dados.

Señor, auxilio mío, ven y ayúdame,

no te quedes de mí tan alejado. R.

 

4. SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 6-11

 

C risto, siendo Dios, no consideró que debía
aferrarse a las prerrogativas de su condición
divina, sino que, por el contrario, se anonadó a sí mismo tomando la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres. Así, hecho uno de ellos, se humilló a sí mismo y por obediencia aceptó incluso la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que, al nombre de Jesús, todos doblen la rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y todos reconozcan públicamente que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

 

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

5. ACLAMACION

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Cristo se humilló por nosotros y por obediencia aceptó incluso la muerte y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas

y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre.

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

6. EVANGELIO

@ PASION DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGUN SAN MATEO

 

Jesús compareció ante el procurador, Poncio
Pilato, quien le preguntó: ¿Eres tú el rey de los
judíos?» Jesús respondió: «Tú lo has dicho». Pero nada respondió a las acusaciones que le hacían los sumos sacerdotes y los ancianos. Entonces le dijo Pilato: «¿No oyes todo lo que dicen contra ti?» Pero él nada respondió, hasta el punto de que el procurador se quedó muy extrañado. Con ocasión de la fiesta de la Pascua, el procurador solía conceder a la multitud la libertad del preso que quisieran. Tenían entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Dijo, pues, Pilato a los ahí reunidos: «¿A quién quieren que les deje en libertad: a Barrabás o a Jesús, que se dice el Mesías?» Pilato sabía que se lo habían entregado por envidia.

Estando él sentado en el tribunal, su mujer mandó decirle: «No te metas con ese hombre justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por su causa».

Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la muchedumbre de que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Así, cuando el procurador les preguntó: «¿A cuál de los dos quieren que les suelte?», ellos respondieron: «A Barrabás». Pilato les dijo: «¿Y qué voy a hacer con Jesús, que se dice el Mesías?» Respondieron todos: «Crucifícalo». Pilato preguntó: «Pero, ¿qué mal ha hecho?» Mas ellos seguían gritando cada vez con más fuerza: «¡Crucifícalo!» Entonces Pilato, viendo que nada conseguía y que crecía el tumulto, pidió agua y se lavó las manos ante el pueblo, diciendo: «Yo no me hago responsable de la muerte de este hombre justo. Allá ustedes». Todo el pueblo respondió: «¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!» Entonces Pilato puso en libertad a Barrabás. En cambio a Jesús lo hizo azotar y lo entregó para que lo crucificaran.

Los soldados del procurador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a todo el batallón. Lo desnudaron, le echaron encima un manto de púrpura, trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza; le pusieron una caña en su mano derecha, y arrodillándose ante él, se burlaban diciendo: «¡Viva el rey de los judíos!», y le escupían. Luego, quitándole la caña, lo golpeaban con ella en la cabeza. Después de que se burlaron de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y lo llevaron a crucificar.

Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a llevar la cruz. Al llegar a un lugar llamado Gólgota, es decir, «Lugar de la Calavera», le dieron a beber a Jesús vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no lo quiso beber. Los que lo crucificaron se repartieron sus vestidos, echando suertes, y se quedaron sentados ahí para custodiarlo. Sobre su cabeza pusieron por escrito la causa de su condena: ‘Este es Jesús, el rey de los judíos’. Juntamente con él, crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

Los que pasaban por ahí lo insultaban moviendo la cabeza y gritándole: «Tú, que destruyes el templo y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz». También se burlaban de él los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, diciendo: «Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo. Si es el rey de Israel, que baje de la cruz y creeremos en él. Ha puesto su confianza en Dios, que Dios lo salve ahora, si es que de verdad lo ama, pues él ha dicho: ‘Soy el Hijo de Dios’» .Hasta los ladrones que estaban crucificados a su lado lo injuriaban.

Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, se oscureció toda aquella tierra. Y alrededor de las tres, Jesús exclamó con fuerte voz «Elí, Elí, ¿lemá sabactaní?». Que quiere decir: «Dios mío, Dios mío; ¿por qué me has abandonado?» Algunos de los presentes, al oírlo, decían: «Está llamando a Elías».

Enseguida uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja, la empapó en vinagre y sujetándola a una caña, le ofreció de beber. Pero los otros le dijeron: «Déjalo. Vamos a ver si viene Elías a salvarlo». Entonces Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, expiró. (de rodillas)

Entonces el velo del templo se rasgó en dos partes, de arriba a abajo, la tierra tembló y las rocas se partieron. Se abrieron los sepulcros y resucitaron muchos justos que habían muerto, y después de la resurrección de Jesús, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a mucha gente. Por su parte, el oficial y los que estaban con él custodiando a Jesús, al ver el terremoto y las cosas que ocurrían, se llenaron de un gran temor y dijeron: «Verdaderamente éste era Hijo de Dios».

Estaban también allí, mirando desde lejos, muchas de las mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo. Entre ellas estaban María Magdalena, María, la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.

Al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que se había hecho también discípulo de Jesús. Se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús, y Pilato dio orden de que se lo entregaran. José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en un sepulcro nuevo, que había hecho excavar en la roca para sí mismo. Hizo rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro y se retiró. Estaban ahí María Magdalena y la otra María, sentadas frente al sepulcro.

Al otro día, el siguiente de la preparación de la Pascua, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron ante Pilato y le dijeron: «Señor, nos hemos acordado de que ese impostor, estando aún en vida, dijo: ‘A los tres días resucitaré’. Manda, pues, asegurar el sepulcro hasta el tercer día; no sea que vengan sus discípulos, lo roben y digan luego al pueblo: ‘Resucitó de entre los muertos’, porque esta última impostura sería peor que la primera». Pilato les dijo: «Tomen un pelotón de soldados, vayan y aseguren el sepulcro como ustedes quieran». Ellos fueron y aseguraron el sepulcro, poniendo un sello sobre la puerta y dejaron ahí la guardia.

Palabra del Señor. R. Gloria a Ti, Señor Jesús.

7. Profesion de Fe

¿Creen ustedes en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra? - SI, CREO.

¿Creen en Jesucristo, su Hijo único y Señor nuestro, que nació de la Virgen María, padeció y murió por nosotros, resucitó y está sentado a la derecha del Padre? - SI, CREO.

¿Creen en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de los muertos y en la vida eterna? - SI, CREO.

Esta es nuestra fe, es la fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo nuestro Señor.

 

- AMEN

8. ORACION DE LOS FIELES

Unidos con Jesús, muerto en cruz para dar vida a todo hombre, oremos a Dios, nuestro Padre.

Digamos: Señor, ten piedad.

1.- Para que crezcan en los corazones de todos los hombres sentimientos de generosidad, de perdón, de amor. Oremos.

2.- Para que la fuerza de la pasión de Jesucristo renueve la Iglesia, y la convierta en servidora decidida de los pobres y de aquellos a quienes todo el mundo deja de lado. Oremos.

3.- Para que la luz del Evangelio ilumine y fecunde a todos los pueblos de la tierra. Oremos.

4.- Para que la celebración de la muerte y la resurrección del Señor nos haga a nosotros más cristianos. Oremos.

 

Dios, Padre nuestro, escucha la oración de tu pueblo, y sálvalo por la pasión de Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

9. CANTO DE OFERTORIO

Yo no soy nada y del polvo nací,

pero Tú me amas y moriste por mi.

Ante la cruz sólo puedo exclamar

Tuyo soy, tuyo soy

Toma mis manos, te pido

toma mis labios te amo toma mi vida,

Oh Padre tuyo soy, tuyo soy.

10. CANTO DE COMUNION

¡Tú reinarás! Este es el grito

que ardiente exhala nuestra fe:

¡Tú reinarás! ¡Oh Rey bendito!

Pues Tú dijiste: «Reinaré.»

Reine Jesús por siempre, reine su corazón;

en nuestra patria, en nuestro suelo,

que es de Maríá la nación:

en nuestra patria, en nuestro suelo,

que es de María la nación.

¡Tú reinarás! Dulce esperanza

que el alma llena de placer.

Habrá por fin paz y bonanza,

felicidad habrá doquier.

¡Tú reinarás! Dichosa era,

dichoso puebio con tal Rey;

será tu cruz nuestra bandera,

Tu amor será la nuestra ley.

11. CANTO FINAL

¡QUE VIVA MI CRISTO, QUE VIVA MI REY!

¡QUE IMPERE DOQUIERA! TRIUNFANTE SU LEY!

¡QUE IMPERE DOQUIERA TRIUNFANTE SU LEY!

¡VIVA CRISTO REY! ¡VIVA CRISTO REY!