Hoy Sábado, 22 de noviembre de 2008 | 03:37

INDICE

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23º DOMINGO ORDINARIO

 

 

1. CANTO DE ENTRADA

Al reunirnos en nombre del Señor,

Cristo está entre de nosotros.

Vamos a oir la Palabra del Señor

nuestra fuerza y salvación.

2. acto penitencial

Convocados por Jesucristo, reunidos como comunidad, atentos unos a otros, pidamos en silencio la gracia y la misericordia de Dios.

- Tú, que cuidas amorosamente de todos los hombres:
Señor, ten piedad.

- Tú, que eres el amor y la fuente de todo perdón:
Cristo, ten piedad.

- Tú, que nos reúnes como hermanos:
Señor, ten piedad.

3. GLORIA

Gloria a Dios en el cielo,

y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos,

te adoramos, te glorificamos, te damos gracias,

Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso.

Señor, Hijo único, Jesucristo.

Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre;

tú que quitas el pecado del mundo,

ten piedad de nosotros;

tú que quitas el pecado del mundo,

atiende nuestra súplica;

tú que estás sentado a la derecha del Padre,

ten piedad de nosotros;

porque sólo tú eres Santo, sólo tú, Señor,

sólo tú, Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo

en la gloria de Dios Padre. Amén.

4. ORACION colecta

Señor, que te has dignado redimirnos y hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de Padre y haz que cuantos creemos en Cristo, obtengamos la verdadera libertad y la herencia eterna. Por nuestro Señor Jesucristo... Amén.

5. PRIMERA LECTURA

Reunidos aquí por Jesucristo, vamos a escuchar ahora la llamada que Dios hace a su profeta. La responsabilidad que le encarga, nos la encarga también a cada uno de nosotros para con nuestros hermanos.

Lectura del libro del profeta Ezequiel

 

33, 7-9

E sto dice el Señor: «A ti, hijo de hombre, te he
constituido centinela para la casa de Israel.
Cuando escuches una palabra de mi boca, tú se la comunicarás de mi parte.

Si yo pronuncio sentencia de muerte contra un hombre, porque es malvado, y tú no lo amonestas para que se aparte del mal camino, el malvado morirá por su culpa, pero yo te pediré a ti cuentas de su vida.

En cambio, si tú lo amonestas para que deje su mal camino y él no lo deja, morirá por su culpa, pero tú habrás salvado tu vida».

 

Palabra de Dios.

 

R. Te alabamos, Señor.

6. SALMO RESPONSORIAL

(Puede cantarse)

 

R. El Señor es mi Pastor,

nada me puede faltar.

Vengan, lancemos vivas al Señor,

aclamemos al Dios que nos salva.

Acerquémonos a él, llenos de júbilo,

y démosle gracias. R.

Vengan, y puestos de rodillas,

adoremos y bendigamos al Señor, que nos hizo,

pues él es nuestro Dios y nosotros, su pueblo,

él nuestro pastor y nosotros, sus ovejas. R.

Hagámosle caso al Señor, que nos dice:

«No endurezcan su corazón,

como el día de la rebelión en el desierto,

cuando sus padres dudaron de mí,

aunque habían visto mis obras». R.

 

7. SEGUNDA LECTURA

Siguiendo con lo que leíamos el domingo anterior, san Pablo nos habla de las exigencias de la salvación que hemos recibido. ¿En qué se resumen esas exigencias? Escuchémoslo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 13, 8-10

 

H ermanos: No tengan con nadie otra deuda
que la del amor mutuo, porque el que ama al
prójimo, ha cumplido ya toda la ley. En efecto, los mandamientos que ordenan: «No cometerás adulterio, no robarás, no matarás, no darás falso testimonio, no codiciarás» y todos los otros, se resumen en éste: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo», pues quien ama a su prójimo no le causa daño a nadie. Así pues, cumplir perfectamente la ley consiste en amar.

 

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

8. ACLAMACION

R. Aleluya, aleluya

Dios ha reconciliado consigo al mundo,

por medio de Cristo, y nos ha encomendado

a nosotros el mensaje de la reconciliación.

R. Aleluya, aleluya

9. EVANGELIO

@ Lectura del santo Evangelio según san

Mateo

 

R/ Gloria a Ti, Señor. 18, 15-20

E n aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Si tu hermano comete un pecado, ve y
amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano.

Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo.

Yo les aseguro también, que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reunen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos».

 

Palabra del Señor.

R. Gloria a Ti, Señor Jesús.

10. Profesion de Fe

Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso.

Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos.

Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

 

11. ORACION DE LOS FIELES

Nos ha dicho Jesús: «Si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá». Por eso nosotros, con entera confianza, con amor, oramos a Dios.

Diciendo: Escúchanos, Padre.

1.- Para que la Iglesia en todo el mundo avance cada vez más en formas de vida y de gobierno comunitarias, corresponsables, evangélicas. Oremos.

2.- Para que las diferentes comunidades cristianas progresen en la ayuda mutua, la cooperación misionera y la corrección fraterna. Oremos.

3.- Para que en estos tiempos de dificultades económicas, todos tengamos muy presentes a los más necesitados y busquemos formas de ayudarles. Oremos.

4.- Para que la ONU y demás instituciones internacionales consigan aumentar su autoridad e influencia en la solución de los conflictos entre naciones y pueblos. Oremos.

5.- Para que todos los que nos hemos reunido en esta celebración sintamos más que el Señor está entre nosotros y nos abramos a su amor. Oremos.

 

Escucha, Padre, lo que te hemos pedido por nosotros y por todos los hombres. Lo pedimos en nombre de Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

12. CANTO DE OFERTORIO

Que nos conduzca la Iglesia

por tus senderos, Señor

que los obispos y el Papa

nos encaminen a Ti.

TE LO PEDIMOS, OYENOS SEÑOR.

13. CANTO DE COMUNION

CERCA DE TI, SEÑOR,

YO QUIERO ESTAR

TU GRANDE, ETERNO AMOR,

QUIERO GOZAR.

LLENA MI POBRE SER,

LIMPIA MI CORAZON;

HAZME TU ROSTRO VER

EN LA AFLICCION.

Mi pobre corazón inquieto está,

por esta vida voy buscando paz;

más sólo tú Señor, la paz me puedes dar;

cerca de tí, Señor, yo quiero estar.

Pasos inciertos doy, el sol se va;

mas si contigo estoy no temo ya.

Himnos de gratitud alegre cantaré,

y fiel a Tí, Señor, siempre seré.

Día feliz veré creyendo en Tí,

en que yo habitaré cerca de Tí.

Mi voz alabará tu santo nombre, allí,

y mi alma gozará cerca de Tí.

14. CANTO FINAL

DIOS ESTA AQUI, QUE HERMOSO ES,

EL LO PROMETIO, DONDE HAY DOS O TRES.

 

 

 

SEPTIEMBRE: «MES DE LA BIBLIA»

 

CANON, Escritos canónicos: Atendiendo su significado etimológico original la palabra canon designa la caña o vara de medir. De ahí pasó a significar norma de conducta y también lista de esas normas o de los documentos que contienen dichas normas. En este último sentido, sobre todo, se utiliza la palabra «canon» en la terminología eclesial. El canon bíblico es, pues, la lista de libros sagrados que componen la Biblia. Una lista que, según la Iglesia católica, comprende setenta y cuatro libros (cuarenta y siete para el AT y veintisiete para el NT). Las comunidades protestantes, siguiendo la tradición del judaísmo palestinense, eliminaron siete libros de la lista/canon del AT (Bar, Tob, Jdt, Eclo, Sab, 1-2 Mac) considerándolos como «apócrifos». La Iglesia católica por su parte, los considera sagrados y los denomina «deuterocanónicos», es decir, incorporados en un segundo momento, pero con la misma autoridad, a la lista de libros sagrados.

La tradición judía formó su lista de libros sagrados tomando como punto de referencia la autoridad de Moisés, de los profetas y de otros insignes personajes de la historia de Israel. La vinculación de una serie de libros con estos personajes, con las más antiguas y sagradas tradiciones de Israel, con el templo y el culto, hizo que fueran considerados como inspirados por Dios y por tanto sagrados. Pero es preciso señalar que existió una doble tradición judía al respecto: la tradición del judaísmo palestinense, seguida siglos más tarde por las comunidades protestantes, que sólo consideró sagrados cuarenta libros (es el llamado «canon corto»); y la tradición del judaísmo alejandrino que admitió también como sagrados los siete libros denominados posteriormente deuterocanónicos (es el llamado «canon largo»). Esta última lista/canon fue la aceptada por las primeras comunidades cristianas y la declarada como única válida por la Iglesia católica en el Concilio de Trento.

En cuanto a la formación de la lista de los libros sagrados del NT, no todos los escritos del cristianismo naciente fueron considerados inspirados y normativos para la Iglesia y por tanto incluidos en el canon del NT. Algunos escritos, como la Didajé o la carta de Clemente a los corintios, compuestos en la última década del siglo I d. C., y de contenido netamente cristiano, no fueron, sin embargo, tenidos como inspirados. Sólo veintisiete escritos pasaron a formar parte del canon/lista de libros sagrados en un lento proceso de aceptación que duró hasta bien entrado el siglo IV d. C. y en el que podemos distinguir varias etapas. Durante el siglo I d. C. la tradición de Jesús y de los apóstoles constituyó el «canon vivo». El evangelio de Jesucristo era el criterio para distinguir entre la verdadera y la falsa fe. En el siglo II d. C. se fueron formando colecciones de escritos a los que se confería una cierta autoridad dentro de las iglesias. Pero fue en el siglo III d. C. cuando se completó el canon y se dio al conjunto de estos escritos el nombre de Nuevo Testamento reconociendo su carácter sagrado y normativo para la vida de la Iglesia.

Los criterios utilizados para determinar el canon del NT fueron tres. En primer lugar su apostolicidad, es decir, el origen apostólico de un escrito, el cual se determinaba por el hecho de que hubiera sido compuesto por un apóstol o por alguno de sus colaboradores. En segundo lugar la conformidad de los escritos con la tradición viva de la Iglesia, es decir, su ortodoxia. Finalmente, un criterio de gran importancia fue la utilización de los escritos en la lectura pública en un amplio número de comunidades.

 

PALESTINA. Entre los distintos nombres que recibe el país de la Biblia (tierra de Israel, Canaán, tierra santa, tierra prometida) el más común, especialmente en los ambientes no judíos, es el de Palestina. El nombre de Palestina procede del vocablo «pelistim» (=filisteos) y empezó a generalizarse a partir de la época bizantina. La geografía física de Palestina está formada por cuatro zonas geográficas que la recorren de norte a sur: la zona costera del Mediterráneo, el altiplano o cadena montañosa central, el valle del Jordán, y la meseta transjordánica.

La zona costera está dividida en dos partes por el monte Carmelo: la parte norte corresponde prácticamente a lo que era la antigua Fenicia, y la parte sur corresponde a la llanura del Sarón y al país de los filisteos. La costa mediterránea es rectilínea, sin salientes capaces de formar puertos naturales.

El altiplano o cadena montañosa central se divide de norte a sur en tres secciones correspondientes a las tres clásicas provincias: montaña de Galilea; montaña de Samaria, con las dos cimas del Ebal y el Garizín, y la montaña de Judea. En esta cadena montañosa central se encuentran las ciudades más importantes del AT y NT: Nazaret, Meguido, Samaría, Siquén, Siló, Betel, Gabaón, Guibeá, Jerusalén, Belén, Hebrón y Berseba.

El valle del Jordán, a través del cual fluye el río del mismo nombre, constituye la depresión más profunda de toda la corteza terrestre (400 metros bajo el nivel del mar en la región del mar Muerto). A su paso por el valle, el río Jordán forma tres lagos o mares: el lago Hule o Merón, el lago de Tiberíades o mar de Galilea (también llamado lago de Genesaret), y el mar Muerto, en el que desemboca. En torno al lago de Tiberíades o de Genesaret, principal escenario en el que Jesús de Nazaret proclamó su mensaje, se encuentran las célebres ciudades de Cafarnaún, Corozaín, Betsaida, Magdala, etc. Poco antes de desembocar en el mar Muerto, el Jordán pasa cerca de Jericó.

 

La meseta transjordánica está atravesada horizontalmente por los ríos Yarmuc, Yaboc, Amón y Jasa que de norte a sur dan lugar a las regiones de Basán, Galaad, Amón, Moab y Edom.

Para señalar las fronteras norte y sur de Palestina la Biblia ha acuñado la expresión desde Dan hasta Berseba (Jue 20 1); unos 240 km en línea recta y una extensión total de unos 25.000 km2 que hacen de Palestina un país de muy reducidas dimensiones.