Hoy Viernes, 21 de noviembre de 2008 | 23:15

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11.- El Silencio en la Liturgia.

            Una acción litúrgica importante es el silencio sagrado. La instrucción general para el uso del Misal Romano, explica:

            “También, como parte de la celebración, ha de guardarse silencio sagrado. La finalidad de este silencio depende del momento en que se observe durante la Misa; por ejemplo, en el acto penitencial y después de una invitación a orar, los presentes se concentran en sí mismos: al terminar la lectura o la homilía, reflexionan brevemente sobre lo que han oído; después de la comunión alaban a Dios con su corazón y oran” (Núm. 23)

            “Por eso el silencio es parte de la celebración". (Núm. 22).

            En el “Directorio para Misas con niños” se lee una observación, que igualmente sirve para los adultos: “Téngase muy en cuenta que las acciones externas pueden quedar infructuosas, y hasta llegar a ser nocivas, si no favorecen la participación interna de los niños”.

            En el silencio de la noche Dios habla a Samuel, a Abraham, a Jesús. Es el mismo Dios que quiere hablar con nosotros en la Santa Misa, por eso debemos prepararnos para que Dios pueda hablarnos al santuario de nuestra alma. Mientras nosotros platicamos, Dios no nos puede hablar. Y platicamos mucho, demasiado; hay gente que platica hasta en el templo. La locuacidad y las habladurías son una de las causas, por las que el hombre se hace sordo a la voz de Dios.

            El silencio que a Iglesia pide es ante todo un don de Espíritu Santo; que nos conduce a la fructuosa participación de la Santa Misa. Se ha interpretado el silencio como signo del Espíritu Santo.

            La vida de Cristo empezó en el silencio de Nochebuena, alcanzó su punto culminante en el silencio del Huerto de los olivos y terminó en casi total silencio de la Santa Cruz.

            En el silencio de un corazón bien dispuesto de verdad, la Palabra se hace de nuevo carne y pone su morada entre nosotros. No es un silencio pasivo, de quien no tiene nada que decir, sino un silencio activo, de interiorización profunda.

 

            PREGUNTA

            1. ¿Por qué debemos guardar silencio en algunas partes de la Santa Misa?

R.- Porque el silencio nos dispone a reflexionar y asimilar la Palabra de Dios, a imitación de María Santísima, guardarla en nuestro corazón y aflorarla en actos.

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