Hoy Viernes, 21 de noviembre de 2008 | 23:35

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21. LA MISA COMO SACRIFICIO

            En la Cruz, el Señor ofreció su vida al Padre.

            La ofreció para obtenemos el perdón de los pecados y la amistad divina.

            La ofreció voluntariamente entre grandes penas y sufrimientos. La ofreció hasta la muerte. Su sacrificio es irrepetible. Fué ofrecido una vez y para siempre.

            El Señor no vuelve a sufrir ni a morir. Pero el mismo sacrificio se perpetúa a través de los tiempos hasta la consumación del mundo, en la celebración eucarística. Ahora el Señor se ofrece como resucitado y vencedor de la muerte, jubilosa y gloriosamente. Porque ahí lo celebró en su última cena.

            Su sacrificio es real y verdadero como áquel del calvario: el pan y vino consagrados son su Cuerpo inmolado y su Sangre derramada en sacrificio al Padre.

            En el Calvario, el Señor ofreció su vida solo. Ahora la ofrece con nosotros, como sacerdote eterno al servicio de todos los redimidos que forman su Iglesia.

Así su sacrificio es también el sacrificio de la Iglesia.

Sacrificio perfecto, grato a Dios, sacrificio único y comunitario.

            Este es el sacrificio de la Nueva y Eterna Alianza entre Dios y su pueblo, máximo acto de piedad, por el cual los hijos de Dios, damos gracias al Padre por la creación, la redención y la santificación.

 

            PREGUNTA

            1. ¿Por qué la Santa Misa es un Sacrificio?.

R.- Porque Cristo en su cena celebró su  propio sacrificio de obediencia filial al Padre y de servicio a los hombres hasta la muerte de Cruz. Nosotros en la Eucaristía hacemos presente la Cena del Señor.

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