Hoy Sábado, 22 de noviembre de 2008 | 02:25

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24.-  EN LA SANTA MISA NOS OFRECEMOS A CRISTO

 

            Hermanos: Por el Bautismo, nosotros somos sacerdotes.

            San Pedro nos dice en su primera carta (2, 5): “Ustedes son piedras vivas que forman el edificio de un templo espiritual y de un sacerdocio santo destinado a ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios por Jesucristo”.

            Tenemos, pues, todos los cristianos que asistir a la Santa Misa dándonos cuenta que venimos a ejercer un oficio: venimos a ofrecer un sacrificio; ¿A quién va dirigido nuestro ofrecimiento? A DIOS PADRE.

            La Santa Misa no la ofrecemos a los santos, ni a los difuntos.

            Podemos ciertamente ofrecer la Santa Misa a Dios Padre pidiéndole por nuestros difuntos, por nuestras intenciones o las de nuestros amigos, etc. Podemos también ofrecerla pidiéndole que se muestre bondadoso a través de algún santo y que ese santo sea más conocido y amado: por eso a veces decimos que vamos a ofrecer la Misa en honor de tal santo o de María Santísima.

            Y ¿qué es lo que debemos ofrecer a Dios Padre en la Santa Misa?

            Ante todo, el sacrificio de su Hijo Divino.

            La Constitución de la Sagrada Liturgia en el número 48 pide a todos los cristianos que “ofrezcan la Hostia inmaculada no solo por manos del sacerdote, sino juntamente con el".

            ¿En qué momento tenemos que realizar este ofrecimiento de Jesucristo al Padre?

            En la Consagración y en los momentos siguientes, ya que es hasta entonces cuando está Cristo presente, como Víctima, bajo las apariencias del pan y del vino.

            Por esto, el ofertorio propiamente dicho no es después del Evangelio, sino después de la Consagración.

            Teniendo en cuenta lo que acabamos de escuchar, ofrezcámosle a Dios Padre, en esta Misa, la vida entera de Cristo, su Encarnación, su Pasión, su Muerte, su Resurrección, su Ascención; la oración continua que hace por nosotros en el cielo y la alabanza perfecta que tributa a su Padre.

            Cristo se ha entregado a su Iglesia para que pueda ésta tener algo digno que darle al Padre.

            Todos nosotros que unidos formamos la Iglesia, decimos “Amén”, que quiere decir: “Sí”, cuando el sacerdote, levantando la hostia y el cáliz que contienen a Cristo, los ofrece a Dios en señal de honor y gloria.

 

            PREGUNTAS:

            1. ¿A qué venimos a Misa?

R.- A ofrecer nuestro sacrificio junto con el de Cristo.

            2. ¿A quién va dirigido nuestro ofrecimiento?

R.- A Dios Padre, no a los santos ni a los difuntos. Podemos ofrecer la Misa a Dios Padre pidiéndole por nuestros difuntos, por nuestros amigos, etc.

            3. ¿En qué momento tenemos que realizar este ofrecimiento de Jesucristo   al Padre?

R.- En la Consagración y en los momentos siguientes porque solamente hasta entonces Cristo está presente como víctima, bajo la apariencia del pan y el vino.

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