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Hoy
Sábado, 22 de noviembre de 2008 | 04:27
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25. EN LA SANTA MISA NOS OFRECEMOS JUNTAMENTE
CON CRISTO
Hermanos: Cristo nuestro Señor, como ya lo habían
hecho en la antigüedad los profetas, reprendió severamente a los
que ofrecían sacrificios de animales en honor a Dios sin ofrecerle
juntamente una vida de caridad y de justicia.
¡Cuántas veces nosotros podemos también ahora, hacer de
la Santa Misa un sacrificio farisáico, que no es agradable a Dios,
si al ofrecer el cuerpo de Cristo, no nos ofrecemos nosotros mismos
y una vida cristiana vivida o al menos nuestro arrepentimiento
y el propósito de comportarnos conforme a la voluntad de Dios!
La Constitución de la Sagrada Liturgia del Vaticano II
nos dice en el n. 48 que los cristianos aprendan a ofrecerse
a sí mismos al ofrecer la Hostia inmaculada.
Cristo no nos quitó nuestra responsabilidad, no quiere
que lo dejemos solo, sino que nos ofrezcamos también con El:
Como dijo Pío XII en la encíclica Mediator Dei: para
que la oblación, en la que en este sacrificio ofrecen la Víctima
divina al Padre Celestial tenga su pleno efecto (es decir, para
que sea realmente agradable al Padre la Misa a la que participamos),
es necesaria todavía otra cosa, a saber: QUE SE INMOLEN ASI MISMOS
COMO VICTIMAS.
En la Santa Misa venimos, pues, a hacer una oblación, un
ofrecimiento, es decir, a dar algo a Dios, evidentemente de los
mismos dones que El nos ha dado, como son nuestra libertad y nuestra
persona; no sólo venimos a recibir.
Esto lo enseña abiertamente el Concilio Vaticano II en
el n. 34 de la Constitución sobre la Iglesia: que en la celebración
de la Eucaristía ofrezcamos con gran piedad a Dios Padre, con
la oblación del cuerpo del Señor, todas nuestras obras, preces
y proyectos apostólicos, la vida conyugal y familiar, el trabajo
cotidiano, el descanso del alma y del cuerpo e incluso las molestias
de la vida, pues si se realizan en el Espíritu se sufren pacientemente,
se convierten en hostias espirituales, aceptables a Dios por Jesucristo
(I Pe. 2,5).
PREGUNTAS
1. ¿Qué debemos ofrecer en la Santa Misa? R.- Ofrezcamos a Dios Padre, es esta Santa Misa, después
de la Consagración, junto con lo que Cristo ha hecho por nosotros,
todo lo que nosotros hayamos hecho por Dios o nuestros propósitos
de una vida mejor y toda nuestra persona entera.
2.- Solamente debemos ofrecer a Dios Padre a Cristo
su Hijo en la Santa Misa?. R.- No debemos aprender a ofrecernos a nosotros mismos
junto con Cristo a Dios Padre. En nuestro trabajo cotidiano, nuestros
trabajos apostólicos, el descanso, las alegrías y molestias, pues
si se sufre pacientemente, se convierten en hostias espirituales
aceptables a Dios por Jesucristo.
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