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Hoy
Sábado, 22 de noviembre de 2008 | 05:02
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67. RITOS DE DESPEDIDA RITO FINAL O CONCLUSIVO
Este rito final consta de dos partes: a) El saludo y bendición
del sacerdote celebrante. b) La despedida a la asamblea. Además,
el sacerdote celebrante se despide del altar con un beso reverencial.
Veamos cada uno.
El saludo final:
Puede ocurrir que el sacerdote, por sí o por otro ministro
suyo, tenga que decir algo a la asamblea, antes de saludarla,
bendecirla y despedirla. En este caso, lo hace en este preciso
momento. Los avisos tienen aquí su lugar propio. Y en seguida
saluda a la asamblea con el consabido: El Señor esté con
vosotros al que responde el pueblo: Y con tu espíritu.
Y el sacerdote bendice a la asamblea diciendo: La bendición
de Dios Todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre
vosotros. El pueblo responde: amén. Es su último
amén, frecuentemente repetido durante la Misa, adhiriéndose y
confirmando los hechos y dichos del sacerdote, como representante
de Cristo y de presidente de la asamblea litúrgica. Al recibir
la bendición, no está mandado que hagan los fieles la señal de
la cruz (la traza en el aire el sacerdote al bendecirlos), pero
sí inclinan reverentemente la cabeza, agradecidos a Dios, que
es propiamente quien la imparte invisiblemente.
La despedida:
En la Misa con diácono, éste despide al pueblo, con Podéis
ir en paz u otra fórmula parecida. El beso de despedida
al altar, por el sacerdote, corresponde al saludo inicial. Ambos
son signos reverenciales, juntamente con la incensación del principio,
a la vez que expresan e respeto y veneración agradecidos a Cristo,
a quien el Altar representa, inculca a los fieles la devoción
al mismo, en todo tiempo, como ara del Santo Sacrificio. Por eso
al altar se le hacer reverencia profunda siempre al pasar frente
a él.
La respuesta del pueblo: Demos gracias a Dios,
es la forma corriente de alabar a Dios en las celebraciones litúrgicas,
al terminarlas. En la Misa este rito conclusivo, a la vez que
recalca la acción de gracias, de la que es expresión máxima de
la Gran Acción Eucarística que se acaba de realizar en el Altar,
suena a invitación encarecedora de todos los participantes, a
convertir su quehacer diario en un sacrificio meritorio ofrecido
a Dios Creador, Dador de todo bien, y así contribuir a que su
Reino se extienda a todo el mundo: Reino de Verdad y de Vida,
de Santidad y Gracia, de Justicia, de Amor y de Paz.
Si queremos medir la autenticidad de nuestra participación
en la Santa Misa, preguntémonos sinceramente si "los gozos
y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres
de nuestro tiempo sobre todo de los pobres y de cuantos
sufren, son a la vez nuestros gozos, nuestras tristezas y angustias.
Preguntémonos si caminamos juntos en una marcha ascendente,
humanizante y liberadora; la marcha de la Pascua con Cristo. Sólo
así nuestra celebración es auténtica.
PREGUNTAS:
1.- ¿Qué es el rito final y conclusivo de la Santa
Misa? R.- El saludo, bendición y despedida
del sacerdote a la asamblea y la invitación para que vayamos en
paz a trabajar en la extensión del reino de Dios a través de nuestro
diario quehacer.
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