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Hoy
Sábado, 22 de noviembre de 2008 | 00:08
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El Evangelio Según SAN MARCOS Tema 2 Introducción ¿Quién dice la gente que soy yo?..., y según ustedes ¿quién
soy yo? Esta pregunta que Jesús hizo un día a sus discípulos en Cesárea de Filipo no
ha perdido actualidad en los veinte siglos que han transcurrido desde aquel día. Hombres
y mujeres de todas las épocas y geografías han visto en Jesús un maestro, un líder,
una personalidad atrayente. Sus enseñanzas sobre el amor, su atención a los desposeídos
de la tierra, su oposición a todo lo que oprime al hombre, sus acciones liberadoras, han
hecho de él un personaje aceptado y admirado. Pero esta aceptación tiene un límite, y
ese limite se encuentra en el calvario. Hasta allí no llega la admiración, porque su
muerte resulta escandalosa. Sólo unos pocos se detienen para escuchar la invitación a
tomar la cruz y seguir a Jesús, único camino para llegar a conocer su verdadera
identidad. El evangelio de Marcos es una invitación a descubrir el auténtico rostro de
Jesús, recorriendo a su lado el camino que conduce a la cruz, y a través de ella a la
resurrección. 1. Marcos y su comunidad Los destinatarios del segundo evangelio son, en su mayoría no
judíos, a quienes el evangelista tiene que explicar expresiones y costumbres judías
(véase Mc 5, 41; 7, 3). Pertenecían con toda probabilidad a una pequeña comunidad
establecida en la gran ciudad de Roma. Corrían tiempos difíciles para ellos. Resultaban
odiosos tanto para los judíos como para los romanos. La fidelidad a la doctrina de Jesús
comportaba el riesgo continuo de verse despreciados, maltratados e incluso perseguidos,
como ocurrió en tiempos del emperador Nerón en el año 64 d. C. En esta situación de persecución y de crisis se hacía
necesario afianzar la fe. Marcos se propuso responder a aquella situación crítica
dirigiendo la mirada hacia Jesús para profundizar en el misterio de su persona. Su
relato, que tenía una intención catequética y pastoral, dio origen a un nuevo género
de literatura cristiana. Con él nacen los "evangelios", escritos de clara
finalidad pastoral, en los que a la narración sobre Jesús se une de manera inseparable
el testimonio de la comunidad creyente, llegando hasta nosotros con un fuerza que
cuestiona. El autor del segundo evangelio se esconde por completo detrás
del velo de su narración. No obstante, ya la tradición más antigua lo identificó con
Marcos, persona en estrecha relación con los apóstoles Pedro y Pablo y buen conocedor de
los principales centros de irradiación del cristianismo primitivo. Como ya hemos dicho, lo más probable es que el evangelio de
Marcos haya sido compuesto en Roma. Así lo afirma una antigua tradición, confirmada por
algunos datos del evangelio (uso de latinismos y costumbres típicamente romanas, como la
posibilidad de que una mujer se divorciara de su marido: Mc 10, 11-12). La fecha de composición puede fijarse entre los años 60 d. C.
y 70 d. C. Por un lado, los datos del evangelio reflejan una comunidad con problemas
típicos de la segunda generación cristiana (después del 60 d. C.); y por otro, no hay
una referencia clara a la destrucción de Jerusalén (ocurrida en el año 70 d. C.); un
acontecimiento que tuvo grandes repercusiones entre los primeros cristianos. 2. El mensaje de Marcos El tema central y dominante del evangelio es la identidad de
Jesús. Son muchos los que se interesan por esa cuestión: los demonios, los discípulos,
la gente, Herodes, el sumo sacerdote, Pilato, el oficial romano... Muchas son también las
ocasiones en que se plantea: milagros, revelaciones divinas, palabras de Jesús, muerte de
Jesús... La respuesta se hace esperar, pero termina siendo precisa y clara en la
confesión de aquel oficial romano que lo ve morir: Verdaderamente este hombre era Hijo de
Dios (Mc 15, 39). Para Marcos, como para toda la cristiandad primitiva, el título
"Hijo de Dios" era sin duda el más adecuado para expresar tanto el origen
divino de Jesús como su vinculación sin igual a Dios y su verdadera humanidad. Pero
¿por qué esa demora en presentarnos a Jesús como Hijo de Dios, y por qué las repetidas
órdenes de silencio a aquellos que parecían entrever el misterio (véase Mc 1, 34. 44; 3
12; 5 43; 7 36; 8 26-30; 9, 9)? ¿Por qué quiere Jesús mantener oculto que él es el
Mesías, el Santo de Dios? No es cuestión de ignorancia, sino que se trata de una técnica
literaria característica de Marcos, mediante la cual descubre y esconde a la vez el
misterio de la persona de Jesús. El evangelista es consciente de estar ante una realidad
que jamás podrá ser convenientemente expresada en conceptos. Más aún, sabe que algunos
cristianos podían tener una visión equivocada de Jesús. Por eso, a toda afirmación
sobre su identidad debe seguir siempre la apertura, la búsqueda, el esfuerzo por una
comprensión mejor. El creyente nunca puede contentarse con fórmulas fijas, nunca puede
dejar de plantearse la pregunta: tú ¿quién eres? Junto a la presentación de Jesús, hay un segundo tema que
destaca en el evangelio de Marcos. Es el tema del discipulado. La misma estructura
literaria lo pone de manifiesto. Los relatos de la vocación (Me 1, 16-20), elección (Me
3, 13-19) y misión (Me 6, 7-13) de los discípulos ocupan una posición privilegiada al
comenzar, después de un breve sumario o resumen, cada una de las tres secciones de la
primera parte (véase la división del evangelio al final de esta introducción). También en la segunda parte el grupo selecto de discípulos
sigue manteniendo una importancia particular: son los destinatarios únicos de la
enseñanza en la que Jesús muestra las consecuencias de su caminar hacia la cruz (Mc 8,
31-33; 9, 31-32; 10, 32-34); ellos lo acompañan durante toda su actividad en el templo;
su presencia junto a Jesús se prolonga hasta que éste es arrestado. Después lo
abandonarán, pero el abandono no es la última palabra. Jesús mismo los invitará a
superar su huida anunciándoles, primero personalmente (Mc 14, 28) y luego por medio del
ángel (Mc 16, 7), su reencuentro en Galilea. Los discípulos son, por tanto, un constante punto de referencia
para el evangelista, pues constituyen un grupo expresamente llamado y elegido por Jesús
para una tarea específica: acompañarlo y ser enviados a predicar (Mc 3, 14-15). La comunicación con Jesús lleva a la comunión con el misterio
de su persona, y esa comunión es el fundamento esencial e imprescindible de la
predicación. Cristología y discipulado, como temas dominantes del evangelio
de Marcos, se entrecruzan de continuo y se esclarecen recíprocamente, haciendo de este
evangelio una obra siempre actual, dramática e inquietante. La buena noticia de Jesús
como Mesías e Hijo de Dios no es una doctrina científica o una mera especulación
intelectual a base de nociones y de títulos. Es la comunicación de un hecho que quiere
ser el fundamento de un estilo de vida: el discipulado. El discipulado, por su parte, es
el lugar privilegiado para la revelación de la identidad de Jesús. En la unión personal
con él Jesús descubre el misterio de su ser. 3. Composición y división A pesar del vocabulario pobre y del estilo sencillo, lleno de
repeticiones, el autor manifiesta sorprendentemente unas dotes extraordinarias de narrador
y compositor. Todas sus páginas respiran viveza y realismo, y la sucesión de cada relato
responde a un plan bien preciso, sabiamente concebido y perfectamente logrado. Es un autor
que, aunque escribe con poca elegancia, sabe narrar con viveza y componer bien. El tema fundamental que unifica y organiza toda la obra es de
carácter teológico: la revelación de la identidad de Jesús. Tal como insinúa en su
primera frase (Mc 1, 1), el evangelista se propone mostrar, de una manera progresiva, que
Jesús es realmente el Mesías esperado (Mc 8, 29); pero su mesianismo, en contra de las
esperanzas del momento, es un mesianismo sufriente -Hijo del hombre-, de quien a la vez
posee la condición divina -Hijo de Dios- (Mc 15, 39). Numerosos indicios literarios
permiten dividir este evangelio en dos grandes partes, cada una de las cuales consta de
tres secciones: INTRODUCCIÓN (Mc 1, 1-13) I. JESÚS, MESÍAS (Mc 1 14-8, 30) 1. Revelación de Jesús y ceguera de los dirigentes judíos (Mc
1, 14-3, 6) 2. Revelación de Jesús e incomprensión de sus parientes y
paisanos (Mc 3, 7-6, 6a) 3. Revelación de Jesús y reconocimiento inicial de sus
discípulos (Mc 6, 6b-8, 30) II. MESÍAS SUFRIENTE E HIJO DE DIOS (Mc 8, 31-16 8) 1. En camino hacia Jerusalén: Revelación del camino doloroso
del Mesías (Mc 8, 31-10, 52) 2. Jerusalén: Revelación de una autoridad que supera la del
"Hijo de David" (Mc 11, 1-13, 37) 3. Pasión y resurrección de Jesús: Revelación en plenitud
(Mc 14, 1-16, 8) APÉNDICE CANÓNICO (Mc 16, 9-20) El evangelio de Marcos es una continua revelación de Jesús. El
misterio de su persona se va manifestando poco a poco, en una creciente tensión
dramática que envuelve al lector, y lo hace entrar en el grupo de los que tiene que dar
una respuesta a la pregunta central; según ustedes ¿quién soy yo? (Mc 8 29) La primera parte
está llena de respuestas a esta pregunta. Los dirigentes judíos rechazan a Jesús (Mc 3
5-6), y sus parientes y la gente de su pueblo no lo comprenden (Mc 6 1 6a). Los demonios
creen conocerlo, pero Jesús les manda callar (Mc 1 34; 3 11 12), lo mismo que prohíbe
hablar a quienes sana de sus enfermedades y dolencias (Mc 1 44; 5 43; 7 36; 8 26). Sólo
los discípulos comienzan a entender quién es Jesús (Mc 8 29), pero su comprensión es
también incompleta. La afirmación de Pedro: tú eres el Mesías necesita ser
profundizada y comprendida en su verdadero sentido. La segunda parte
del evangelio intenta completar la respuesta de Pedro, mostrando que el mesianismo de
Jesús pasa necesariamente por la cruz. En esta segunda parte todo apunta hacia la pasión
(Mc 8 31-33; 9 30 32; 10 32-34), en la que Jesús aparece como el Hijo obediente del
Padre. Por eso, la confesión del oficial romano al pie de la cruz: verdaderamente este
hombre era Hijo de Dios (Mc 15 39) marca el punto de llegada de esta progresiva
revelación del misterio de Jesús. Es entonces, y no antes, cuando los lectores del
evangelio pueden comprender quién es realmente Jesús. Tema 3 Jesús el Mesías 1. Revelación de Jesús y ceguera de los dirigentes judíos (Mc
1, 14-3 6) El Jesús que presenta Marcos es con la figura de Siervo, no de
Rey que hace discursos, sino el siervo que trabaja. En cuatro pinceladas se introduce el "Siervo", en
sólo los trece primeros versos: Es alguien muy importante, el "Hijo de Dios",
¡es Dios!, viene precedido de un precursor; en su bautismo aparece la Santísima Trinidad
y enseguida el Espíritu lo conduce al desierto para enfrentarse con el
"enemigo". Y ya, sin más espera, empieza a predicar en Galilea
"Arrepentios, haced penitencia y creed el Evangelio. (1,15), "penitencia"
es lo que habían estado haciendo los dos: Juan y Jesús, y así comienzan su
predicación..., y ya, enseguida, llama a los cuatro primeros discípulos. (1, 16-20). En Marcos todo es acción rápida, movida: Todavía estamos en el primer capítulo,
y ya presenta cinco descripciones de milagros, y las muchedumbres que lo aman y lo buscan,
parece que uno las puede tocar. En Cafarnaum expulsa a un demonio en la mañana, al mediodía
sana a la suegra de Pedro, y en la tarde se agolparon las muchedumbres a la puerta de
Pedro con todos los enfermos y endemoniados, y sanó a muchos. Todavía en el primer capítulo, se retira a orar en la noche, y
en la mañana va a predicar a Galilea, fuera de Cafarnaum, y sanaba a endemoniados
(39)..., finalmente sana a un leproso ¡ pero de lo peor!, y las muchedumbres ya no le
dejan entrar en la ciudades... Las muchedumbres lo adoran, se agolpan por verlo y tocarlo...,
pero ya aparecen cinco incidentes de oposición: Los "líderes religiosos" odian
a Jesús, le tienen envidia porque hace el bien con poder, y con su vida les echa en cara
que son falsos "creyentes" ¡y por eso lo odian, porque con su amor se lleva a
las muchedumbres! En el primer milagro del capítulo 2, lo critican, diciéndole
que "blasfema" porque sólo Dios puede perdonar pecados, después lo critican
porque anda con pecadores (17-18), después porque no ayuna (18-22), ya en el capítulo 3,
cuando sanó en sábado a uno con la mano seca, los fariseos y herodianos se juntaron para
ver cómo lo podían destruir (3-6). Las muchedumbres y la oposición seguirán a lo largo de todo el
Evangelio, hasta que la oposición religiosa termine con crucificar a Jesús por la sola
razón de que siendo hombre, se hace Dios, con sus palabras y vida. 2. Revelación de Jesús e incomprensión de sus parientes
y paisanos (Mc 3, 7-6 6a) Es el
pecado contra el Espíritu Santo de Mc 3,29: Es no creer en Jesucristo,
cuando uno ve tanta maravilla, y obstinadamente se le achaca a Satanás o al azahar; es
obstinarse en no creer en Dios, al contemplar las estrellas y los átomos y los árboles,
pues ¡entre todos los hombres juntos, ni siquiera un pétalo de una flor hemos formado! Es el pecado de Judas, que se arrepintió, se dio cuenta de que
había hecho mal, pero fue incapaz de confiar en Jesús; siempre en la vida, confía en
Dios, ten fe en Jesús, que te perdonará setenta veces siete, por muy mal que hayas hecho
y aunque repitas el mismo mal un millón de veces... Jesús está siempre ahí para
perdonar, y todo lo que necesitas es que "confíes en Dios", las tres palabras
que resumen el mensaje de cada página de la Biblia. En tu vida y en la mía sólo caben dos posiciones: Estar con
las muchedumbres, o con la oposición..., con Jesús o contra Jesús..., no hay término
medio: Creer en el Espíritu del amor o enfangarse con Satanás, creyendo que la vida y la
redención es obra de la naturaleza o del azar. ¿En qué bando estás tú? Acepta a
Cristo como tu Salvador y tu Dios, vive en su Iglesia, y tendrás todo, en esta vida, y en
la vida eterna. En 3, 31-35 menciona cinco veces los "hermanos" de
Jesús. ¡Ninguno de ellos es hermano carnal! Los "hermanos" que nombra tres
veces en 33-35, somos "millones", todo buen cristiano, porque los "cristianos" no
se llamaron "cristianos" hasta Antioquía, en los tiempos de San Pablo (Hechos
11, 26), hasta entonces se llamaban los "hermanos de Jesús",
y en Hechos eran unos 120, no 120 hijos de María!, como algunos piensan al leer
Hech.1,14, pero que se aclara muy bien en el siguiente verso, Hech.1,15, donde dice que
eran entonces unos 120. Los "hermanos" de 3,31-32, eran primos de Jesús, los
mismos que se nombran en 6, 3: Santiago, José, Judas y Simón. De Santiago y José nos dicen en 15, 40 que eran hijos carnales
de María de Cleofás, hermana de la Virgen, por lo tanto "primos - hermanos" de
Jesús. Judas, en su carta, la empieza
diciendo que es hermano de Santiago, por lo tanto también "primo - hermano" de
Jesús, hay que andar con mucho cuidado en la Biblia con la palabra "hermano",
porque vivían en "clanes", en grupos de veinte o treinta familias, y a todos
los conocían como los "hermanos Gómez", por ejemplo, aunque fueran sólo
parientes, pero vivían en la casa de los Gómez (quizá cincuenta o hasta doscientas
personas). Ahí, en Mc 6, 3 es el único sitio de la Biblia donde se dice
que Jesús era carpintero, y lo reconoce como "el hijo de María", no el mayor,
ni el menor, sino "el hijo", no había confusión con otros, porque la Virgen
María sólo tuvo un Hijo: Jesús. En el capítulo 4, Jesús nos habla en cuatro parábolas de lo
más entrañable de su corazón: De su Iglesia y de cómo el cristianismo se forma y crece
dentro de nuestro corazón. Después hace más milagros. Y es de destacar la "Fe en
Cristo" que es la dinamita más poderosa del universo, capaz de sanar el cuerpo, de
parar tempestades, de mover las montañas del odio y las dudas, y de crear en nuestros
corazones la semilla del amor, gozo, paz, y seguridad que nada ni nadie puede quitar. Esta "fe en Cristo" es algo muy sencillo: La mujer con
hemorragia del capítulo 5 creía que Jesús
era Dios y que podía sanarla, nada más con que lo tocara..., lo tocó ¡y se sanó!, no
por la fe de Cristo, sino por la fe de ella en Jesús. Jairo, en el mismo capítulo,
creía que Jesús era Dios, y que podía resucitar a su hija, ¡y la resucitó! En el
capítulo 7, la mujer siro fenicia creía que Jesús era Dios, y que podía sanar a su
hija. ¡Y Jesús sanó a la hija, sin verla, por la fe de la madre!..., y lo mismo el
leproso, y el ciego Bartimeo, y el centurión... Hoy día para ti y para mí tener "fe en Cristo" es lo
mismo de fácil y de grandioso: Es creer que Jesús es el Señor, que es Dios, que
resucitó, y que está ahora mismo a nuestro lado. Sólo en una ocasión en todos los
Evangelios Jesús "no pudo" hacer milagros, y fue en su pueblo natal, en Mc 6, 5
¡y se admiraba de su incredulidad!, ¡ni Cristo "pudo" hacer milagros cuando no
había fe! 3. Revelación de Jesús y reconocimiento inicial de sus
discípulos (Mc 6, 6b-8 30) Jesús les profetizo tres veces que iba a ser entregado, y cómo
iba a morir y a resucitar. Ellos no querían entender nada, pero se pusieron tristes. En el centro del evangelio, en Mc 8, 27-30, Jesús mismo
presenta expresa y abiertamente este problema a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que soy yo? ?(preparado en
6,14-16: los mismos nombres, el mismo orden, clara distinción entre la gente y los
discípulos); y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?,?(8,29). Esto muestra que
las acciones de Jesús han creado una discusión entre la gente, y que Jesús espera un
conocimiento particular por parte de sus discípulos, quienes son distinguidos claramente. Si hasta ahora el problema había sido puesto con
interrogaciones y sólo los demonios habían hecho afirmaciones, ahora la respuesta de
Pedro llega como una profesión de fe: (8,29). Jesús es el Cristo: Así lo confiesa Pedro. Significa que Jesucristo debe ser
comprendido como el Hijo del hombre sufriente: (8,29-31). La concepción cristológica del evangelio de Marcos ha
encontrado una configuración particular en lo que desde W. Wrede se ha definido como secreto mesiánico. Este concepto tiene
su fundamento en 4,11. El reino de Dios, y Jesús como su anunciador, son vistos por Mc en
una relación estrecha, determinada por la realidad de los hechos. El reino de Dios es
comprensible solamente por aquél que sabe quién es Jesús. Los instrumentos literarios
con los cuales el evangelista ha elaborado su concepto son: - las órdenes de
callar que Jesús da a los curados: (1,44; cf. 5,43; 7,36), o a los demonios:
(3,12), a los discípulos: (8,30); (9,9); el callar va en el sentido de que su autoridad
mesiánica no debe ser revelada. - una concepción peculiar
de las parábolas; lo que las parábolas expresan en imágenes se revela sólo a
aquellos a los cuales les es dado el conocer el secreto del Reino. Los discípulos se
convierten en el ejemplo de los que no comprenden, y en cuanto tales, son repetidamente
amonestados por su incredulidad, por su corazón endurecido (4,13.40; 6,52; 8,14-21;
9,6.10.32; 10,32; 14,40). - El secreto mesiánico
tiene una duración limitada. El velo deberá ser quitado cuando el Hijo del
hombre resucite de entre los muertos (9,9b). Se indica aquí la directriz que se
busca en la intención teológica de esta concepción. El Jesús terreno no podía
todavía ser entendido, ya que a una comprensión completa de su persona y de su misión
eran necesarias las experiencias de la cruz y de la resurrección. Jesús anuncia el evangelio de Dios (1,14), llama a la fe en el
evangelio (1,15), este evangelio debe ser
predicado a todos los pueblos (13,10). El evangelio en Mc no es solamente
anuncio, sino que contiene también información narrativa. Con ello se manifiesta un
interés marcado por la historia de Jesús. Este interés se concentra en el espacio de tiempo para su
actividad pública, iniciando por el bautismo hasta la cruz y resurrección. Analizando el
material se nota que prevalecen las perícopas que relatan la actividad de Jesús, sobre
todo sus obras extraordinarias. Galilea aparece como la patria del evangelio y desde allí
se orienta a Jerusalén. En el centro del evangelio está Jesucristo; él es la Buena
Noticia. La confesión cristológica dominante es la de Hijo de Dios. Para hacer entender
al lector el significado de esta confesión, Mc la ha insertado en puntos centrales de su
libro, no solamente en los renglones iniciales, sino también en el grito paradójico del
centurión bajo la cruz: (15,39), que expresa la intención fundamental del evangelio. Tal
intención consiste en habilitar al hombre a pronunciar esta frase en la fe. El mismo título de Hijo
de Dios se encuentra en los relatos del bautismo y de la transfiguración (1,11; 9,7; y
también 3,11; 5,7). En cuanto Hijo de Dios, Jesús es el portador del Espíritu
(1,11), el vencedor de los demonios ?(3,11); (5,7), la revelación de Dios en la palabra:
(9,7) y en la acción: (15,39). Tema 4 Mesías sufriente e
Hijo de Dios (Mc 8, 31-16 8) 1. En camino hacia Jerusalén: Revelación del camino doloroso
del Mesías (Mc 8, 31-10 52) Entre los versículos que hablan del reino de Dios, Mc 9,1 es el último que se refiere expresamente a la venida
de este reino; los versículos que siguen (9,37...) se ocupan de la entrada en el reino.
Según Mc 9,1 algunos de los presentes verán el reino de Dios llegado en potencia; verán
que el reino ya ha venido y está ya presente. No es improbable que Mc 9,1 se refiera a la potente realización del señorío de Dios en la
resurrección de Jesús. Pero el contexto de la sección 8,27-9,13 en que no se habla de
las acciones de Jesús, sino exclusivamente de su propia persona y de su destino, sugiere
que 9,1 no se refiere a una general e indeterminada venida del reino de Dios, sino un
evento que se refiere a la persona de Jesús. Algunos indicios revelan que este evento es la resurrección de
Jesús. Si se interpreta 9,1 con la resurrección de Jesús, el señorío de Dios no
solamente se ha acercado, sino que ha llegado plenamente. En Jesús resucitado se
manifiesta abiertamente la completa potencia de Dios Señor. De nuevo se evidencia la
estrecha relación entre Jesús y el señorío de Dios. Este se realiza en conexión
íntima con la persona de Jesús. Sin embargo, también este hecho permanece aún escondido, sólo
algunos ven esta plena realización del señorío de Dios. No se realiza en un triunfo
terrestre, sino a través de la muerte de Jesús, superando potentemente la muerte en la
resurrección. Evitar el escándalo
(9,47): Este versículo pide una rigurosa resolución ante el peligro de pecado de
escándalo. En este contexto notamos tres características esenciales del reino de Dios. a) El reino de Dios no se impone a los hombres de una manera
obligatoria o contra su voluntad, ni mecánica, ni comprende a todos, sino que los hombres
deben disponerse, deben evitar el escándalo a veces con grandes sacrificios. b) En 9,43.45 se dice la
vida paralelamente a el reino de
Dios en 9,47. Esto muestra el carácter salvífico del reino de Dios. Explicando
Mc 1,15 hemos notado que el mensaje de Jesús realza a Dios como Dios, su señorío
potente. Aquí se hace expresamente claro que el señorío de Dios incluye la salvación,
la vida de los hombres y que ella sola garantiza esta vida. c) El entrar en el reino de Dios se contrapone a ser arrojado en
la geena. Se muestra con esto que el reino de Dios es una realidad no-terrestre,
post-mortal. Después de haber resistido resueltamente al escándalo, uno, con su muerte
entrará definitivamente en el ámbito del señorío potente de Dios. Ya hemos visto en
9,1 que, después de la muerte de Jesús, en su resurrección, se revela el señorío de
Dios y es reconocido como plenamente realizado. Jesús aparece en este pasaje como aquel que conoce las condiciones para entrar en el
reino. En Mc 10,15 Jesús dice: En
verdad os digo: quien no recibe el reino de Dios como un niño, no entra en él. Y
precede su palabra Dejen que los niños vengan
a mi, no se los impidan; porque de los que son como ellos es el reino de Dios
(10,14). En 10,15 se hace una distinción entre aceptar el reino de
Dios y entrar en él. El aceptarlo al modo de un niño es la condición
para la entrada en él. Un término paragonable es recibir la gracia de Dios
en 2Co 6,1. El reino de Dios se concibe como un don que se estima y se recibe con
gratitud. Los niños aparecen
como personas que no hacen nada por sí, sino que dejan hacer todo a sus padres y son objeto de su amor y de su solicitud paterna y
materna. No aparecen como actores autónomos, sino que aceptan lo que los padres hacen por
ellos, confiados en su cuidado. Es una relación de dependencia, de no-autonomía, de confianza
en relación con Dios, confiarse plenamente al señorío de Dios. La actitud de un niño
es la condición para entrar en el reino. Se requiere la pasividad confiada del hombre. Esta perícopa muestra que el señorío de Dios significa gracia
y salvación para todo hombre. En los versículos 10,23.24.25 Jesús repite tres veces que es
muy difícil entrar en el reino de Dios. Se muestra así que el señorío de Dios es, sí,
un don para el hombre, pero la actitud de un niño, la apertura requerida exige de su
parte un gran esfuerzo y una gran decisión. La vida eterna (10,17.30) se realiza en el entrar en el
reino de Dios (10,23-27). El reino de Dios significa vida y salvación para los hombres
(cf. 9,43-47). Pero a los hombres es imposible entrar en el reino, sólo la potencia de
Dios puede hacerlos entrar; su entrada es un don puro de Dios poderoso (10,27). Exteriormente (10,17-22.28-31), el alcance de la vida eterna
está coligada con la distancia de todos los bienes y con el seguimiento de Jesús. Se
requiere la observancia de los mandamientos de Dios (10,19), pero esto no basta. Se
requiere además el seguimiento de Jesús (10,21). Jesús pone el estar conectados con su
propia persona sobre el mismo nivel del respeto de la voluntad de Dios que se expresa en
los mandamientos. Y este seguimiento no debe ser para el hombre una relación entre muchas
otras, sino que pretende una completa exclusividad. Se requiere la distancia de todas las
otras relaciones personales y materiales (10,21.29) y la concentración sobre la persona
de Jesús. El motivo de esta distancia es expresamente el coligamento con
la persona de Jesús: a causa de mi y del evangelio (10,29). La misma motivación ha sido
adoptada en un contexto similar, que requiere la serena distancia de la propia vida
(8,35). Una sola cosa es importante y decisiva para la salvación del hombre: el
seguimiento de Jesús. Hemos visto cómo el mensaje de Jesús está concentrado en Dios
señor. No tiene otro contenido que: Dios es el señor y el Dios señor es cercano a
vosotros. Con el mensaje está conectado el mandamiento: conviértanse y crean al
evangelio. La forma concreta de la conversión y de la fe requerida se revela en 8,35 y
10,29: consiste en el seguimiento de Jesús. Para el mandamiento se muestra la misma
concentración como en el mensaje: el hombre debe tomar las distancias, la única cosa
importante y salvífica es su íntima comunión con la persona de Jesús. Pero este es un
don del poder de Dios (10,27) y conduce a la vida eterna, a la salvación, a la entrada en
el señorío de Dios. Con grande claridad esta perícopa muestra, que Jesús no es
solamente el mensajero del señorío de Dios. En un cierto sentido mensaje y mensajero son
idénticos. La entrada en el señorío de Dios llega a través del seguimiento de la
persona de Jesús. El reino de Dios es una fórmula abstracta que debe ser
interpretado de manera concreta. Reino de Dios es lo mismo que Dios
reina. El reinado de Dios se ofrece a los hombres como una paternidad, no como
dominio sobre los impíos y los enemigos; Dios Padre manifiesta su amor a sus hijos por
medio del perdón de los pecados y curando
toda enfermedad y dolencia. Dios reina en Jesús, y por medio de él, que pasó haciendo el bien ejerce su
reinado expulsando demonios, perdonando los pecados, curando a los enfermos... Reino de
Dios y Jesús se identifican. Los agentes
del Reino son Dios y Jesús, al hombre sólo le toca recibirlo. Jesús se
distingue del Reino, pero a la vez se identifica dinámicamente con él. Su acción está
totalmente al servicio del Reino, pero él mismo lo realiza en su persona. Las exigencias del Reino son la conversión y la
fe: (1,15). Tema 5 Jesús el Hijo de
Dios 2. Jerusalén: Revelación de una autoridad que supera
la del "Hijo de David" (Mc 11, 1-13 37) Es la segunda parte del Evangelio, y la obra más grande y
maravillosa del Siervo Redentor, la hizo durante la última semana de su vida, a la que
Marcos le dedica buena parte de su Evangelio, ¡y bien especificada!..., identifica lo que
hizo cada día de esa semana. Domingo de Ramos
(11, 1-11): Entra Jesús triunfante en
Jerusalén y en la noche se fue a descansar a Betania, a casa de su amigo Lázaro. Hoy
día los cristianos somos más dichosos que los que estaban el Domingo de Ramos en
Jerusalén, porque ellos pudieron ver y hablar a Jesús, pero no lo pudieron llevar en su
corazón, porque todavía no había ocurrido la redención. Tú y yo ahora, tenemos a
Jesús en nuestro corazón, el Reino en nosotros, por eso, cuando dice Jesús que Juan el
Bautista es el más grande de los profetas, añade que el más pequeño en el Reino es
más grande que Juan. Lunes Santo (11, 12-19): Maldijo a la higuera y expulsó
a los vendedores del tempo... Y, cuando se hizo tarde, se fue a descansar a Betania. Martes Santo (11, 20 a 14, 37): Fue un día ocupadísimo: -
Ocurrió el episodio de la higuera seca, de 11, 22-24. -
Los enemigos lo acosaron con preguntas, para poder prenderle, y
contestó a las preguntas sobre "los poderes de Jesús", "el tributo al
César", sobre la "resurrección", el "primer precepto", y el
"origen del Mesías". -
Dio las "Parábolas de la reprobación de Israel": Los
viñadores, los dos hijos y los invitados a las bodas, en Mc 12 y Mt 21 y 22. -
El óbolo de la viuda (12-41) -
El Sermón del fin del mundo, en
Mc 13; Lc 21 y Mt 24 y 25..., y al final del día se fue a Betania (14,13). Miércoles Santo:
(14, 1-10): La conspiración de los judíos, la unción de Betania y la traición de
Judas. 3. Pasión y resurrección de Jesús: Revelación en
plenitud (Mc 14 11-16, 8) Jueves Santo (14,
12-52): -
Lavó los pies a los apóstoles (Jn 13). -
Profetizó a Judas se traición, y le dijo "Mejor le fuera
no haber nacido" (14, 17-21) -
Dio el Sermón de la Última Cena, el más largo, ocupa cinco
capítulos enteros en Juan 13-17. -
Instituyó la Eucaristía: "Tomó Jesús el pan... tomad,
éste es mi cuerpo" (14,22). ¡Hasta Pedro lo tomó tal como se le decía, sin
preguntar nada! Es el gran milagro del tiempo y del espacio: es Jesús realmente presente,
con las mismas manos y corazón del Hijo de María, "esta es la sangre mía, el sello
del Nuevo Testamento, la cual será derramada por muchos" (14-24). -
Instituyó su Sacerdocio: Les dio una orden, un mandato
bien específico y claro: "Haced esto en memoria mía" (Lc 21, 19; 1Cor 11,
24,25) En San Pablo es más clara la orden de hacer un Sacrificio Sacerdotal: "Este
cáliz es el nuevo testamento en mi sangre; haced esto cuantas veces lo beban en memoria
mía. Pues todas la veces que coman este pan y beban este cáliz, anunciarán o
representarán la muerte del Señor hasta que venga" (1 Cor 11,25-26). -
Profetizó a Pedro tres negaciones (14, 30). -
La agonía de Getsemaní (14, 32). -
La Prisión de Jesús (14, 43). Viernes Santo (14,
53 a 15, 47): -
Jesús ante el Sanedrín (14, 53). -
Negaciones de Pedro (14, 66). -
Jesús ante Pilato (15, 1-15). -
Flagelación y Corona de Espinas (15, 15). -
Crucifixión y Muerte (15, 20-42). -
Sepultura (15, 42-47). El
evangelista se limita a referir la muerte de Jesús con mucha sobriedad, pero se preocupa
de encuadrarla entre dos signos apocalípticos y entre dos frases cargadas de profundidad:
la última oración de Jesús y la confesión de un pagano. -
Signos apocalípticos: a) La oscuridad en pleno día y en todo el país, símbolo del
alcance cósmico del drama que se desarrolla en el Gólgota. b) El velo del templo
se rasgó en dos partes, es signo de su destrucción y su apertura a toda la humanidad,
pues sólo entraban los principales de Israel. -
Frases: a) La oración atormentada de Jesús, que en el abismo de su
soledad se siente abandonado incluso de Dios. Es un grito de verdadera angustia, pero al
mismo tiempo expresa el deseo de aferrarse a Dios, de afirmar a Dios como Dios mío, auque
se muestre como Dios ausente. b) La confesión del oficial romano pagano que ve expirar a Jesús,
es el punto de llegada de toda su obra y ofrece respuesta completa a la interrogante
fundamental que constantemente ha intentado suscitar: ¿Quién es éste? En el Gólgota,
en el momento de la derrota y del fracaso, habiendo sentido el abandono del Padre, en el
instante mismo de la muerte, un pagano lo reconoce como Hijo de Dios. En su muerte, por
tanto, es donde se revela por completo el misterio de la persona de Jesús. Para los
escrituristas, el fin del evangelio es precisamente la confesión del oficial romano, y lo
demás es un añadido posterior que se hizo, pero creemos con firme fe que es igualmente
inspirado. Apéndice canónico (Mc 16, 9-20) Sábado Santo:
" Nada de nada"... Pero sabemos que los Apóstoles, que se habían desperdigado,
aparecen juntos el Domingo. Domingo de Resurrección (16): Jesús, el Siervo
Redentor, resucitó glorioso, se apareció a las tres mujeres, a María Magdalena y a los
Discípulos, y les dio la "Gran Comisión" de 16, 17-18, que ya comentamos:
"Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura..., el que creyere y se
bautizare, se salvará. Ascensión a los Cielos:
16-19: Y está sentado a la diestra de
Dios..., y los discípulos fueron a predicar "con poder" (16, 20)
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