Hoy Jueves, 28 de agosto de 2008 | 00:40

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BIBLIA
LA BIBLIA, PALABRA VIVA Y PRENNE DE DIOS 

Al tener la Sagrada Escritura al alcance de nuestra mano, estamos en posibilidad de abrirla y leerla. Pero ¿todas las lecturas son igualmente fructuosas? ¿Con qué actitud debemos leerla los cristianos? La Sagrada Escritura no es un libro cualquiera; en la Biblia tenemos la palabra viva y perenne de Dios.

Cuando la tomamos en nuestras manos no lo hacemos pensando que es un libro de historias o doctrinas, sino un medio por el cual el Espíritu Santo nos revela lo que es Dios.

 

¿Cada cuándo lees la Biblia? ¿Qué sucede cuando la lees devotamente?

 

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Cuando observas a uno de la familia leer la Biblia, ¿qué proceso sigue? ¿Con qué intención la lee?

 

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¿Consideras que en el templo y en reuniones de grupos se hace una lectura cristiana de la Biblia?

 

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¿Qué tanta convicción hay entre las personas de que "desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo"?

 

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¿Sientes que tus sacerdotes tienen un gran entusiasmo porque se conozca y ame la palabra de Dios?

 

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¿En qué se nota que hay hambre de la palabra de Dios?

 

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Comenta con las personas de a lado tus respuestas a las anteriores preguntas.

 

2. Escuchamos
la palabra de Dios

 

Conscientes de que Dios quiere comunicarse con nosotros a través de su Palabra que es "viva y eficaz", nos preparamos a escucharla con el canto:

"Es fuerte, Señor, tu palabra"

Es fuerte, Señor, tu palabra;

ella me salvará;

tu palabra, Señor, me vivifica;

espero en tu palabra, Señor.

Proclamación de Isaías 55,6-11

Volvemos a leer personalmente el texto sagrado, reflexionamos en silencio y leemos las notas que trae la Biblia.

Entre todos tratamos de narrar el texto, de aclarar dudas y responder a lo siguiente:

 

¿Por qué el profeta se vale de imágenes o comparaciones para dar su mensaje?

 

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¿Qué semejanzas hay entre el agua y la palabra de Dios?

 

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¿Qué es necesario para que la palabra de Dios produzca fruto?

 

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Nota: ve señalando las frases que te llaman la atención.

1. Los cristianos estamos llamados a seguir a Jesucristo tal como se nos propone en los Evangelios. Este seguimiento de Jesús supone conocerlo de forma vital y experiencial en el contacto con El a través de las Escrituras y de la Eucaristía.

Es una bendición para la Iglesia el número creciente de fieles que tienen diariamente en sus manos la Sagrada Escritura, a fin de adquirir, por la lectura y meditación de los sagrados Libros, el sublime conocimiento de Jesucristo, "pues desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo" (Cf. Flp 3,8).

2. Gracias a la voz profética del Concilio Vaticano II, la Biblia ha vuelto a ocupar el lugar que le corresponde en las familias de los creyentes. La historia nos narra que por varios motivos se había alejado a los fieles del contacto con la palabra de Dios y con ello del "sustento y vigor de la Iglesia, firmeza de la fe para sus hijos, alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida espiritual" (DV, 21).

3. En la medida que la Biblia ha ido tomando su lugar central en la vida cristiana, también se ha ido consolidando una especial actitud ante Ella: se ha tenido el cuidado, en los grupos bíblicos, de mantener un contacto existencial; es decir, que parte de la vida y lleva a la vida. ¿Cómo describir en pocas palabras esta actitud de partir de la vida y llevarla a la vida? Lo podemos expresar en tres actitudes básicas: acercarnos a la Palabra de Dios desde una metodología vital y comunitaria; enseñarnos a descubrir desde Ella la realidad de la historia de la salvación; iniciarnos en un acercamiento orante y contemplativo.

4. Las tres anteriores actitudes son fundamentales para una lectura correcta y provechosa de la Biblia. ¿Será fácil hacer caso de ellas y ponerlas en práctica? Ciertamente no. Por eso con toda sinceridad hay que afirmar que aunque hoy en día existe más contacto con la Escritura, sin embargo, en muchos casos, se carece de un atento y adecuado asesoramiento, lo que trae como consecuencia que la Palabra no produce el fruto que debiera en el corazón de los fieles y en la comunidad cristiana. Comentemos brevemente cada una de estas tres actitudes básicas:

5. Acercarnos a la lectura y meditación de la Biblia con una metodología vital y comunitaria. Cuando tenemos presente que la Biblia nació, por la inspiración del Espíritu Santo, de la experiencia profunda de fe del pueblo de Israel, un pueblo elegido y guiado por Dios, y que en la fe se esfuerza por responderle a Dios en medio de todos los acontecimientos de la historia, entonces nos es muy fácil caer en la cuenta que para una lectura fructuosa de la Biblia se necesita la vida y la comunidad.

6. La Biblia nació mezclada con la historia del mismo pueblo que, día a día, buscaba ser fiel a Dios y a sí mismo. Ellos pensaban: lo que sucedió en el pasado nos enseña a vivir hoy, nos sirve de ejemplo para ver si estamos viviendo como quiere Dios. Toda persona, al leer con fe la Biblia, cae en la cuenta de que lo que sucedía en la vida del pueblo de Israel, ocurre también en la historia del propio pueblo y de otros pueblos: guerras y luchas para sobrevivir libres; explotación, peleas entre hermanos, desierto, exilio, alejamiento de Dios, errores, pecados, etc.

7. Es ésta la razón por la que cuando leemos y meditamos la Palabra experimentamos que es siempre actual, porque cualquier narración bíblica, puesto que es una experiencia de fe, nos permite analizar nuestra propia experiencia de fe, llegando a la certeza de que contamos con la presencia y acompañamiento del mismo Dios que estuvo cercano con Israel y le ayudó en su caminar hasta llegar a Cristo.

8. Nuestra vida cristiana está entretejida de "gozos y esperanzas, tristezas y angustias" (GS,1), y la palabra de Dios es la luz que guía nuestros pasos en este caminar comunitario. La Biblia es la que va a dar sentido a la vida y será la que nos motive a llamarnos y comportarnos como hermanos.

9. Enseñarnos a descubrir desde la Biblia la historia de la salvación. La Biblia es la clave para ayudar a comprender el verdadero sentido del hombre, del mundo y de la historia. En la Escritura encontramos la verdad sobre Jesucristo, sobre la Iglesia y sobre el ser humano (Juan Pablo II, Discurso inaugural de la Asamblea de Puebla).

10. Entre los cristianos no siempre hay un conocimiento amplio de la persona de Jesucristo y su obra. Esto puede suceder, porque falta un contacto asiduo con la Escritura. Una formación sólida entre los cristianos debe centrarse en el conocimiento de Jesús de tal manera que "ilumine los ojos de su corazón, para que conozcan cuál es la esperanza a que han sido llamados, cuál es la riqueza de la gloria otorgada en herencia a su pueblo, y cuál la excelsa grandeza de su poder para con nosotros, los creyentes, manifestada a través de su fuerza poderosa" (Ef 1,18-19).

11. Sólo con una atenta y asidua lectura y reflexión bíblica seremos capaces de percibir a Cristo como el centro de la historia, ya que la historia de Israel tiende hacia El y la del Nuevo Pueblo de Dios parte de El. Toda la Escritura tiene a Cristo como centro.

12. Pero también nosotros hoy formamos parte de esta historia, y estamos llamados a construir una historia salvífica, aceptando la invitación de Cristo y comportándonos como sus auténticos discípulos puesto que "fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente" (LG,9).

13. Los cristianos somos el Pueblo de Dios, un pueblo que hacemos historia y, gracias a la presencia de Dios, esta historia se convierte en una historia salvífica, porque en comunión con los pastores, aparecemos una Iglesia más corresponsable, más cercana a la realidad, más profética, más preocupada por los pobres, con una vida de mayor comunión y fraternidad y más abierta a la acción del Espíritu Santo.

14. Iniciarnos en un acercamiento orante y contemplativo a la Escritura. La Escritura no es solamente un texto que debe ser leído de acuerdo a las orientaciones que sobre la interpretación ha dado la Iglesia; es también un medio privilegiado de comunión y comunicación con Dios. Una lectura de la Biblia hecha con estas actitudes es lo que se ha llamado en la historia de la Iglesia la Lectio divina.

15. Este acercamiento a la Biblia ha sido para los cristianos un medio muy valioso para intensificar la vida espiritual, porque se insiste en que no hay que tomar a la Biblia como un libro de historia o de doctrina, sino como un libro por el cual el Espíritu Santo revela, en la existencia concreta, la voluntad de Dios. Desde la época de los Padres de la Iglesia se ha hablado de este acercamiento existencial a la palabra de Dios, al indicar los diferentes grados de profundización: lectura, meditación, oración y contemplación. Cada paso significa una interiorización mayor de la palabra de Dios.

16. No cabe duda de que debemos insistir aún más en una lectura contemplativa de la Palabra para estar en mejor sintonía con este patrimonio de la Tradición de la Iglesia; "en esta revelación, Dios invisible, movido de amor, habla a los hombres como amigos, trata con ellos para invitarlos a recibirlos en su compañía" (DV,2).

Por eso el Concilio Vaticano II, al recomendarnos a los cristianos la lectura asidua de la Biblia, señala que debe estar acompañada de la oración "para que se entable el diálogo entre Dios y el hombre, pues a Dios hablamos cuando oramos, a Dios escuchamos cuando leemos sus palabras" (DV,25).

Ciertamente la Escritura es el libro más rico en experiencias de oración; porque fundamentalmente es la historia del encuentro de Dios con los hombres que se abren a El en la contemplación y el amor.

Al realizar esta lectura vital de la Biblia, caigamos en la cuenta de que entramos en contacto directo con Dios en la trama de una vida personal y es allí donde recibimos la luz para conocer la voluntad de Dios y la fuerza para cumplirla de acuerdo a nuestra vocación y misión en la Iglesia.

 

Anota los tres pensamientos más importantes de lo que se ha reflexionado:

 

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Anota 3 exigencias del tema de hoy:

 

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Oración personal.

Es el momento de expresar aquello que el pasaje y el comentario sobre la vida me hace decirle a Dios.

Oración en común.

Terminamos rezando juntos el Salmo 29 (28)

 

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