| INDICACIONES PARA EL
VIA CRUCIS VIVIENTE
Personajes:
Generales:
- Guía y narrador (leen).
- JESUS.
- Sumo Sacerdote.
- Soldado 1 y 2 (pueden distribuirse entre varios las diferentes escenas)
- Longinos (jefe de los soldados).
Para alguna estación:
- Testigo 1 y 2 (1).
- Criado 1 y 2 (1).
- Pilato (1, 2).
- Herodes (1).
- María (4, 12, 13, 14).
- Cireneo (5).
- Verónica (6 y 8).
- Nicodemo (13,14).
- Dimas y Gestas (salen desde la 2, hablan en la 12).
- Juan (4,8,12,13,14).
- José de Arimatea (13,14).
- Mujeres 1 y 2 (8,12 y 13).
- Fariseo (del sanhedrín, interviene en 11 y 12).
Personajes que actúan sin hablar:
- Soldados (al menos otros 4).
- Mujeres (unas 8) y Jonatán (8).
Personajes que aporta la Pascua Juvenil:
- Pueblo.
- Sanhedrín.
- Mujeres.
Acciones que se deben ensayar sobre todo:
- Flagelación y burlas (soldado 1 y 2).
- Descendimiento (Juan, Nicodemo, José de Arimatea, soldados, Jesús
y María).
- Embalsamamiento y sepultura (mujeres, María, Juan y José
de Arimatea).
- Resurrección (soldados, Jesús, ángel).
PREPARACION:
Guía: Bienvenidos todos, en este día de luto y penitencia,
al Vía Crucis viviente, en el cual meditaremos la Pasión
y Muerte de nuestro Señor Jesucristo. Antes de iniciar esta edición
más del Vía Crucis viviente actuado por las calles, vamos
a entrevistar a algunas personas para que nos hablen del sentido de este
evento.
PERSONA MAYOR DE EDAD:
Guía: ¿Qué cambios ha habido en los últimos
años en la forma de celebrar los días santos?
Entrevistado(a): Esos días eran de recogimiento y piedad, como
verdaderos días santos. Todas las mujeres se vestían de
luto; los hombres no trabajaban ese día; no se oían los
radios; nos evitaban gritos, risas y bullas, hasta dentro de las casas,
para no distraernos ni profanar estos días. Y el templo estaba
lleno de gente para las tres caídas, las siete palabras, el pésame
y los oficios.
JOVEN ESTUDIANTE:
Guía: Entre tus compañeros y amigos jóvenes ¿qué
idea tienen de la semana santa?
Entrevistado(a): Es temporada alta de vacaciones, no hay clases en la
escuela, oportunidad de ir a la playa, algún balneario, o a otro
pueblo para descansar.
Guía: O sea, tiempo de diversión, dispersión, gastos,
paseos, derroches y excesos. ¿Saben qué es lo que celebramos
en la Semana Santa?
Entrevistado(a): El final de la cuaresma y unos días de aguantarse
para que terminen nuestras penitencias; por eso esperamos con ansia el
sábado de gloria.
Guía: ¿Qué es lo que celebramos?
Entrevistado(a): Bueno, sabemos que nuestro Señor Jesucristo murió
el viernes santo, y procuramos ese día estar presentes en el templo
en algún momento, como el vía crucis viviente o la marcha
del silencio, aunque no todos.
AGENTE DE PASTORAL
Guía: Usted participa activamente en la vida de la parroquia y
podría informarnos un poco de lo que vamos a realizar. ¿Qué
es el Vía Crucis?
Entrevistado(a): Una devoción que consiste en ir recorriendo 15
estaciones en las cuales se va recordando paso a paso la Pasión
de Cristo, desde su condena hasta su muerte, sepultura y resurrección,
para acompañarlo en sus sufrimientos en el camino al Calvario.
Guía: ¿Desde cuándo se acostumbra realizar?
Entrevistado: En el siglo V, los cristianos de Jerusalén veneraban
por la mañana la Cruz del Señor, y por la tarde leían
el Evangelio correspondiente recorriendo los lugares de la Pasión
de Cristo en piadosa meditación. De ahí se difundió
a otras partes, sobre todo gracias a los cruzados y a los franciscanos.
Así, los que no tenemos oportunidad de ir a Jerusalén, hacemos
un recorrido simbólico de los santos lugares, recordando el camino
doloroso de Cristo hacia el Calvario, centro de su obra salvadora.
Guía: ¿Por qué se hace en forma de teatro?
Entrevistado(a): No es una obra de teatro, sino un momento fuerte de
meditación de la Palabra de Dios, ayudados de algunos signos y
símbolos, entre los cuales destacan algunos diálogos y representaciones.
Los personajes no son artistas, sino voluntarios auxiliares para la meditación.
Con la Iglesia recordamos la Pasión del Señor, en espíritu
de oración, reflexión y recogimiento, ya que el Señor
Jesús nos amó hasta dar la vida por nosotros: en favor nuestro
y en lugar nuestro. Esto es lo que resaltamos.
Guía: ¿Hay alguna particularidad este año?
Entrevistado(a): Que reforzaremos nuestras reflexiones con algunos signos
realizados con un periódico. Les invitamos a seguir las indicaciones
del guía, y realizar los gestos que nos pida con espíritu
de fe y compromiso.
Guía: ¿Quiere dar alguna recomendación?
Entrevistado(a): Que no es callejoneada, sino una procesión piadosa
de reflexión comunitaria. Que no olvidemos que es un día
de ayuno por la Muerte de nuestro Salvador, y sólo el agua no rompe
el ayuno. Y que hagamos la intención de beneficiarnos de la Indulgencia
Plenaria que ofrece la Iglesia a quienes participan debidamente dispuestos
en el Vía Crucis.
SACERDOTE:
Guía: Padre, vamos a iniciar este Vía Crucis ¿quiere
dar alguna motivación o reflexión?
Entrevistado(a): Vamos a revivir los pasos de Jesús en su camino
pascual de Muerte y Resurrección, reconociendo que su Pasión
continúa hoy en nuestra vida. Somos una Iglesia en nivel parroquial
que peregrina siguiendo al Salvador. Su voz que nos invita a seguirlo
con nuestra cruz, y estamos dispuestos a llegar hasta el final del camino.
Somos solidarios con todos los hermanos y hermanas que sufren. Llevamos
la cruz con esperanza, pues tras los rostros dolorosos de Jesús
hallaremos el rostro del Resucitado.
Guía: ¿En qué consiste el Misterio de la Pascua?
Entrevistado(a): En que la vida surge de la muerte. Sólo asumiendo
las actitudes de Jesús, es decir, su fidelidad al Padre y a los
hombres concretos con su historia, hasta arriesgar la vida, será
como llegaremos a la victoria.
Guía: Recibamos a los personajes con un canto.
PRIMERA ESTACION: LA SENTENCIA DE JESUS
ESCENA 1:
Narrador: En la casa del Sumo sacerdote Caifás se hallaban reunidos
los maestros de la ley y las autoridades judías, satisfechos de
haber logrado capturar a Jesús. Con sus espías, habían
convocado de noche a los 23 miembros más leales, el mínimo
para una decisión del Sanhedrín, cuerpo de 70 ancianos responsables
de los asuntos civiles, legislativos, judiciales y religiosos del pueblo.
Por más de 40 años Anás había sido el verdadero
dueño de Israel, padrino todopoderoso de la mafia sacerdotal que
controlaba el país. Su yerno Caifás era un mero títere.
El templo era un buen negocio al funcionar como centro bancario y mercado
para las ofrendas. Como serpientes estaban acostumbrados a corromper a
los jueces. No creían sino en los intereses de los grandes. Los
romanos realzaron su prestigio para hacer creer que los judíos
se gobernaban a sí mismos; pero ofrecían el cargo al mejor
postor entre los colaboracionistas de la política del invasor.
Sumo Sacerdote: Que pasen los testigos (Solemne, todos ¿Juran,
por el Dios viviente, declarar toda la verdad y solamente la verdad?
Testigos: (una mano al pecho, otra levantada junto al rostro con la palma
al frente, la cabeza inclinada) Juro.
Sumo Sacerdote: Oigamos su declaración.
Testigo 1: Este hombre dijo: Yo puedo destruir el sagrado Templo de Dios
y reconstruirlo en tres días. Eso significa blasfemar contra el
templo; y la Ley manda castigar a los blasfemos apedreándolos.
Testigo 2: Además, todos hemos visto cómo profana abiertamente
el sábado, haciendo lo que está prohibido, e incitando a
los demás a violar el gran precepto del sábado mandado por
Yahveh.
Testigo 1: Se proclama a sí mismo profeta, y hasta ha tenido el
atrevimiento de igualarse a Moisés, al Mesías, y hasta a
la Ley y al Altísimo. Un blasfemo contamina a nuestro pueblo santo,
y sólo apedreándolo se quita esta mancha colectiva.
Testigo 2: Hace milagros y hasta exorcismos sin autorización de
nuestros sacerdotes, por tanto, invoca el poder de Belcebú; la
Ley manda desaparecer a todos los invocadores del demonio.
Testigo 1: Ha discutido abiertamente con nuestros jefes religiosos, oponiéndose
a su enseñanza. Y hasta blasfemó llamando Padre a Yahveh,
y diciendo: "Mi Padre y Yo somos uno". Manda el sagrado Libro
del Levítico castigar con la muerte a quien blasfeme el nombre
del Señor, bendito por los siglos.
Testigo 2: Ha perdonado los pecados, como si fuera Dios; se ha confesado
pastor de Israel, como Dios mismo; ha resucitado algunos muertos, como
si fuera el señor de la vida; y hasta ha prometido el Espíritu
Santo, como si fuera el Altísimo.
Sumo Sacerdote: ¡Ha blasfemado, reo es de muerte!.
Sanhedrín: ¡Ha blasfemado, reo es de muerte!
Sumo Sacerdote: ¿Tienes algo qué responder o declarar a
tu favor en contra de los testigos? (Silencio; Jesús ni siquiera
le mira).
Sumo sacerdote: ¿No tienes nada qué responder? ¿Qué
es ésto que declaran en tu contra?
Criado 1: Irrespetuoso judío, respóndele al representante
del Altísimo en el pueblo (le da un golpe en la mejilla).
Jesús: Si he hablado mal, demuéstramelo; y si no ¿por
qué me pegas?
Sumo Sacerdote: Basta ya, Jesús. En nombre de Dios vivo te mando
que nos contestes: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo de Dios?
Jesús: Tú lo has dicho, Yo soy. Así es, tal como
acabas de decir. Y les anuncio además que a partir de hoy ustedes
verán al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Todopoderoso
y viniendo sobre las nubes.
Sumo Sacerdote: (rasga su túnica) ¡Ha blasfemado! ¿para
qué necesitamos más testigos? ustedes mismos acaban de oír
esas palabras escandalosas ¿Qué les parece?
Sanhedrín: ¡Merece la muerte! ¡Merece la muerte!
Sumo Sacerdote: Nosotros no tenemos "derecho de espada", reservado
a los ciudadanos romanos. Así que llevemos al preso a nuestro gobernador,
que sea quien dicte la sentencia. Sólo que procuraremos no entrar
al palacio de un pecador para no contaminarnos, de lo contrario, no podríamos
celebrar la gran fiesta de Pascua.
Criado 1: Pero ¿qué acusaciones podremos hacer que interesen
a Pilato y pueda condenarlo a muerte?
Sumo Sacerdote: Diremos que es un alborotador galileo, ya ves que temen
a los galileos de la guerrilla. Diremos que evade impuestos y que predica
que no los paguen. Diremos que pretende hacerse rey, y por eso anda sublevando
a las masas; y ese es un crimen muy grave de lesa majestad. Porque no
basta que le maten; es necesario que muera vergonzosamente, de suerte
que se borre para siempre su nombre de la historia. (Entre empellones,
burlas y golpes lo llevan los soldados).
Narrador: Poncio Pilato fue el quinto procurador romano que dirigió
Palestina desde que Roma quitó a Arquelao, hijo de Herodes el grande.
La dura disciplina de la Legión le hizo exigente. Veía mal
a los judíos, ya que Palestina era un islote en el imperio, que
no seguía las costumbres romanas, despreciaban abiertamente a los
invasores, sintiéndose elegidos de Dios, y tenían muchos
privilegios de autonomía concedidos por César Augusto. Apenas
llegado Pilato de Cesarea, metió de noche las insignias y banderas
romanas al templo, y al siguiente día la multitud ocupó
el palacio dispuestos a morir antes que ser desalojados, mientras una
comisión en Cesarea pedía su destitución, hasta que
cinco días después cedió Pilato. En el Palacio de
Herodes colocó unos escudos de oro en honor de Tiberio, pero las
presiones del pueblo le obligaron a retirarlos por orden del mismo emperador.
Su red de espionaje le había mantenido bien informado sobre la
acción de Jesús de Nazaret. Bien sabía que si ahora
los zorros judíos acudían a él era porque intentaban
tenderle una trampa y tramaban una maldad.
ESCENA 2:
Pilato: ¿Qué acusación traen contra este hombre?
Sumo Sacerdote: Hemos hecho juicio contra él, y el Sanhedrín
en pleno lo ha encontrado merecedor de muerte por ir contra nuestra Ley.
Pilato: Tómenlo entonces ustedes y júzguenlo según
su Ley.
Sumo sacerdote: A nosotros no se nos permite dar muerte a nadie.
Pilato: ¿Qué ha hecho digno de muerte?
Sumo Sacerdote: Hemos comprobado que este hombre es un agitador; no quiere
que paguen los impuestos al César; y además se dice rey
de los judíos enviado por Dios; si lo aceptas tendrás problemas
con Roma, pues es delito de alta traición.
Pilato: Quiero hablar a solas con él.
Criado 1: Retírense un momento, por favor, mientras entrevista
al reo en particular.
Sumo Sacerdote: ¿Dudas de nosotros? Si éste no fuera malhechor
no te lo hubiéramos traído?
Criado 1: Es una orden: Retírense un momento, mientras entrevista
al reo.
Pilato: Jesús de Nazaret ¿eres tú el rey de los
judíos?
Jesús: Me haces esa pregunta por tí mismo, o te lo han
dicho otros de mí?
Pilato: ¿Acaso soy yo judío? A mí que me importan
sus distinciones religiosas y sus líos internos. Tu nación
y tus pontífices te han entregado a mí. Basta que protestes
fidelidad al imperio y me supliques clemencia. Conque ¿tú
eres rey?
Jesús: Tú lo has dicho, yo soy rey, pero mi reino no es
de este mundo. Si fuera rey como los de este mundo, mi guardia habría
luchado para que no cayera en manos de los judíos; pero mi reino
no es de aquí.
Pilato: ¿Esto significa que tú verdaderamente eres rey?
Jesús: Para ésto nací y para ésto vine al
mundo: para ser testigo de la verdad; todo el que es de la verdad escucha
mi voz.
Pilato: Esto es cosa de gobierno, no discusiones filosóficas;
aquí se trata de poder, no de verdades; además ¿podemos
conocer la verdad? ¿qué es la verdad? ¡Criado, llama
al Sanhedrín!
Criado: Excelentísimo Caifás y Consejo judío del
Sanhedrín: su excelencia el procurador Poncio Pilato les llama.
Sumo Sacerdote: Si no fuera un malhechor no te lo hubiéramos traído.
Pilato: Yo no encuentro en él ninguna culpa.
Sumo Sacerdote: Eres traidor al César si aceptas un rey rival
que agita al pueblo. Además, tiene gente armada, ha dicho muchas
ofensas contra el imperio y sus instituciones, tiene contactos con la
guerrilla y con los terroristas. Por algo Herodes no lo quería
en Galilea.
Pilato: ¿Es galileo? Entonces está bajo la jurisdicción
de Herodes, el cual se halla ahora en la ciudad; llévenlo a Herodes,
pues yo no quiero problemas con él.
Sumo sacerdote: No conviene, pues la ciudad ya está despierta
y no queremos que, en plena víspera de la fiesta, se haga publicidad.
Pilato: Llévenselo al Palacio del Idumeo; ésta será
nuestra reconciliación después de que degollé sin
su consentimiento a unos galileos. ¡Fuera!. (Llevan a Jesús
los soldados entre injurias).
Narrador: Herodes Antipas, hijo de Herodes el grande, era un hábil
político que se mantuvo a flote cerca de 40 años, y el emperador
le concedió el título de Tetrarca, es decir, un verdadero
rey en un mundo en que las fortunas subían y bajaban rápidamente.
Traumatizado por las brutalidades de su padre, que en su demencia recordaba
a la esposa y hermanos que había asesinado, era supersticioso,
temeroso, vacilante. Su capital estaba en Séforis. Casado con la
hija del rey Aretas, públicamente vivía en concubinato con
la mujer de su hermano Filipo, y por Herodías mató a Juan
Bautista, cuyo fantasma le perseguía. Sus policías le tenían
bien informado del nuevo enemigo por eliminar, sobre todo cuando le llamó
zorro, por astuto y al mismo tiempo insignificante, pues no era un león
poderoso sino un zorro que presume de un poder del que carece. Pero a
Jesús debía desaparecerlo con mayor delicadeza; no podía
repetir el error cometido con el bautista. Ahora que Pilato le manda a
Jesús, se le presenta la ocasión de demostrar a Jesús
su poder. Invitó a los suyos para presentarles un espectáculo
de prestidigitador, ya que le han contado sus prodigios.
ESCENA 3:
Herodes: Bienvenido, Jesús, toda esta concurrencia te espera;
todos teníamos grandes deseos de conocerte. ¿Cómo
es posible que te traigan encadenado y esposado, si tienes fama de santo
y milagroso?
Todos: ¡Ja, ja, ja!
Herodes: ¡Qué bien aprendiste las artes de la magia, para
arrastrar a las multitudes y dejarlas maravilladas! Dános una demostración
¿o acaso se te secó la fuente de tu poder frente a nosotros?
Todos: ¡Ja, ja, ja!
Herodes: Voltea a ver mi hermoso rostro y mira a esta noble concurrencia.
Si nos diviertes, podrás salvar tu vida, y hasta seremos tus seguidores
y propagandistas.
Todos: ¡Ja, ja, ja!
Herodes: Vamos, haz aquí los prodigios que sabes: multiplica ahora
los panes, o convierte el agua en vino, o adivina las conciencias, o cura
a los leprosos, o aplaca las tempestades, o haz rendir nuestro dinero,
o descubre a los traidores. Qué pasó ¿se te acabó
el poder a fuerza de tanto ejercitarlo?
Todos: ¡Ja, ja, ja!
Herodes: Ya veo que te has empeñado en dejarme en ridículo,
pues ni siquiera te has dignado levantar la cabeza para verme. Y con todo,
me caes bien; hasta me atraes como juguete sexual ¿no te gustaría
meterte con el divino pequeño césar?
Todos: ¡Ja, ja, ja!
Herodes: Me estás colmando la paciencia con tu silencio, Jesús.
¿No crees que deberías ser más atento conmigo? Puedo
salvarte. Basta que me lo supliques, como otros que se han arrastrado
a mis pies.
Criado: No quiere hacerte caso. ¿Por qué no lo mandas al
calabozo y ordenas su muerte?
Herodes: Mira, Jesús, el que ríe al último ríe
mejor. Amable concurrencia: Este galileo medio analfabeto se proclama
rey y lleva tres años intentándolo, pero ¿no es cierto
que es un pobre infeliz que ni poderes tiene?
Todos: ¡Ja, ja, ja!
Herodes: No cabe duda que es un loco. Le habíamos creído,
pero es un loco de remate. Pongámosle un vestido brilloso, de los
que ya no se usan, y divirtámonos como si fuera nuestro rey. (Le
ponen sus criados el vestido de payaso) Voy a darle las gracias a Pilato
por esta diversión que nos permite. Y se lo devolveré como
regalo de Pascua.
Todos: ¡Ja, ja, ja!
Herodes: Así terminan los locos que se creen reyes. Salve, mi
rey ¿ordena algo?. Llévenlo a Pilato.
Soldados: (Los soldados le vendan los ojos y lo sacan entre burlas) ¡Salve,
rey de los judíos! ¿Ordena algo su majestad el César?
Estamos a sus pies para no obedecerlo. Aquí tiene a sus más
desleales servidores.
Soldados: Salve, rey de los judíos.
ESCENA 4:
(Entra un grupo del pueblo gritando)
Grupo: ¡Libertad para Barrabás! ¡Barrabás!
¡Barrabás! ¡Barrabás!
Pilato: Ah, se me olvidaba. Por la fiesta de la Pascua les tengo qué
dejar libre a un prisionero. Y vienen a pedirme la libertad de Barrabás.
¿Qué desean?
Grupo: ¡Libertad a los presos políticos! ¡Cumplimiento
de la amnistía de Pascua! ¡Libertad para Barrabás!
Pilato: Lo propondré a mis consejeros y seguiremos los pasos legales.
Grupo: ¡Justicia a la justicia! ¡Suéltalo ahora mismo!
¡Barrabás, Barrabás, Barrabás!
Pilato: Voy a proponerle a dos al pueblo para escoja. Por lo pronto ¡Traigan
a Barrabás!
(Entran los soldados con Jesús)
Pilato: ¿Nuevamente ustedes? ¿Acaso no era de la jurisdicción
de Herodes?
Sumo sacerdote: Herodes nos remitió de nuevo contigo, para que
le apliques la pena de muerte.
Pilato: Bueno, han llegado en buen momento, pues propondré a dos
candidatos para que se beneficien con la amnistía de la Pascua,
y el pueblo elegirá.
Sumo Sacerdote: ¿Con quien comparas a este canalla?
Pilato: Con Barrabás. Barrabás fue apresado por un asesinato
en un motín. Tiene antecedentes de salteador. Es un jefe de la
guerrilla zelota, que ha organizado muchas acciones de lucha radical.
Sumo Sacerdote: Jesús es peor, porque es mosquita muerta.
Pilato: Jesús de Nazaret es un pobre iluso que quiere cambiar
el mundo a base de verdad y sólo es seguido por un grupo de doce
que ya huyeron, y ha beneficiado a muchas personas.
Sumo Sacerdote: Estás orientando la votación ilegalmente.
Preferible un luchador radical que organice al pueblo, y no un blando
peligroso.
Pilato: ¿A quién quieren que les deje libre: al terrorista
Barrabás o a Jesús su rey?
Sumo Sacerdote: Suelta a Barrabás.
Pueblo: (azuzado por el Sumo Sacerdote) ¡Barrabás, Barrabás,
Barrabás!
Pilato: Pregunto en serio: ¿Quieren que suelte a Barrabás?
Pueblo: ¡Barrabás, Barrabás, Barrabás!
Pilato: ¿Y que quieren que haga con el que llaman rey de los judíos?
Sumo Sacerdote: Crucifícalo como a los malditos traidores y esclavos.
Pueblo: ¡Crucifícalo, crucifícalo!
Pilato: Pero ¿qué mal ha hecho? No encuentro en él
causa de muerte.
Pueblo: (azuzado por el Sumo Sacerdote) ¡Crucifícalo, crucifícalo!
Pilato: Está bien. Escribano del Imperio, escribe en el documento
que enviaremos a Roma lo siguiente: Hoy, 14 de nizán, se concede
la libertad al terrorista Barrabás por la amnistía pascual,
a petición del pueblo.
Longinos: ¿Y qué haremos con Jesús?
Pilato: Aplíquenle el castigo de la flagelación romana.
(Los soldados le llevan al centro, continuando las burlas, y lo van atando
a un columna pequeña, quitándole la túnica y vendándole
los ojos).
Pilato: Déjenme solo un rato. Retírense todos. ¡Cómo
me enfada que me presionen las turbas, que juzgan por instintos, por suposiciones!
Más todavía me tensionan las presiones de las autoridades
judías, que me utilizan para sus venganzas. No hallo culpa en Jesús,
pero me están obligando a ejecutarlo en la cruz.
Criado: La esclava de tu esposa Claudia ha traído este mensaje
para tí (Entrega la tablilla encerada)
Pilato: (tras leerla) Se me aconseja que evite la muerte de este galileo.
Es algo más que un adivinador religioso de los designios secretos.
Me infunde miedo. ¿Seremos objeto de la venganza de un semidiós
oculto? Pero ya le están aplicando la flagelación romana,
y eso ablandará al pueblo, que tiene corazón y no dejará
que ese sumo sacerdote lo manipule. Al verlo, la gente se compadecerá
de él. Lo verán masacrado, sin fuerzas, sin equilibrio,
con fiebre y temblores provocados por los latigazos, siendo físicamente
un moribundo. Le preguntaré al pueblo, y ellos me dirán
que ya basta como castigo, que le deje libre, al fin y al cabo ya no causará
más problemas.
ESCENA 5:
Narrador: Con toda razón llamaban "media muerte" al
suplicio de la flagelación, pues, si lograba sobrevivir el reo,
quedaba marcado para toda su vida. Los azotes los propinaban con unos
látigos que terminaban en figuras de plomo, ya sea en forma de
bolita o de estrella. Los judíos sólo podían aplicar
40 azotes menos uno; pero los romanos flagelaban al reo hasta extenuarlo.
Soldado 1: (flagelándolo entre dos) Ni modo que seas un dios,
pues si fueras Dios no te estaríamos azotando, los que moriríamos
seríamos nosotros.
Soldado 2: Tal parece que tu única riqueza era tu mensaje y la
gente, pues todo te han quitado.
Soldado 1: ¿No que venías como mesías y salvador
del género humano? Ahí te va ésto a ver si te salvas.
Soldado 2: Loco que te crees poder contra los romanos, aquí estás
viendo su poder tiránico.
Soldado 1: Decías que salvabas a los demás con la ayuda
de Dios, pero ahora no puedes salvarte a tí mismo.
Soldado 2: Haz el milagro de salvarte. No puedes ¿verdad? pues
tienes las manos amarradas.
Soldado 1: Fulmínanos si eres Dios. No te tenemos miedo, al contrario,
mira, te azotamos.
Soldado 1: Pensar que podríamos estar jugando dados en el Pretorio,
pero nos aguadaron el descanso con tu caso fuera de programa.
Soldado 2: Cómo molesta ese maldito brotar de sangre, cuando no
has dicho ni una maldición (Jesús se desvanece; lo tratan
de reanimar y levantar).
Soldado 1: Algo raro encontré en este reo. No se queja ni maldice
como otros.
Soldado 2: Una de dos: o es inocente, o es un cínico.
Soldado 1: ¿Y si hubiéramos cometido una injusticia?
Soldado 2: Olvídalo; nosotros sólo obedecemos. Un amigo
íntimo de su grupo lo traicionó y lo entregó; el
consejo supremo judío lo condenó en un juicio con varios
testigos; lo llevamos a Herodes; Pilato dictó la sentencia por
presión popular. Es su pueblo el que le dio la espalda.
Soldado 1: Si eres un ser divino de verdad, reduce a ceniza a esos bribones
judíos, son lo peor que tiene el Imperio.
Soldado 2: Sin duda un gran dolor moral ahora lo atormenta.
Soldado 1: No nos pongamos románticos, divirtámonos a lo
lindo, jugando con él al rey de burlas.
Soldado 2: Sí, ya que tardará en reponerse, pues se ha
desangrado mucho y no ha probado alimento. Ni modo que Pilato exija pronto
su comparecencia.
Soldado 1: Los judíos quieren un rey. Vistámoslo de rey,
y juguemos a los honores cortesanos.
Soldado 2: Aquí está esta clámide roja que usamos
de jerga, es como si fuera su manto real.
Soldado 1: Atémosle las manos, aunque la cuerda le avive las heridas:
son sus brazaletes.
Soldado 2: Ahora, lo sentamos en este comedero de los caballos, como
si fuera su trono.
Soldado 1: Ah, nos falta la corona. En el patio está un manojo
de ramas de zarza, todavía blandas, con espinas largas y puntiagudas.
Ahora vuelvo con un casco de espinos como corona.
Soldado 2: No tiembles, Jesús. ¿Es de miedo, o de fiebre?
Hagamos menos seria tu inevitable muerte.
Soldado 1: Aquí está la corona. Ufff, no le queda. Estírale;
métesela a la fuerza. Ni modo, ya te sangramos, pero es que no
te la hice a la medida. Para tal rey, tal corona.
Soldado 2: Ahora estás mejor. Mírate, rey, en mi coraza.
Ah, pero falta el cetro.
Soldado 1: En el establo hay una caña. Ahora vuelvo con ella,
con ella estaban limpiando el drenaje.
Soldado 2: ¿Cómo se te ocurrió creerte rey, cuando
no tienes nadie que te defienda pagándonos una fianza?
Soldado 1: Aquí tienes tu cetro, mi rey.
Soldado 2: Somos tus vasallos y cortesanos.
Soldado 1: Me inclino ante tí, y como honores te doy este golpes,
para que adivines quién fue.
Soldado 2: Te jugamos bromas como a los enemigos tomados cautivos, pero
te reconocemos nuestro rey: ahí te van estos gargajos.
ESCENA 6:
Pilato: ¡Longinos: que traigan al reo!
Longinos: Soldados, traigan al reo. (Traen a Jesús tambaleándose,
con la clámide, la caña y la corona de espinas, sin túnica).
Pilato: Estoy en apuros. Temo el castigo de los dioses si no aplico la
justicia. Temo el castigo del Dios de los judíos si cometo injusticia
con este galileo. Temo el castigo de Roma si no actúo con cautela.
Temo el castigo de los vengativos judíos que no se por dónde
reaccionarán. Temo a Jesús de Nazaret que me infunde un
no sé qué. (Al llegar Jesús, Pilato se levanta y
lo hace sentar en su silla).
Pilato: Me presentaron a este hombre como amotinador del pueblo. Le interrogué,
y yo no he hallado en Jesús de Nazaret ninguna culpa. Tampoco Herodes,
pues nos lo devolvió sin nada de muerte que se le haya probado.
He aquí al Hombre.
Sumo Sacerdote: ¡Fuera, fuera, crucifícale!
Pueblo: (azuzado por el sumo sacerdote) ¡Fuera, fuera, crucifícale!
Pilato: Pero ¿qué mal ha hecho? No encuentro en él
causa de muerte.
Sumo Sacerdote: Si lo dejas libre no eres amigo del César, pues
quien se hace rey es enemigo del César; nosotros notificaremos
al César de tu traición.
Pilato: Jesús, tienes derecho a hablar en tu defensa. ¿Qué
dices respecto a lo que se te acusa? (Silencio). Pero ¿qué
no oyes todos los cargos que te hacen? ¿No sabes que tengo poder
para dejarte libre y poder para mandarte a la maldita cruz?
Jesús: Tú no tendrías ningún poder si no
te hubiera sido dado de lo Alto; por eso, quien me entregó en tus
manos es más culpable que tú.
Sumo Sacerdote: ¡Fuera, fuera, crucifícale!
Pueblo: ¡Fuera, fuera, crucifícale!
Pilato: Tómenlo ustedes y crucifíquenlo, pues yo no encuentro
en él ningún delito; no es ni criminal, ni loco peligroso,
ni fanático.
Sumo Sacerdote: Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley debe
morir. ¡Fuera, fuera, crucifícale!
Pueblo: ¡Fuera, fuera, crucifícale!
Pilato: ¿A su rey voy a crucificar?
Sumo Sacerdote: No tenemos más rey que a César.
Pilato: Hipócritas, odian todo lo que suene a Roma; por algo quieren
condenar a un inocente.
Sumo Sacerdote: Quien se hace pasar por rey comete lesa majestad y puede
ser condenado a muerte aun sin juicio. Si no lo crucificas eres traidor
al imperio y a César, y tú también morirás.
¡Fuera, fuera, crucifícale!
Pueblo: ¡Fuera, fuera, crucifícale!
Pilato: Traigan agua para lavarme las manos. Conste que me presionan
para hacer algo contra mis convicciones. (lavándose las manos)
Soy inocente de la sangre de este justo.
Sumo Sacerdote: Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos.
Pueblo: ¡Crucifícale! Caiga su sangre sobre nosotros y sobre
nuestros hijos.
Pilato: Ordeno para Jesús la crucifixión.
Sumo Sacerdote: No, así no vale. Esperamos formalmente la sentencia,
con las formalidades que pide el Imperio.
Pilato: (de pie ante el trono, con el brazo extendido y la mano hacia
abajo) "Iesus Nazarenus: ibis ad crucem. Roma locuta". Jesús
nazareno, irás a la cruz; ha hablado Roma imperial.
Sumo Sacerdote: No basta todavía. Firma un documento escrito donde
ordenas su muerte, y dictas pública sentencia, con las rúbricas
y sellos del imperio, para no tener problemas después.
Pilato: Está bien. Escribano: escribe en la tabla que trae Longinos
para la ejecución, en latín, lo siguiente: "Iesus Nazarenus,
rex iudeorum". Ahora en griego: "Iesous nazarenós, o
basileos tos iudaikatos". Ahora en hebreo: "Jesús de
Nazaret, el rey de los judíos".
Sumo Sacerdote: No, no, no, así no, sino "el que se dice
rey de los judíos".
Pilato: Lo escrito escrito está. Longinos, así todos entenderán
quién muere así.
Longinos: Que preparen la cruz.
Sumo sacerdote: ¡Bravo, hemos ganado! ¡Muera Jesús!
Pueblo: Muera Jesús, muera Jesús, muera Jesús.
SEGUNDA ESTACION: JESUS LLEVA LA CRUZ
1 Corintios 1,18-25.
Longinos: Quiten a Jesús la caña, y la clámide,
y vístanle su túnica. Amárrenles la cruz a los hombros
y cuélguenles el letrero al cuello. Cuatro soldados rodearán
a cada preso. Los demás irán haciendo valla con sus lanzas
para que las multitudes no se acerquen a ellos. Los de a caballo presiden
la caravana y rematan la guardia. Recuerden las normas: soldado que hiera
a muerte a un condenado, o que permita que alguien lo haga, será
responsable de ello ante el Imperio, y pagará incluso con la propia
vida.
Jesús: El que quiera seguirme que se niegue a sí mismo,
que cargue con su cruz de cada día y me siga.
Longinos: Ten, Jesús, un poco de agua con hiel; te hará
bien; estás desangrado, el camino es largo, y hace calor.
Jesús: Dios pague tu caridad, pero tú puedes necesitarlo;
no me prives del dolor necesario para expiar el pecado del mundo. ¿Voy
a decir al Padre: "Líbrame de esta Hora" si para esta
Hora he venido?
Longinos: Al menos un sorbo, para demostrarme que no odias a los paganos.
Jesús: Ni un vaso de agua dado en mi nombre quedará sin
recompensa (prueba, pero no bebe).
Longinos: Conste que yo sólo ejecuto órdenes; no tengo
nada contra tí. Procuraré hacerte sufrir lo menos posible.
Tengo experiencia de sobra en estas ejecuciones. Soldados: nos iremos
por el camino más breve, pues el nazareno podría no resistir.
Sumo Sacerdote: No puedes hacer éso, es ilegal. Las leyes dicen
que los condenados deben ser vistos por toda la ciudad que contaminaron
con sus infamias. Que sea paseado por la ciudad.
Pueblo: ¡Que sea paseado por la ciudad!
TERCERA ESTACION: EL PESO DE LA CRUZ
2 Corintios 4,8-12.
Longinos: Ayuden al reo con la cruz, que ya va arrastrando los pies y
tropezando con frecuencia, está muy débil, trae fiebre,
y el suelo es disparejo, no vaya a caer.
Sumo Sacerdote: La basura se tira al suelo, déjenlo que caiga,
métanle zancadilla.
Longinos: Cuidado, soldados (Jesús cae) Pero ¿qué
están cuidando, soldados estúpidos?
Soldado 1: Lo empujaron y cayó.
Longinos: Como grano de trigo caído en el surco; como el pan de
los hijos tirado a los perros; como un gusano, no un hombre.
CUARTA ESTACION: JESUS Y SU MADRE
Lamentaciones 1,12-22.
Longinos: Dejen pasar a la madre del condenado.
Sumo Sacerdote: Pena de Muerte también para las que parieron criminales.
¡Fuera esa madre!
Pueblo: ¡Fuera esa madre!
Sumo Sacerdote: Que claven también en la cruz el vientre que lo
llevó y los pechos que lo amamantaron.
Pueblo: ¡Fuera esa madre!
Sumo Sacerdote: Limpiemos a Israel de las mujeres que se unen con los
machos cabríos, y de las víboras que parieron demonios.
Pueblo: ¡Fuera esa madre!
María: Hijo mío.
Jesús: Madre, ha llegado la Hora.
QUINTA ESTACION: Simon de Cirene ayuda a Jesús con la cruz
Gálatas 6,2-10.
Longinos: ¡Eh, tú, ven aquí! Sí, no te hagas,
a tí te hablo. Tú estás fuerte, mientras que el condenado
ya no puede seguir. Así que ¡toma la cruz y llévala
hasta la cima!
Cireneo: No puedo, tengo un trabajo pendiente y debo regresar pronto.
Longinos: ¡Es una orden, toma la cruz!
Cireneo: Sería una deshonra para mí ayudar a un delincuente,
y en público. De verdad: no tengo tiempo.
Longinos: ¡Dénle 20 azotes y quítenle sus pertenencias!
Cireneo: Está bien, está bien, ya voy a ayudarle; así
por la buena todos jalamos.
Longinos: ¿Qué estás murmurando entre dientes?
Cireneo: Que ya voy a ayudarle. Pero conste que no tengo que ver nada
con la causa de este ajusticiado ¿está claro? Al cabo, ni
agradecen.
SEXTA ESTACION: VERONICA Y EL ROSTRO DE JESUS
1 Juan 4,7-15.
Verónica: (se abre paso entre los soldados de la valla) Tu rostro
buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.
Jesús: No escondí mi rostro a los insultos y salivazos;
tomé sobre mí los crímenes del mundo.
Verónica: Eres el más bello de los hombres; la imagen viva
del Padre; en tus labios se derrama la gracia.
Jesús: Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán
a Dios (Verónica va limpiando su rostro).
Sumo Sacerdote: Ya saquen esa mujer que nos está entreteniendo.
Esta tarde inicia la gran fiesta de Pascua y urge que mueran antes del
atardecer.
Pueblo: ¡Sáquenla, sáquenla, sáquenla!
Sumo Sacerdote: La lepra a los leprosos; hay que acabar con los cómplices
de los que se burlan de la Ley.
Longinos: ¡Soldados! Saquen a esa mujer.
Verónica: He aquí el rostro del Señor impreso en
mi lienzo. Imprime en mí tus sentimientos.
SEPTIMA ESTACION: LA CRUZ SE HIZO MAS PESADA
Efesios 5,1-6.
Longinos: ¡Soldados, el reo se está tambaleando mucho! ¡Ayúdenlo
para que no caiga! (Jesús cae) ¿Por qué no le detuvieron,
soldados inútiles? ¿Quieren ser premiados luego con castigo?
Soldado 1: No pudimos detenerlo. Parece que le dio un ataque, un síncope.
Soldado 2: Traigan agua para echarle, por si es insolación.
Longinos: Despejen el área para que los curiosos no quiten aire.
Sumo Sacerdote: Se le subió a la cabeza tanta doctrina, y empezó
a tropezar y a caer en el error. Un ciego que se hace guía de ciegos
cae tarde o temprano al hoyo. ¡Muerde el polvo, a ver si es lo mismo!
Pueblo: ¡Que coma tierra!
OCTAVA ESTACION:
LAS MUJERES LLORAN AL ENCONTRAR A JESUS
Colosenses 3,12-16
Mujer 1: ¡Pobrecito de tí, Jesús, mira cómo
te han dejado!
Mujer 2: No hay ninguna esperanza de que logres sobrevivir.
Longinos: Adelante, adelante, avanzando, soldados, no se detengan, soldados,
que se hace tarde.
Soldado 1: Es que el reo se ha detenido frente a unas mujeres.
Longinos: Retiren a esas mujeres.
Soldado 2: Es que entre ellas está la noble Juana, la esposa de
Cusa el administrador de Herodes y otras personas influyentes.
Longinos: Entonces esperen un momento y sean corteses.
Mujer 1: Sin tí nos sentiremos muy solas, Jesús.
Mujer 2: Apenas habíamos hallado la felicidad ¿quién
nos guiará ahora en los problemas?
Soldado 1: ¿Qué se ganan con llorar? Hubieran estado en
el juicio intercediendo por él o poniendo en juego sus influencias.
Mujer 1: ¿Por qué te tratan tan mal, Jesús, si eres
inocente?
Mujer 2: ¿Por qué triunfa la injusticia sobre el bien?
Jesús: Gracias, Juana, Nique, Marcela, Elisa, Lidia, Valeria,
Ana, hijas de Jerusalén, y Jonatán que las acompañas.
No lloren por mí, lloren más bien por ustedes mismas, por
sus pecados y por los de sus hijos, los de los verdugos, los de la ciudad.
Mujer 1: Bebe, Jesús, de esta mirra, que adormece un poco y te
hace sufrir menos.
Jesús: Te agradezco y agradezco a todas. Pero quiero probar la
copa de ira de mi Padre totalmente cuerdo.
Mujer 2: Ahora bendícenos, Jesús, porque sin tí
quedaremos en la maldición.
Jesús: Se equivocan, pues es ahora cuando se manifiesta la gloria
de mi Padre. Bendice a Dios, Juana, por no tener hijos que sufran ésto.
Madres, lloren por sus hijos, porque esta Hora no quedará sin castigo...
¡y qué castigo! Si ésto sucede con el inocente ¿qué
pasará con el culpable? Las madres de aquella hora llorarán
por tener vivos a sus hijos; y será afortunado quien cae bajo los
escombros. Las bendigo.
Longinos: Basta, terminó el permiso, debemos seguir adelante.
Mujeres, ¡háganse a un lado!
Jesús: No lloren por mí, sino más bien por ustedes
mismas y por sus hijos. Si ésto sucede con el árbol verde
¿qué pasará con el seco? Vayan a casa y pidan por
mi obra.
NOVENA ESTACION:
el peso de la cruz se hizo insoportable
Gálatas 5,13-21
Longinos: ¿Ya lo dejaron caer otra vez?
Soldado 1: Y esta vez parece como muerto.
Soldado 2: Es que está ya demasiado débil. Fué mucho
flagelarlo y luego mandarlo a la cruz.
Longinos: Levántenlo, y amárrenle sogas a la cintura para
que le vayan ayudando; la consigna es que llegue vivo hasta el lugar de
la ejecución.
Sumo Sacerdote: No debe morir sino en la Cruz.
Pueblo: Que no muera fuera de la cruz.
DECIMA ESTACION:
LOS SOLDADOS DESPOJAN DE SUS ROPAS A JESUS
Efesios 2,4-16
Longinos: Quiten sus ropas al sentenciado para ajusticiarlo. Recuerden
que si hay algo bueno, es su botín y el pago por su trabajo.
Soldado 1: Túnica hecha a mano, de una sola pieza, ajustada a
su talla ¡Vale la pena conservarla!
Soldado 2: Sin duda que su madre se la tejió con cariño.
Pero dolerá al arrancarla, pues se ha pegado a las heridas y las
volverá a abrir.
Longinos: No importa que se reaviven las heridas, al fin de cuentas,
ya se acerca la hora de la muerte.
Sumo Sacerdote: Quedarán al descubierto tus vergüenzas, maldito
del Altísimo, como Adán y Eva cuando pecaron, y no tendrás
quien te rescate ni te cubra. Como las prostitutas que enseñan
su desvergüenza.
Jesús: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo
volveré a El; bendito sea el nombre del Señor.
Sumo Sacerdote: Todos se avergonzarán al verte y voltearán
el rostro hacia otro lado, porque Dios te ha negado su rostro y mueres
bajo su maldición.
Jesús: Nuestro cuerpo es templo de Dios, y el templo de Dios es
santo. Glorifiquen al Padre con sus cuerpos.
UNDECIMA ESTACION: Jesús, los clavos y la cruz
Filipenses 2,5-11
Longinos: Vamos a empezar el trabajo bueno, y no quiero que ninguno se
atarugue ¿de acuerdo? Uno de ustedes se le monta en la cintura
para evitar que se mueva mucho en las convulsiones que le provocarán
los clavos y le detendrá los brazos. Dos se encargarán de
la mano izquierda: uno la detiene y otro clava el clavo en el sitio que
yo le indique. Los otros dos en el otro brazo. Una vez que terminen, lo
levantaremos hasta darle la altura debida. (Van ejecutando la operación).
Narrador: Una crucifixión era un brutal espectáculo de
carnicería, sangre, blasfemias y gritos. El drama del Calvario
es una tragedia. Jesús se siente tremendamente solo, con el espanto
de quien muere joven, sin ver realizada su obra, odiado, despreciado,
sin compañía, y tremendamente consciente. Cada movimiento
multiplica los dolores de sus manos; el peso de su cuerpo alarga sus heridas;
lucha por enderezarse a tomar aire; el hundimiento del cuerpo produce
asfixia y estertores.
Soldado 1: Tal parece que tu única riqueza son los clavos y el
madero, pues todo te han quitado.
Sumo Sacerdote: ¿No que venías como mesías y salvador
del género humano? ¿Por qué no te salvas?
Fariseo: ¿Ya te abandonó tu padrino Belcebú? Apenas
hace cinco días le pedías que te glorificara ¿por
qué no le recuerdas su promesa?
Sumo Sacerdote: Blasfemo; decía que salvaba a los demás
con la ayuda de Dios, y ahora no puede salvarse a sí mismo.
Soldado 2: Háganse a un lado, nos estorban para levantarlo.
Sumo Sacerdote: Bien dice la Torá: Maldito el que cuelga de un
madero.
Fariseo: Ha puesto su confianza en Dios; si Dios lo ama que lo libere,
pues El mismo decía: soy Hijo de Dios.
Sumo sacerdote: Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo.
A ver, que ese rey de Israel baje ahora de la Cruz y creeremos en él.
Fariseo: ¡Hola! tú que derribas el templo y lo reedificas
en tres días, libérate del suplicio, baja de la cruz si
eres el Hijo de Dios.
Sumo Sacerdote: ¿No sabías que el templo glorioso de Israel
es intocable y por éso estás muriendo?
Fariseo: Loco que destruyes y reconstruyes, baja de la cruz y creeremos
en tí. ¿Quieres que te creamos? Haz el milagro. No puedes
¿verdad? pues tienes las manos clavadas y estás desnudo.
Sumo Sacerdote: Fulmínanos si eres Dios. No te tenemos miedo,
al contrario, mira, te escupimos.
Longinos: Soldados, retiren esa chusma, que no dejan trabajar.
Soldado 1: Cómo molestan esos que sólo vienen a un espectáculo
de morbo y sangre y ni dejan trabajar a gusto.
Soldado 2: Y tres meses después, ni quién se acuerde del
ejecutado.
Soldado 1: Juguemos a los dados ¿por qué no nos sorteamos
la ropa?
Sumo Sacerdote: Cuidado con sus hechicerías, ustedes, los que
tienen sus vestidos, pues dentro está la señal del infierno.
Longinos: A uno le tocan las sandalias del reo; a otro el manto; a otro
el velo de la cabeza; a otro el cinturón de cuero.
Soldado 2: El único problema es la túnica, sin costura,
a su medida, de una sola pieza; sería casi un pecado hacerla pedazos.
Soldado 1: No importa que no sea túnica de rey, echémosla
en suertes, a ver a quién le toca. Echen los dados en el casco
y empecemos.
Soldado 2: Pero alejémonos de la cruz, porque molesta ese maldito
goteo de sangre.
Soldado 1: Una sangre que nunca regresará a sus venas.
Soldado 2: Traigan el vino y celebremos el triunfo, o la derrota.
Longinos: Los demás soldados tienen con el pago que les da el
Imperio. Detengan la gente, que no se arrime.
DUODECIMA ESTACION: JESUS MUERE
EN LA CRUZ
Romanos 8,31-39
ESCENA 1:
Soldado 1: Algo raro encontré en este reo. Los que lo mandaron
a la cruz perdieron la cabeza por el odio acumulado, mientras el condenado
está muy tranquilo.
Soldado 2: Baja, y Roma te pondrá en el Capitolio y te adorará
como una divinidad.
Sumo Sacerdote: ¡Qué dulce es la venganza! Por fin podremos
dormir en paz.
Narrador: Jesús no implora ser quitado de la cruz, ni que se acelere
su muerte, ni la comprensión de sus enemigos o de sus discípulos,
sino el perdón para Anás, Caifás, Judas, los sacerdotes
y escribas, Pilato, y nosotros. Fiel a su enseñanza, no hay rencor
en su corazón, sino amor hasta el extremo. Muere para salvarnos.
Apostó por nosotros cuando podía condenarnos.
Jesús: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.
ESCENA 2:
Narrador: Los ladrones no eran comparsas de un teatro, sino dos fuera
de la ley debatiéndose en la muerte como castigo a sus equivocaciones
pertinaces, rebeldes a unas estructuras injustas, rabiosos contra sí
y contra todo.
Gestas: Maldita la hora en que nací. Maldito el gobernador romano.
Maldita la sociedad hipócrita, enemiga de todos los miserables,
que siempre ha protegido a los ricos y se vuelve contra nosotros. Malditos
todos ustedes. Si pudiera, les daría un golpe con la cruz en la
cabeza, empezando por el centurión.
Dimas: Es muy duro tener que acabar así, Gestas, pero ¿de
que valdrían las leyes sin castigo? Hemos robado, atracado, violado
y agredido, y sufrimos las consecuencias de nuestra impertinencia. De
nada sirve lamentarse; vamos a morir como vivimos. ¿No te dice
nada la dignidad de este profeta de Galilea?
Gestas: ¡Qué esclavo tan despreciable! Si todo lo que se
dice de él es verdad, y hace milagros ¿por qué no
hace una proeza de magia y se libra de la maldita cruz? Camina humildemente
hacia su muerte como un impotente. ¿Así que eres tú
el Cristo? Sálvate a tí mismo y sálvanos a nosotros.
Dimas: ¿No temes tú a Dios estando en el mismo suplicio?
Nosotros lo tenemos merecido; pero él no ha hecho nada malo.
Narrador: Dimas se jugó la última carta al salir de su
tragedia, descubrir la dignidad de Jesús, y la justicia. Sólo
la muerte de un justo puede hacer girar al mundo. Y, por su acto de fe,
Jesús le da su gloria inmediatamente.
Dimas: ¡Jesús, acuérdate de mí cuando llegues
a tu Reino!
Jesús: En verdad, en verdad te digo: Hoy mismo estarás
conmigo en el paraíso.
ESCENA 3:
Narrador: Ha llegado la Hora de Jesús, y reaparece su Madre, pues
tendrá un lugar central en la historia de la salvación.
Jesús la cita al Calvario para encomendarle una nueva misión.
Longinos: Dejen acercar a la madre del ejecutado, con sus acompañantes.
Jesús: Nueva Eva, madre de los vivientes ¡qué huérfano
va a quedar el mundo ahora que me voy! Mujer, ahí tienes a tu hijo.
Discípulo amado, pródigo que vuelves a ser hijo: ahí
tienes a tu Madre. Recíbela en tu casa y cuéntala entre
tus pertenencias íntimas. Tú harás mis veces.
Narrador: María vuelve a sentir su seno estallar de fecundidad,
como en la anunciación. La Muerte de Jesús es agonía
y parto; María nos está dando a luz entre grandes dolores.
ESCENA 4:
Soldado 1: A este reo no lo ha matado la deshidratación.
Jesús: Si conocieras el don de Dios y quién es el que te
pide de beber. ¡Tengo sed! ¡Tengo sed! ¡Tengo sed!
Longinos: Empapen una esponja en vino agridulce y póngansela en
los labios.
Narrador: Con miles de moribundos, Jesús pronuncia esta frase.
Tiene una sed inmensa de nuestra salvación; no se sacia con agua
y vinagre, sino con nuestro cambio de mentalidad y de vida.
ESCENA 5:
Soldado 1: ¡Qué plaga de mosquitos tan molestos! Los atrae
el olor de la sangre y el sudor.
Soldado 2: A ver si se aplacan con los chubascos, pues está nublado
desde el mediodía, hay bochorno y viento frío, y borrascas
de tierra negra.
Narrador: Había anunciado Amós: "Entenebreceré
la tierra en pleno mediodía" (Amós 8,9). Le dolía
hasta el alma el silencio de Dios. La ausencia de su Padre ¿no
es acaso el infierno? Jesús, cargando con los pecados de la humanidad,
es objeto de la ira maldición de Dios, y eso origina angustia y
temor por la propia salvación. Cristo se hizo maldición
por nosotros (Gálatas 3,13), se hizo pecado (2 Corintios 5,21),
Jesús en la cruz se experimenta pecador. Como si sus manos hubieran
acuchillado a inocentes y ametrallado en las catorce mil guerras de la
historia. Como si sus labios hubieran dicho todas las mentiras de la historia,
todas las blasfemias, todos los insultos, y hubieran dado todos los besos
sucios. Como si su corazón fuera un bloque de odios, envidias,
avaricias, incredulidades y crueldad. Y recita el salmo con nosotros pecadores.
Jesús: ¡Ahhhh! ¡Ahhhh!
Soldado 1: ¡Qué raro! sufrió la flagelación
sin gritar; y no ha gritado durante la cruel ejecución.
Soldado 2: Sin duda un gran dolor moral ahora lo atormenta.
Jesús: ¡Eloí, Eloi, lamá sabactaní!
Soldado 1: Parece que llama a Elías ¿quién será?
Soldado 2: Un profeta que vendría antes del juicio. A ver si viene.
Jesús: ¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué
me has abandonado?
ESCENA 6:
Narrador: Morir no es un trágico salto al vacío, sino descansar
en los brazos recios y amorosos de un Padre, dedicado a ser padre, sólo
padre, ante todo padre, sobre todo padre y centralmente padre. Jesús
vino a cumplir la voluntad de su Padre. Jesús tomó la vivencia
de todos los moribundos de la tierra, para devolverla al Padre hecha ofrenda.
Jesús: Todo está cumplido. Padre, en tus manos encomiendo
mi espíritu.
Longinos: Ha muerto Jesús de Nazaret. Inclinando la cabeza, entregó
el espíritu. Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios (se arrodilla).
Soldado 1: Ha llegado la orden de quebrarles los pies a los ajusticiados
para que mueran de asfixia y se echen a la fosa común hoy mismo,
antes de que empiece el gran descanso.
Longinos: Jesús ya está muerto. Démosle la lanzada
de certificación (Le asesta la lanzada).
DECIMOTERCERA ESTACION: MARIA RECIBE EN SUS BRAZOS EL CUERPO DE JESUS
2 Corintios 5,14-21
Longinos: Señor José de Arimatea: ha llegado el permiso
de que disponga del cuerpo del difunto Jesús de Nazaret.
José de Arimatea: ¿Quién nos ayuda? ¿Dónde
están sus doce incondicionales?
Juan: Aquí estoy yo, señor, y nos puede ayudar el rabino
Nicodemo. Entre nosotros y otros voluntarios vamos a irlo bajando. (Ponen
el lienzo al pecho para que caiga el peso, sostenido por dos detrás
de los sobacos, y uno lo sostiene por delante; y van quitando los clavos
y bajando poco a poco el cuerpo. María está sentada en la
piedra a un lado)
José de Arimatea: Debemos darnos prisa, pues en menos de una hora
empieza el descanso de la Pascua.
Juan: Con cuidado, pues ya está tieso el cuerpo después
de tres horas, y se puede descuartizar.
María: Pero ¿dónde lo vamos a sepultar? No tengo
dinero para los gastos ¿quién nos prestará un lugarcito
para dejar a mi Hijo?
José de Arimatea: Tengo un sepulcro nuevo que mandé excavar
para mi familia. Con gusto lo cedo para el Maestro, señora María.
María: Dios se lo ha de pagar, señor. Muchachas, ayúdenme
a lavar sus heridas, consigan agua ¡ojalá tuviéramos
perfumes y mirra para preparar el cadáver!
José de Arimatea: He traído cien libras, si les sirven,
ahí están; pero rápido, inicien la operación,
porque el tiempo vuela (las mujeres toman las ánforas, extienden
en el suelo la síndone, y se rodean, sin tapar la vista al público).
José de Arimatea: Pongan la síndone en el suelo, a lo largo,
y coloquen el cuerpo encima; crucen sus brazos sobre el vientre.
Juan: Véndenle la cabeza para que cierre la boca. Le quedó
abierta y chueca hacia la derecha.
Nicodemo: Unjamos al Mesías salvador, esperando que El nos unja
a nosotros para nacer del agua y del Espíritu.
María: (al estar haciendo las unciones) Hijo, no pude cerrar tus
ojos en tu muerte, pero ahora lo hago, ojos amoratados y desmesuradamente
abiertos. ¡Cómo te han dejado los nuevos hijos que me diste,
Hijo de mi alma! Limpio tu rostro pálido, sangrante, abotagado
y deforme. Limpio y beso tu corazón herido, tus manos y pies perforados.
Acaricio tus manos, que acariciaron a tantas almas. Cómo me duele
la herida de tu costado, donde tu corazón latió de amor
hacia tu Padre y hacia todos los seres humanos. Como tu madre, te doy
mi última bendición; pero tú, como el redentor, bendíceme
ahora a mí.
José de Arimatea: Que la síndone lo cubra a lo largo, por
detrás y por delante. Enseguida, lo envuelven con las vendas como
momia. Y finalmente le colocan el sudario en la cabeza.
Juan: Madre, ha terminado la prueba, la redención se ha realizado.
Cumpliste tu misión de madre de Jesús, concibiéndolo,
alimentándolo, ayudándole en la vida y en la muerte. Fuiste
su fuerza en el dolor, su compañera de viaje, la que oraba por
El en sus largas jornadas. Ahora aquí nos tienes a nosotros (las
mujeres, terminada la operación, se colocan detrás de Juan).
María: Mi Jesús, si mi dolor es útil para la obra
de salvación que viniste a realizar, aquí está, tómalo.
Yo seguiré ahora recibiendo a cada uno de tus seguidores como a
mi hijo, y tendré los mismos cuidados que tuve contigo. Gracias,
Hijo, por invitarme a colaborar contigo.
DECIMOCUARTA ESTACION: LA SEPULTURA DE JESUS
Romanos 6,3-11
Juan: No alcanzamos a preparar bien el cuerpo, pues casi empieza el grande
sábado. Así que no haremos toda la operación; será
algo provisional.
María Magdalena: Nosotras vendremos, en cuanto pase el sábado,
para embalsamar el cuerpo y terminar la operación. Sólo
necesitaremos que unos hombres nos corran la pesada piedra de la entrada.
José de Arimatea: Por lo pronto, colocan su cadáver en
el nicho del fondo de la cueva. Si quieren, pueden dejar en el pórtico,
sobre la loza, los perfumes y mirra que sobraron, para que las mujeres
puedan después continuar con más calma la preparación
del cuerpo.
Sumo Sacerdote: Señoras y señores, desalojen por favor
el lugar, porque las autoridades judías y romanas clausurarán
la tumba. ¿A poco creen que será fácil robarse el
cadáver y luego afirmar que resucitó? ¡Se equivocan!
Soldado 1: Por orden del poder judicial imperial, rueden la piedra de
la entrada del sepulcro, y los soldados colocarán los sellos imperiales.
Quien se atreva a violarlos, será reo del Imperio. Ha hablado Roma
imperial.
DECIMOQUINTA ESTACION:
LA RESURRECCION DE JESUS
1 Corintios 15,20-23
Soldado 1: (Con las lanzas cruzadas en X sobre la puerta de la tumba)
Lo que es la vida. Este hombre se desgastó por sus ideales, las
autoridades le temieron, originó un gran movimiento de renovación
espiritual. Pero mira dónde terminó. No somos nada.
Soldado 2: Somos una frágil caña que puede desbaratarse
en cualquier momento.
Soldado 1: No sé por qué nos tienen todavía aquí,
pues ni modo que los muertos se levanten.
Soldado 2: Esos judíos parece que les tienen miedo hasta a los
muertos.
Soldado 1: ¡Qué ganarían sus discípulos con
robar el cuerpo, si está muerto!
Soldado 2: No se animan ¿dónde estaban cuando la ejecución?
Escondidos y temblando ¿de dónde van a sacar valor?
Soldado 1: ¿Y quién podría creerles el cuento de
que no murió, si todos los vimos? Sucedió en la gran fiesta
nacional de los judíos y en plena capital.
Soldado 2: Peor todavía si salen con el cuento de que resucitó.
Es cierto que deseamos tener vida eterna, pero, hagámonos el ánimo,
con la muerte todo termina.
Soldado 1: Cuando los poetas hablan de resurrección, están
usando un símbolo para decir que, con esperanza, podemos volver
a empezar; pero vivos, no muertos.
Soldado 2: Y aunque sus discípulos dijeran que está vivo
¿quién lo supliría para seguir el engaño?
Soldado 1: Imposible que ese cuerpo tan destrozado que derramó
hasta el agua de las venas o del corazón vuelva a tener vida.
Soldado 2: Hasta tieso estaba. Se murió primero que los otros
dos. No sé por qué tienen tanto miedo.
Soldado 1: Parece que había prometido que resucitaría al
tercer día.
Soldado 2: Ni siquiera pudo librarse de una muerte injusta y vergonzosa
¿qué poderes va a tener después de muerto?
Soldado 1: ¿Y que tal si en verdad fuera un dios?
Soldado 2: Olvídalo. Los dioses no se rebajan a este grado, ellos
son unos egoístas que sólo buscan su felicidad y juegan
con nosotros.
Soldado 1: Es cierto. Podemos dormir tranquilos, o hasta irnos a pasear.
Falta mucho para el cambio de guardia.
Soldado 2: No, ya sabes los terribles castigos que en la milicia romana
se da a los infractores. Ser desertor es ser hombre muerto.
Soldado 1: Y lo peor: tener luego que enfrentarse con las autoridades
romanas y judías.
Soldado 2: ¡La piedra se está moviendo!
(Rueda la piedra, sale Cristo resucitado, los soldados caen lejos asustados,
y el ángel se coloca a un lado).
Angel: No está aquí. Ha resucitado. Los encontrará
en todos los caminos de la vida. No busquen entre los muertos al que está
vivo. Cristo ha resucitado.
Pascua Juvenil
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