TEMA.
PENTECOSTÉS:
COMIENZA LA MISIÓN DE LA IGLESIA
1. En el Decreto conciliar Ad gentes sobre la actividad misionera de
la Iglesia, encontramos ligados el acontecimiento de Pentecostés
y la puesta en marcha de la Iglesia en la historia: "El día
de Pentecostés (el Espíritu Santo) descendió sobre
los discípulos". Fue en Pentecostés cuando empezaron
los ¡hechos de los Apóstoles! (Ad gentes, 4). Por tanto,
si desde el momento de su nacimiento, saliendo al mundo el día
de Pentecostés, la Iglesia se manifestó como "misionera",
esto sucedió por obra de Espíritu Santo. Y podemos enseguida
añadir que la Iglesia permanece siempre así:
Permanece "en estado demisión" (instatui-nissionis).
El carácter misionero de la Iglesia pertenece a su misma esencia,
es una propiedad constitutiva de la Iglesia de Cristo, porque el Espíritu
Santo la hizo "misionera" desde el momento de su nacimiento.
2. El análisis del texto de los Hechos de los Apóstoles
que narra el acontecimiento de Pentecostés (Hech 2, 1 ss) nos permite
captar la verdad de esta afirmación conciliar, que pertenece al
patrimonio común de la iglesia.
Sabemos que los Apóstoles y los demás discípulos
reunidos con María en el Cenáculo, tras haber escuchado
"un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, vieron
bajar sobre sí unas lenguas como de fuego" (Cfr. Hech. 2,2-3).
En la tradición judía el fuego era signo de una especial
manifestación de Dios que hablaba para instruir, guiar y salvar
a su pueblo. El recuerdo de la experiencia maravillosa del Sinaí,
se mantenía vivo en el alma de Israel y lo disponía a entender
el significado de las nuevas comunicaciones contenidas bajo aquel simbolismo,
como sabemos también por el Talmud de Jerusalén (Cfr. Hag
2, 77 b, 32; cfr. también el Midrash Rabbah 5, 9, sobre Ex 4,27).
La misma tradición judía había preparado a los Apóstoles
para comprender que las " lenguas" significaban la misión
del anuncio, de testimonio, de predicación, que Jesús mismo
les había encargado, mientras el "fuego" estaba en relación
no sólo con la Ley de Dios, que Jesús había confirmado
y completado, sino también con El mismo, con su persona y su vida,
con su muerte y su resurrección, ya que El era la nueva Toráh
para proponer al mundo. Y bajo la acción del Espíritu Santo
las "lenguas de fuego" se convirtieron en palabra en los labios
de los Apóstoles: "Quedaron todos llenos del Espíritu
Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas según el Espíritu
les concedía expresarse" (Hech. 2, 4).
3. Ya en la historia del Antiguo Testamento se habían realizado
dos manifestaciones análogas, en las que se había dado el
espíritu del Señor para un hablar profético (Cfr.
Miq 3, 8; Is 6 1, 1; Za 7, 12; Neh 9, 30). Isaías había
visto un serafín que se acercaba teniendo en la mano "una
brasa que con las tenazas había tomado de sobre el altar"
y con ella le tocaba los labios para purificarlo de toda iniquidad antes
de que el Señor le confiase la misión de hablar a su pueblo
(Cfr. Is 6, 6-9 ss.). Los Apóstoles conocían este simbolismo
tradicional y por ello eran capaces de captar el sentido de lo que sucedía
en ellos ese día de Pentecostés, como atestigua pedro en
su primer discurso vinculando el don de las lenguas con la profecía
de Joel acerca de la futura efusión del espíritu divino
que debía capacitar a los discípulos para profetizar (Hech
2, 17 ss.; Cfr. Jl 3, 1-5).
4. Con la "lengua de fuego" (Hech 2, 3) cada uno de los Apóstoles
recibió el don multiforme del Espíritu, como los siervos
de la parábola evangélica que habían recibido todos
un cierto número de talentos para hacer fructificar (Cfr. Mt 25,
14 ss.): y aquella "lengua" era un signo de la conciencia que
los Apóstoles poseían y mantenían viva acerca cerca
del compromiso misionero al que habían sido llamados y al que se
habían consagrado. En efecto, apenas estuvieron y se sintieron
"llenos de¡ Espíritu Santo, se pusieron a hablar en
otras lenguas, "según el Espíritu les concedía
expresarse". Su poder venía del Espíritu, Y ellos ponían
en práctica la consigna bajo el impulso interior recibido desde
arriba.
5. Esto sucedió en el Cenáculo, pero enseguida el anuncio
misionero y el regalo, o don de las lenguas, traspasaron las paredes de
aquella habitación. Y entonces se verificaron los acontecimientos
extraordinarios, descritos por los Hechos de los Apóstoles. Ante
todo la grandeza que expresaban las palabras pertenecientes a una multiplicidad
de lenguas y razas para cantar las alabanzas de Dios (Cfr. Hech 2, 1 l).
La muchedumbre, atraída por el fragor y asombrada por aquel hecho,
estaba compuesta, es verdad, por "judíos observantes"
que se encontraban en Jerusalén con ocasión de la fiesta,
pero pertenecían a "todas las naciones que hay bajo el cielo"
(Hech 2. 5) y hablaban las lenguas de los pueblos en los que se habían
integrado bajo el aspecto civil y administrativo, aunque étnicamente
habían permanecido a los judíos.
Ahora bien, aquella muchedumbre, reunida en torno a los Apóstoles,
"se llenó de estupor al oírles hablar cada uno en su
propia lengua". Estupefactos y admirados decían: "¿Es
que no son galileos todos estos que están hablando? Pues ¿cómo
cada uno de nosotros les oímos en nuestra propia lengua nativa?"
(Hech 2,6-8). En este momento Lucas no duda en dibujar una especie de
mapa del mundo mediterráneo del que procedían aquellos "judíos
observantes", casi para oponer aquella ecumene de los convertidos
a Cristo a la Babel de las lenguas y de los pueblos descrita en el Génesis
(1, 1-9), sin dejar de nombrar junto a los demás a los "forasteros
de Roma": "Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia,
Judea, Capadocia, el Ponto, Asia, Frigia, Panfilia, Egipto, la parte de
Libia fronteriza con Cirene, forasteros romanos, judíos y prosélitos,
cretenses y árabes" (Hech 2, 9-1l ). A todos esos Lucas, casi
reviviendo el hecho acontecido en Jerusalén y transmitido en la
primera tradición cristiana, pone en su boca las palabras: "les
oímos (a los Apóstoles, galileos de origen) hablar en nuestra
lengua las maravillas de Dios" (Hech 2,1 l).
6. El acontecimiento de ese día fue ciertamente misterioso, pero
también muy significativo. En él podemos descubrir un signo
de la universalidad del cristianismo y del carácter misionero de
la Iglesia: el hagiógrafo nos la presenta consciente de que el
mensaje está destinado a los hombres de todas las naciones. En
virtud del Espíritu Santo, por su venida, también se ha
cumplido la oración de Jesús en el cenáculo: "Padre,
ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique
a ti. Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé
también vida eterna a todos los que tú le has dado"
(Jn 1 7, 1-2).
Jesucristo, en el misterio pascual, es el artífice de esta vida.
El Espíritu Santo "da" esta vida, tornando de la redención
obrada por Cristo "recibirá de lo mío", (Jn 16,
14). Jesús mismo había dicho: "El espíritu es
el que da vida" (Jn 6, 63). San Pablo, de la misma manera, proclama
que "la lengua mata, más el Espíritu da vida"
(2 Cor 3, 6). En Pentecostés brilla la verdad que profesa la Iglesia
con las palabras del Símbolo; "Creo en el Espíritu
Santo, Señor y Dador de vida". Junto con la Pascua, Pentecostés
constituye el coronamiento de la economía salvífica de la
Trinidad divina en la historia humana.
7. Más aún: los primeros que experimentaron los frutos
de la resurrección de Cristo el día de Pentecostés
fueron los Apóstoles, reunidos en el Cenáculo de Jerusalén
en compañía de María, la Madre de Jesús, y
otros "discípulos" del Señor, hombres y mujeres.
Para ellos Pentecostés es el día de la resurrección,
es decir, de la nueva vida, en el Espíritu Santo. Es una resurrección
espiritual que podemos contemplar a través del proceso realizado
en los apóstoles en el curso de todos esos días: desde el
viernes de la Pasión de Cristo, pasando por el día de Pascua,
hasta el de Pentecostés. El prendimiento del Maestro y su muerte
en cruz fueron para ellos un golpe terrible, del que tardaron en reponerse.
Así se explica que la noticia de la resurrección, e incluso
el encuentro con el Resucitado, hallasen en ellos dificultades y resistencias.
Los Evangelios lo advierten en muchas ocasiones: "no creyeron"
(Mt. 16, 1 l), "dudaron" (Mt 28,17). Jesús mismo se lo
reprochó dulcemente: "¿Por qué os turbáis,
y porqué se suscitan dudas en vuestro corazón?" (Lev.
24, 3-8). Él trataba de convencerlos acerca de su identidad, demostrándoles
que no era "un fantasma", sino que tenía "carne
y hueso" Con este fin consumió incluso alimentos bajo sus
ojos (Cfr. Le 24, 37-43).
El acontecimiento de Pentecostés impulsa a los discípulos
a superar definitivamente esta actitud de desconfianza: la verdad de la
resurrección de Cristo penetra plenamente en sus mentes y conquista
su voluntad. Entonces de verdad "de su seno corrieron ríos
de agua viva" (Cfr. Jn. 7,39), como había predicho de forma
figurativa Jesús mismo hablando del Espíritu Santo.
Por obra del Paráclíto, los apóstoles y los demás
discípulos se transformaron en "hombres pascuales"; creyentes
y testigos de la resurrección de Cristo. Hicieron suya, sin reservas,
la verdad de tal acontecimiento decisivo y cantaron desde aquel día
de Pentecostés "las maravillas de Dio" (Hech. 2,1 l).
Fueron capacitados desde dentro; el Espíritu Santo obró
su transformación interior, con la fuerza de la nueva vida",
la que Cristo recuperó en su resurrección y ahora infundió
por medio del "nuevo Paráclito"en sus seguidores. Se
puede aplicar a esa transformación lo que Isaías había
predicho con lenguaje figurado: "Al fin será derramado desde
arriba un espíritu; se hará la estepa, un vergel, y el vergel
será considerado como selva" (ls 32, 15). Verdaderamente brilla
en Pentecostés la verdad evangélica; "Dios no es Dios
de muertos, sino de vivos" (Mt 22, 32), "porque para él
todos viven" (Lev. 20,38).
8. La teofanía de Pentecostés abre a todos los hombres
la perspectiva de la "novedad de vida". Aquel acontecimiento
es el inicio del nuevo "donarse" de Dios a la humanidad, y a
los apóstoles son el signo y la prenda no sólo del "nuevo
Israel", sino también de la "nueva creación"
realizada por obra del misterio pascual. Como escribe San Pablo; "la
obra de justicia de uno solo procura toda la justificación que
da la vida, Donde abundó el pecado, sobre abundó la gracia"
(Rom. 5, 18.20). Y esta victoria de la vida sobre la muerte, de la gracia
sobre el pecado, lograda por Cristo, obra en la humanidad mediante el
Espíritu Santo. Por medio de Él fructifica en los corazones
el misterio de la redención (Cfr. Rom 5, 5; Gal 5, 22). Pentecostés
es el inicio del proceso de renovación espiritual, que realiza
la economía de la salvación en su dimensión histórica
y escatológico, proyectándose sobre todo lo creado.
9. En la Encíclica sobre el Espíritu Santo "Dominum
el Vivificawem", se lee; "Pentecostés, es un nuevo inicio
en relación con el primero, inicio originario de la donación
salvífica de Dios, que se identifica con el misterio de la creación".
Así leemos ya en las primeras páginas del libro del Génesis:
"En el principio creó Dios los cielos y la tierra", y
el Espíritu de Dios (ruah Elohim) aleteaba por encima de las aguas"
(1, 1 ss.). Este pasaje bíblico de creación conforma no
sólo la llamada del ser mismo del cosmos a la existencia, es decir,
el dar la existencia, sino también la presencia del Espíritu
de Dios en la creación", sea el inicio de la comunicación
salvífica de Dios a las cosas que crea.
HORARIO:
10:00 am. Bienvenida y ambientación.
10:30 am Dinámica de integración.
11:00 am Tema: (Pentecostés, comienza la misión de la Iglesia).
11:45 am Receso.
12:00 pm Eucaristía.
01:15 pm Dinámica.
01:45 pm Descanso y preparación para la comida.
03:00 pm Tema compromiso; (Eucaristía, impulso para la misión)
03:45 pm Despedida de los muchachos.
04:00 pm Evaluación del retiro.
GENERALIDADES:
Se recomienda un salón amplio y que cuente con servicio sanitario,
así como una buena ventilación.
Para el escenario, se recomienda, una pintura en manta sobre el Pentecostés,
para dar más centralidad al retiro, así como un sonido que
se escuche claro y fuerte. De igual manera, las suficientes sillas para
los asistentes y su respectivo material - cuaderno, lápiz, gafete
etc.- prever agua purificada, publicidad, y de ser preciso, solicitudes.
Para los temas, se recomienda buscar un buen orador, para que deje el
mensaje lo más claro posible, -de preferencia un presbítero-
quien debe transmitir el mensaje de manera muy amena.
En cuanto a las dinámicas, las pueden realizar los mismos integrantes
del equipo de servicio quienes deben prever el material necesario para
su realización.
Se recomienda, buscar un lugar agradable para compartir los alimentos,
para lo cual no se debe infringir la bendición de los alimentos.
Se debe prever lo necesario para la celebración eucarística,
lo cual corresponde al equipo de liturgia. Se recomienda buscar también,
cantos adecuados a lo que se celebra.
SENTIDO DEL DÍA.
Tiene lugar este acontecimiento, cincuenta días después
de la resurrección del Señor, de allí su nombre;
"Pentecostés".
Lo central de esta fiesta, es la venida inesperada del Espíritu
Santo sobre los apóstoles, quienes reciben los dones que éste
otorga de parte del Señor, a los que le sirven. De igual manera,
la preparación para recibirlo también nosotros, quienes
somos su discípulos por el Bautismo.
Tiene un sentido de alegría, de júbilo, de misión
y de total entrega al servicio del Reino, quienes estamos capacitados
para su expansión por el mismo Bautismo. No debemos olvidar que
a cada uno se nos entregó un don específico cuando fuimos
bautizados, buscando ponerlo al servicio de la comunidad y del mismo prójimo.
CELEBRACION PARA PENTECOSTES
a) Cirio pascual en el centro.
b) El ambón bien destacado y adornado con flores.
c) En esta celebración intervienen muchas personas: Presidente,
monitor, lectores, apóstoles y María.
CATEQUESIS:
Dinámica de Pentecostés:
La gran realidad es que el Siervo ha resucitado y ha sido constituido
Señor que nos comunica el Espíritu y el que lo acoge se
hace una cosa con Cristo. Todos vienen a ser miembros de un solo Cuerpo
con Cristo, cada miembro con su función propia (pluralismo) pero
todo para bien del único Cuerpo (Cor. 12). Este Cuerpo es la Iglesia.
Su dinámica es la unidad con y a través de la libertad de
cada uno (único y distinto) con la fuerza del Espíritu.
La dinámica es libremente acoger el Espíritu y libremente
seguir su impulso que es entrega y servicio a todos, es mirar al otro
y hablar el idioma del otro, expresando así las maravillas de Dios,
que es Amor, en su idioma. Es amar a todos, preocuparse por los demás,
hablando así todos los idiomas. Así se forma la comunidad
creyente a la que se entra por el bautismo (cf. [Hch 2,38) y que celebra
la Eucaristía, la acción de gracias. Comunidad en la que
se quieren unos a otros y no hay pobres entre ellos (cf. Hch 2, 42-47).
La dinámica es pues entregarse a todos y por todos hasta la muerte,
sin acepción de personas, invitando a vivir la comunión
con Dios y con los demás, en la que todo es para todos y donde
no sólo no haya peligro a despojar o atropellar a los demás,
sino que el pobre y el oprimido son los que son especialmente tomados
en cuenta.
No podemos olvidar que la persona humana que existe, lo sepa o no lo sepa,
lo quiera o no o lo quiera, ha sido creada para ser feliz en la comunión
con Dios y con los demás. Desde lo más profundo de sus entrañas
tendrá siempre una fuerza de gravedad hacia el amor auténtico,
esto es, hacia el Amor, Dios mismo.
Es verdad que la comunidad humana, por grandes que sean los esfuerzos
de cada uno de sus miembros y de toda ella en su conjunto, jamás
podrá comunicar el Espíritu Santo, por lo que nunca podrá,
por si sola, construir la Comunión de los Santos, pero sí
puede organizarse esa comunidad de modo que no sólo se rechacen
los atropellos de unos hacia los otros sino que, más aún,
se busque el encuentro y apertura de cada uno hacia los demás en
actitud fraterna y solidaria.
La Iglesia, al conocer el sentido último de la persona humana y
de su vida y al tener la tarea de anunciar y comenzar a construir la convivencia
según ello por todas partes viene a ser fermento del mundo y va
afirmando a la misma persona en el sentido profundo de su dignidad y ayudando
cada día a la actividad de la sociedad humana en dirección
a la convivencia fraterna y solidaria.
MONITOR:
La celebración de Pentecostés, es culminación del
tiempo pascual. Jesús resucitado deja su Espíritu y la iglesia
naciente inicia una etapa nueva, continuando la obra emprendida por su
Señor.
Pentecostés no es una fiesta aislada. La Pascua dura cincuenta
días. Pentecostés es la plenitud del tiempo; es el don de
Jesús a los suyos; es tomar conciencia de la comunidad de creyentes
que somos por la fuerza del Espíritu. En este Momento de gozo,
María también tiene un sitio. Estaba allí, reunida
con los apóstoles, asistiendo al nacimiento de la Iglesia...
1. CANTO: " Veni Sancte Spírítus"
2. PROCESIÓN.
Mientras se canta, entra alguien con un cirio, otra con la Biblia el cual
coloca en el ambón.
3. SALUDO.
PRESIDENTE.- Bienvenidos a esta celebración de de Pentecostés.
Que el amor de Dios Padre, la paz del Señor Resucitado y la fuerza
del Espíritu estén con todos ustedes.
ASAMBLEA.- Y con tu espíritu.
PRESIDENTE.- Los invito a presentarnos ante nuestro Dios tal como cada
uno es y está en este momento. Permanecemos unos instantes en silencio.
Nuestra oración es sencillamente nuestra postura. Si el corazón
tiene algo que decir, que lo diga. De lo contrario, que hable nuestro
silencio.
Tiempo de silencio y oración. Música de fondo suave mientras
dura el gesto. Después el Presidente continúa.
Señor, tú que fecundas la creación entera con tu
aliento de vida: santifica a los que formamos tu Iglesia con el fuego
que tu Hijo ha dejado prendido en la tierra.
Concede la unidad de corazón a quienes vivimos de una misma fe,
para que al unirnos podamos alabarte como la única fuente de la
que manan todos los dones.
Concédenos, adentrarnos en el silencio y en la oración para
recibir en nosotros con docilidad y alegría la fuerza del Espíritu
de tu Hijo que hoy, como un nuevo Pentecostés, quiere derramarse
sobre nosotros.
4. MONICIÓN.
Para entrar en el sentido de Pentecostés tenemos que recorrer algunos
pasajes bíblicos. El soplo de Dios al inicio de todo; la historia
de la salvación y de la confusión -Babel-; el hecho del
Pentecostés del Nuevo Testamento.
5. LECTURAS.
Lectura del libro del Génesis 2,7.
"Entonces el Señor Dios modeló al hombre de arcilla
del suelo, sopló en su nariz aliento de vida, y el hombre se convirtió
en ser vivo".
LECTURA del libro del Génesis 11, 1 -9.
El mundo entero hablaba una misma lengua con las mismas palabras. Al emigrar
de oriente, encontraron una llanura en el país de cenar, y se establecieron
allí. Y se dijeron unos a otros: "Vamos a preparar ladrillos
y a cocerlos" (emplearon ladrillos en vez de piedras y alquitrán
en vez de cemento).
Y dijeron: "Vamos a construir una ciudad y una torre que alcance
al cielo para hacernos famosos y para no dispersarnos por la superficie
de la tierra".
El Señor bajó a ver la ciudad y la torre que estaban construyendo
los hombres, y se dijo: "Son un solo pueblo con una sola lengua.
Si esto no es más que el comienzo de su actividad, nada de lo que
decidan hacer les resultará imposible. Vamos a bajar y a confundir
su lengua, de modo que uno no entienda la lengua del prójimo".
El Señor los dispersó por la superficie de la tierra y dejaron
de construir la ciudad. Por eso se llama Babel, porque allí confundió
el Señor la lengua de toda la tierra, y desde allí los dispersó
por la superficie de la tierra.
Mientras se escucha, se construye la torre de Babel.
(Lo presenta y explica el Presidente o el monitor)
Babel es confusión, es una torre, un muro de separación.
Babel es no entenderse. Una experiencia que tenemos muy a menudo, aunque
hablemos la misma lengua materialmente, no nos entendemos.
Allí tienes una torre. Si quieres, te levantas, vas a la torre,
te pones alrededor de ella y reconoces tu dificultad para comprender y
tus barreras para ser comprendido.
Si en un momento ves que hay otro a tu lado, le tiendes la mano; si te
la da, la tomas para formar un pueblo que quiera caminar por la llanura,
sin subirse a la torre de la soberbia, con sencillez... Si somos varios
y logramos formar un pueblo nuevo, sin Babel, comenzaremos a caminar de
manera nueva.
Tiempo para que la asamblea realice el gesto. No acelerar, tampoco alargar
tanto que se produzcan momentos muertos. Bueno será que quien hizo
la invitación recuerde lo fundamental del gesto de vez en cuando,
mientras se lleva a cabo', si es necesario. Es una forma de animar a entrar
en él y realizarlo.
Cuando se vaya formando un grupo con las manos unidas, comienza a entonarse
un canto oportuno: "Espíritu Santo, ven, ven." U otro
de ocasión que el grupo conozca. No importa si se repite varias
veces.
Terminado el canto, el monitor invita a los que están alrededor
de la torre o a acercarse al lugar de la Palabra y rodearla.
Se escucha el "Aleluya". En ese momento, se toman lámparas
encendidas en las manos y hace una corona en torno al ambón donde
se proclama la Palabra. Lo bonito sería que mantuvieran las lámparas
en alto todo el tiempo.
LECTURA del libro de los Hechos de los Apóstoles 2,1-4.
"Al llenar el día de Pentecostés estaban todos reunidos
en el mismo lugar. De repente un ruido del cielo, como de viento recio,
resonó en toda la casa donde se encontraban, y vieron aparecer
unas lenguas como de fuego que se repartían posándose encima
de cada uno. Se llenaron de Espíritu Santo., y empezaron a hablaren
diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía
expresarse".
(Permanecen unos instantes las lámparas encendidas en alto).
Momento de reflexión dirigida: (Cada uno que tome un lugar cómodo:
se les da hojas y papel para ir escribiendo)
- ¿Te encuentras representado en los hombres y mujeres que iniciaron
la construcción de Babel 'Eran hombres y mujeres que quisieron
unir todo su saber y poder para " ser como dioses", para llegar
el los al cielo ". Quisieron sumar su autosuficiencia y prescindir
de Dios. Pero la misma autosuficiencia los dispersó, les hizo extraños,
extranjeros, hablando lenguas distintas, buscando cada uno su propio y
personal mejoramiento. Y de la autosuficiencia nació un nuevo caos,
nuevas barreras. Nadie se entendía.
- Da sentido, desde tu realidad, a elementos como torre, ladrillos, hacerse
famoso... ¿Cómo hoy nosotros seguimos haciendo babeles y
utilizando "cosas "para construir nuestra "torre"?
- En sinceridad, reconoce en qué torres de Babel participas o colaboras,
o qué torres te invitan a construir...
- Haz la 1ista de las personas que no entiendes, de aquellas personas
o instituciones que son para ti incomprensibles y que te sumergen en un
caos...
Lo escrito se coloca en una caja junto a la torre y se enciende la torre
de Babel, (mientras se dejan las papeletas y se consume con el fuego la
torre se hacen algunos cantos)
MI PENTECOSTES.
- Mira tu pasado y presente. Reconoce y trata de leer en ellos momentos
que se parezcan al Pentecostés que los Hechos de los Apóstoles
nos describen.
- Grita desde el fondo de tu corazón: Lléname de tu Espíritu,
Señor Llénanos de tu Espíritu, Señor
- Posiblemente se te ocurre hacer algo ahora aquí, o decir en voz
alta una palabra, o gritar, o proclamar, ¡Hazlo! Sé libre.
SIGNO: Con una inscripción sostenida por dos personas: En lo más
íntimo de cada uno de nosotros, hay está la fuerza de Dios,
su Espíritu, que nos revela los secretos de Dios.
PADRENUESTRO.
PRESIDENTE.- Recitar el Padre nuestro es un signo de la presencia del
Espíritu en medio de la comunidad y en cada uno de nuestros corazones.
Es el Espíritu de la unidad, comunión, paz. Recordemos:
"Nadie puede decir Jesús es Señor sin la fuerza del
Espíritu". Por este Espíritu que reza en nosotros;
nosotros podemos rezar: Padre nuestro.
GESTO DE COMUNIÓN.
Como un gesto de nuestro deseo de superar la dispersión, la división
y con el deseo de vivir la comunión, (un abrazo). Presidente: Demos
gracias Todos: Amen
Pascua Juvenil
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